Literatura & Psicología
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14.1.16

Matrioskas

Publicado en La Razón, Tampico, Tamaulipas, viernes 14 de enero de 2016

Seguramente has visto estas muñequitas rusas, que son pequeñas cajitas de madera, una dentro de otra dentro de otra, como las capas de una cebolla, que nos dan por un momento la sensación de infinito. Para ser franca, no las conocía más que en películas. Pero heme aquí, que comienzo este 2016 pintando una serie de matrioskas para una exposición en Venecia.

La palabra matrioska deriva de “matrona” y es un juguete popular en Rusia, un país que había resultado lejano y extraño para mí, hasta ahora. He atendido, pues, a una nueva convocatoria de Progetto 7Lune, promovida por la poeta italiana Silvia Favaretto, para representar a través de estas muñecas a mujeres latinoamericanas. Desde que estuve esperando mis siete muñequitas que vendrían de Rusia (haciendo escala en Guadalajara) comencé a generar sensaciones: estaban viajando, para mí, desde aquella tierra donde es otra la lengua y otro el resplandor de los amaneceres y otro el filtro de la mirada para contemplar esto que llamamos realidad.  

Tenerlas por fin en mis manos, con la madera virgen, en espera de que yo les pusiera un rostro, me hizo volver a esas preguntas simples y primitivas de quién soy, quiénes he sido, a qué otras contengo dentro de mí y quiénes me han contenido. Decidí representar a las mujeres de mi familia por vía materna: la matrioska más grande sería mi abuela, de allí seguirían mi madre, mi hermana mayor, yo, mis dos hijitas y el fruto futuro, la que no ha nacido, la que aún no tiene forma ni cara ni nombre y es solo esperanza de continuidad. 

Elegí pintar algunos motivos relacionados con la Huasteca, por ejemplo, adorné el rebozo de la abuela con un mapache y un loro, animalitos que después reflexionaría con Silvia, no existen en Venecia, por lo que sentí que sería como darles a los italianos que vayan a las exposiciones la oportunidad de asomarse tantito a nuestra tierra y a nosotros, como mexicanos, la pequeña aventura de estar allí simbólicamente.
La tarea de ir pintando a mano cada mujer que contendría en su interior a la siguiente, fue verdaderamente milagroso, porque me hizo acercarme a mis mujeres amadas de una forma inédita: las estaba recreando, dando a sus cuerpos un rasgo de identidad y, por ende, me reconstruía a mí misma. Llegué a pensar que quizá a todas las mujeres, artistas profesionales, diletantes, y hasta quienes nada saben de pintura, se beneficiarían emocionalmente al decorar al menos una vez en su vida unas matrioskas. Claro, también los varones pueden hacer este proceso de reconocimiento, pero considero que en nosotras, por nuestra capacidad biológica de contener literalmente a otro dentro de nuestro cuerpo, este ejercicio resulta especialmente significativo y suscita reflexiones relacionadas con los ciclos vitales, el tiempo y la naturaleza.

Por último, pensé en los viajes intercontinentales a los que han estado destinadas mis matrioskas y eso me hace sentir que el mundo es también una cajita que contiene países, que contienen gente que contiene otros mundos.






Mi eterna gratitud a Progetto 7Lune, a Silvia Favaretto, por coordinar, creer, amar, dar de sí; a Daniele Rubin, por su apoyo invaluable tras bambalinas; a Sarah Grimaldi, presente siempre en los eventos, irradiando alegría, luz y solidaridad, y a Carmen Parada, por su apoyo desde la ciudad de Guadalajara para consolidar este proyecto; a todas las hermosas mujeres artistas y al caballero que se sumó a la iniciativa. Y gracias también a toda esa gente bella en Italia que engalana con su presencia cada evento. 

31.12.15

El canibalismo del tiempo

Publicado en La Razon, diciembre de 2015

Esto no es un simple buen deseo de temporada decembrina. Esto es una confesión, una forma de decir gracias y al mismo tiempo decir discúlpenme. Gracias porque a pesar de que, con los años, esta columna se ha vuelto itinerante (mudándose de días como un barco de puerto), no he dejado de ser acogida con hospitalidad en estas páginas ni de ser albergada entre rostros y manos. Con frecuencia recibo comentarios y referencias de gente bienintencionada que alguna frase valiosa se ha encontrado por aquí; discúlpenme porque a menudo el tiempo me ha atrapado en su salvaje canibalismo y no he aterrizado todos los temas que me pasan por la mente ni profundizado en otros tanto como quisiera.

Este ha sido, para mí al menos, un año de oscuridad, de aprendizaje duro, porque he perdido seres amados y he llorado ante revelaciones personales que me han mostrado, a veces, el lado menos agradable de la vida. Pero con todos estos reveses también he reafirmado la bendición de tener amigos, de tener familia y de tener lectores, claro, pues ¿no es más sabrosa la escritura cuando hay otro que me reverbera?

En mi oficio cotidiano me he acostumbrado a halar los bordes elásticos de los minutos, para que en ellos sea posible hacer libros, abrazar niños, escarbarme el alma, dibujar al carbón, caminar calles interminables y esperar paquetes que llegan desde países lejanos y fríos hasta mi puerta.

Pero he aquí que el señor Cronos suele ser despiadado, se devora a sí mismo, segundo a segundo, y cuando llegan esos instantes raros y mágicos en los que aparentemente saciado pausa sus pasos y yo me siento frente a la mesa, con la tranquilidad de los deberes cumplidos, con todas las deudas pagadas y con la casa en completa calma, ¡zaz!, se me rompe el cargador de mi laptop, se despierta a gritos un bebé, o arriban felices y cantarinos los virus a hacer de las suyas en mi nariz. Supongo que esta es la sal de mi existencia, la búsqueda continua de ese estado de perfecta quietud imposible.

Finalmente, dentro de esta madeja de horas me reconozco humana, simple, imperfecta, esquivando apenas las fauces del hambriento predador cósmico para escribir esta columna, cada vez con el anhelo de que la próxima ocasión lo haré con “más tiempo”.

Por ahora quiero hacer a un lado la tristeza de los malos días y la justificada ira por las injusticias, los duelos, las falsedades, no  porque dejen de importarme sino porque necesito darle también espacio a la esperanza, a la gratitud y a la belleza. 

Así sea, para ti y para mí.

10.12.15

Críticos y editores

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas, viernes 27 de noviembre de 2015.

Todos hemos oído ese viejo cliché de que un crítico es alguien frustrado en aquello que critica; por ejemplo, si se enfoca a la literatura de seguro será porque no pudo destacar como escritor. Y ahora he visto un símil en lo tocante a los editores, personas que declaran abierta y públicamente que estar en tal oficio implica reconocer que no se tiene talento para escribir, por eso el editor (navegante frustrado) se dedica a vagar por los mares de la escritura buscando descubrir al nuevo Kafka o una posmoderna Juana Inés de la Cruz para rescatarla de las garras del convento.

Una rápida búsqueda en Google con el rubro “críticos literarios mexicanos” me deja frente a un panorama realmente desolado. Unos cuantos nombres saltan entre la ola del ciberespacio, como Salvador Elizondo, Juan García Ponce, Marco Antonio Montes de Oca (hasta aquí, todos fallecidos, por lo que el horizonte no se dibuja menos solitario) y otros como Christopher Domínguez Michael (vivo, por fin). Claro, hay más nombres pero lo intrigante, al menos para mí, es por qué hay tan poca difusión de este que pareciera ser un género maldito y, en proporción a la cantidad de quienes nos dedicamos a escribir, tan pocos que lo ejercen como oficio cotidiano.

Definitivamente, salvo tal vez algún caso específico, la frustración no me parece el móvil de quienes desarrollan la crítica (la verdadera, la que busca ser objetiva, la que destaca las singularidades de la obra analizada). Actualmente a la escasez de críticos profesionales se agrega la circunstancia de que Facebook y otras redes sociales le dan a una multitud de usuarios el carácter de opinólogos, muchos de los cuales acaban desvirtuando este delicado oficio. Además, tenemos esa tentadora trampa del ego: la libertad de eliminar de nuestros contactos a los lectores que no gusten de nuestra propuesta estética.

Respecto a la otra versión del mismo cliché, el editor sin talento artístico, pues nada me parece más alejado de la realidad, ya que aquí sí es bien conocido que muchos escritores han ejercido la edición, a mi entender principalmente por dos razones: porque somos bichos devoralibros, a menudo no sabemos hacer otra cosa, así que editar textos termina siendo un complemento del placer que hallamos al escribir; también porque puede ser una fuente de remuneración que nos permita vivir y continuar escribiendo. Otras tantas razones me podrán argüir los editores y estaré gustosa de escucharlas.


A mi punto de vista, la crítica literaria y la edición son dos disciplinas que requieren una mirada profunda y en constante evolución, tan necesarias en la edificación de las Letras como necesarios son los instrumentos para pulir las paredes de una casa.

29.10.15

Día de muertos

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas, viernes 30 de octubre de 2015

Estoy sentada, cerca de la puerta, en la casa de mis padres. Y pienso en mi abuela Eusebia, en sus manos milagrosas que molían el cacao en el metate y que acariciaban mi cabello en la hora más perfumada del año. Toda mi niñez cabe en el delgado hilo de luz que araña la ventana y en el airecito tibio de un otoño que se resiste a ser frío.

Quizá a ustedes no les interese demasiado aquel camino de flores con el que de niña llamaba a las ánimas hasta el altar; tal vez prefieran leer sobre política, recibir un buen consejo doméstico o las últimas noticias de deportes. Lo siento, no es la página adecuada. Aquí solo hablaré hoy de mi nostalgia y nadie está obligado a quedarse. Pero si alguno de ustedes ha sentido un gran amor hacia la tierra, si ha disfrutado de los cálidos abrazos de alguien que ahora reside en la noche oscura y profunda de la memoria o si tiene una abuela maravillosa como la mía, capaz de reinventar el mundo con un plato de mondongo,  una historia sobre nahuales o un muñequito cosido a mano, entonces acaso comparta esta melancolía por el noviembre que ya nos alcanza.

Día de muertos. Demasiada sangre se ha sembrado en mi país. A menudo no solo nos han robado la vida, también nos han robado la muerte, porque muchos son aquellos que no tienen una tumba a donde llevarles flores a sus difuntos y muchos, también, los que han perdido el rumbo de su casa. ¿Qué podrían significar ahora una calavera de azúcar o una pieza de pan? Memoria, eso es lo que respondería; memoria y esperanza. Un retorno a la médula de esta tradición ancestral: tener rostro y corazón, un lazo de identidad con mis hermanos y el recuerdo amoroso de los que se han ido.

Las ciudades cada vez más grandes van devorando el paisaje antiguo. Sé que no puedo evitarlo, pero nada podrá derribar los árboles del pensamiento mientras exista la necesidad de recordar. Esa es la enseñanza milenaria. Nada podrá arrebatarme la sensación del último abrazo de mi anciana sabia, la matriarca, la dueña del saber de la tierra, como son las abuelas cuando han comprendido el ciclo de la vida-muerte-vida y nos transmiten su legado.  


Mi abuela me enseñó a amar el día de muertos, a servir ofrendas envueltas con el olor denso del copal y a sentir que la gente querida está siempre con nosotros. Eso es lo que pienso ahora, eso mientras la flama de un cirio aletea y el viento barre sobre las calles las últimas hojas de octubre.  

9.10.15

La escritura, esa bestia maravillosa

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas, viernes 9 de octubre de 2015. 

Cuando era niña decidí que la vida es un libro. Comencé a escribir en mi cabeza y lo fui haciendo cada vez con más frecuencia. Pronto esa escritura mental buscó su lugar en el papel y, ya en mi adolescencia, también en el teclado de una PC. Cuando tenía unos trece años el mundo de afuera dejó de parecerme “real” y todo lo que acontecía tenía significado solo como imagen de mi mundo interior. Al despertar, mi casa no era una casa, sino una nave o un búnker en otro planeta. Los profesores, mis compañeros de grupo, mis padres, todos a mi alrededor eran personajes de mis historias. ¿Es así como nace un escritor?

No lo sé. Cada persona, entre quienes nos dedicamos a este oficio, contará su propio argumento. Lo que hasta ahora he visto es que, las más de las veces, esta es una pulsión que se trae desde temprana edad aunque, en algunos casos, eclosione hasta la edad adulta.

Siempre he defendido el hecho de que la escritura creativa tiene efectos sanadores y, en general, es benéfica para cualquier persona que sienta deseos de expresarse y, más aun, que todos con disciplina y disposición pueden aprender a escribir creativamente. Sin embargo, el auténtico escritor, lo que yo llamo el tocado por el halo poético (si se me permite esta imagen subjetiva, que al cabo es mi opinión), es alguien que literalmente no puede escapar de su necesidad de escribir. Esta pulsión lo perseguirá en todos los lugares donde se encuentre, por todas las ciudades donde camine; irrumpirá abruptamente en medio de los diálogos con sus vecinos, tomará la forma de un gato blanco o de un automóvil roto o de una ventisca.


El que tiene vocación de escritor sacará tiempo de debajo de las piedras y de entre los pliegues de la ropa que plancha diariamente para vestir el uniforme del trabajo, ese que más fácilmente da para comer, porque escribir libros a menudo es una tarea sin recompensas materiales. Muchos terminaremos apostándole a tareas relacionadas con el arte como la edición o los talleres, para obtener ingresos. 

Si uno persiste tarde o temprano la obra irá alzándose como un animal que reclama su territorio y que no podremos mantener encarcelado. Aquellos que lo dejan, con un aire de nostalgia, para dedicarse a otro oficio hacen bien, porque si pudieron realmente dejarlo significa que no era lo suficientemente fuerte y, entonces, ¿para qué tratar de dedicarle la vida?

Están, también, aquellos que creen poder dejarlo, que porque el trabajo, que porque los hijos, pero en realidad, si la bestia tiene verdadera hambre, buscará primero a pequeños mordiscos y luego a dentelladas, su lugar para echarse a correr y alcanzar las palabras y comer acaso sin saciarse nunca.

3.10.15

Tipología de poetas

Publicado en La Razón, viernes 2 de octubre de 2015.

La poesía, esa hada misteriosa y escurridiza que siglos atrás representaba el ascenso al Parnaso, ahora está a la vuelta de la esquina en cualquier muro de Facebook. Por supuesto, hay de todo en la viña de Internet, y he aquí, que viendo a los aspirantes a vate, me dio por hacer mi propia tipología, de la que he seleccionado tres tipos curiosos.

El poeta paisajista: Pinta metáforas maravillosamente, sobre la naturaleza, sobre el amor, sobre la vida. Dedica largas horas a pulir imágenes delicadas y ensoñadoras. Loable trabajo, a no ser porque se la vive quejándose de que otros menos talentosos van a plagiarle sus poemas, porque asume que está descubriendo el hilo negro de la poesía y que todo mundo ve sus versos con codicia y lujuria literaria. Así, se asegura de que cada cosa que postea, lleve rigurosamente su firma, la leyenda de derechos reservados y, si es posible, un par de amenazas. No me refiero, por supuesto, a todo autor que protege sus textos, sino a este tipo específico que lo hace con sumo recelo y ostentando un aire de superioridad. Si de vez en cuando leyera a otros, vería que sus poemas no están rompiendo paradigmas literarios, ni descubriendo ni reinventando nada. Eso sí, son bonitos paisajes para descansar la pupila.     

El poeta radical: Invierte más tiempo en quejarse de la humanidad, de los malos poetas, de la corrupción cultural, y de mil cosas más, que en escribir literatura. No redacta hábiles ensayos o artículos sobre estos temas, no, su trinchera son las redes sociales. Se la vive disgustado por la falta de crítica en la ciudad o en el país, pero si le dices de pronto que él / ella no te parece el mejor poeta de su generación, te elimina.

El poeta malito: Nunca lee literatura contemporánea más que para decir que nada de lo que se escribe hoy en día vale la pena; se dice experto en la obra de Baudelaire aunque no sabe francés. No va a talleres literarios porque le roban la voz, ni corrige sus textos porque sería traicionar a las musas. Escribe sobre  el tedio, la fatalidad y el horror en la compu de sus papás. Adopta la pose de exiliado del Paraíso, semidios incomprendido, no nos merecemos su sufrimiento. Y pues, si León Felipe se los dijo a Dante y a Virgilio, ¿por qué no a ellos?, “que hablen más bajo. / que toquen más bajo... / ¡Que se callen!”

Pero no seamos tan duros. El escritor cambia, crece, evoluciona, y a veces estas son meras etapas que se superarán con la experiencia. A lo mejor, hasta tú y yo, en un desliz, pasamos por alguna de ellas.


16.9.15

En defensa de las princesas

Publicado en La Razón, Tampico, Tamaulipas. Septiembre de 2015.

Últimamente he visto una campaña contra la imagen de las princesas de cuentos de hadas, en pro del empoderamiento de la mujer; cosas del tipo “no esperes al príncipe azul, rescátate a ti misma”. Eso suena muy bien, ¡al fin las nuevas generaciones tiran por la borda a esas princesitas cursis que no saben defenderse! Sin embargo, esos estereotipos de niña buena y de finales felices popularizados por Disney, no suelen corresponder a los cuentos originales, muchas veces leyendas populares que fueron de boca en boca durante siglos hasta que alguien las puso, primero en papel y luego en la pantalla del cine.

Los cuentos de hadas, generalmente, nacieron para dar lecciones vitales; en la antigüedad estaban cargados de simbolismos que, al ser contados generación tras generación ayudaban a las niñas a estructurar su mente, a tomar decisiones y a comprender los ciclos de la vida / muerte / vida.

Las princesas, originalmente, eran representaciones del alma femenina, y el príncipe, el dragón, la madrastra malvada y otros personajes típicos, solían ser partes de la psique de la mujer;  elementos del mundo o de las etapas de su desarrollo espiritual.

Cuando en un cuento de hadas el príncipe rescata a la princesa, éste suele representar al ánimus, la parte masculina de la mujer que la ayuda a ser asertiva en los momentos difíciles; el sentido original de este “rescate” es, precisamente, hacerle ver a la niña o muchacha en cuestión que todos los elementos para salvarse están contenidos en ella misma y que sólo necesita aprender a equilibrarlos. Este simbolismo, aunque incompleto, sigue vigente en nuestros días. El dragón puede ser la sociedad devoradora o el medio ambiente agresivo; la madrastra malvada puede ser un jefe acosador o un marido machista.

En versiones anteriores a las “clásicas”, los cuentos podían tener finales drásticos. Por ejemplo, una versión de “Los zapatos rojos”, más antigua que la de Hans Chistian Andersen, termina donde a la niña le son amputados los pies con un hacha y pasa el resto de sus días mendigando. Un símbolo –reflexión que tomo de la psicoanalista Clarisa Pinkola Estés– de la mutilación de la energía vital a la que a veces terminan sometiéndose las mujeres en su afán por encontrar su destino.


Considero, entonces, que la sociedad contemporánea, posmoderna y fría, más que ir en “contra” bien podría rescatar el sentido original de la princesa de cuento de hadas: la psique femenina en desarrollo que ha emprendido una búsqueda de autoconocimiento y para ello deberá vencer a sus dragones, con la sabiduría de sus abuelas y la fuerza de su caballero interior.    


Imágenes: "Alicia"; "Hay un grito en mi cabeza", mvg.

23.8.15

Luisa Isabel, voz afrocaribe




Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas, viernes 21 de agosto de 2015.

Encontrarme a Luisa hace un año, en una pequeña ventana del ciberespacio, fue como hallar a una vieja amiga que conocía todos mis secretos. Supe que es poeta, promotora cultural, narradora y bruja; sí, porque el significado original de la palabra bruja nos remite a la sabiduría femenina antigua, y así es Luisa Isabel García Meriño, mujer afrocaribe hecha de sangre ancestral, de sonidos de tierra y palabras que transmutan la realidad cotidiana en fuego.

Nuestro encuentro devino con la primera antología de landais hispanoamericanos editada el año pasado por Progetto 7Lune, en Venecia, Italia, donde se reunieron voces de mujeres poetas de distintos países de Latinoamérica. Y ahora vino a nuestro país como participante del XI Festival internacional Chihuahua (que comenzó el 1 de agosto y que culminará el 23 de este mismo mes) con la ponencia «Actuales desafíos de las comunidades afrolatinas y afrocaribeñas». Así, ha tenido a bien hacer escala en otros estados de la República, como Nuevo León (donde participó dentro del ciclo Pasionarias, en el Instituto de la Mujer de Guadalupe*) y Querétaro.

Luisa Isabel es, ante todo, un alma sencilla. Camina con la serena dignidad de la mujer que reconoce su poder interior, pero no lo ostenta. Dosifica las palabras con mesura, envueltas en esa música irreverente y cálida del Caribe colombiano. Baila los ritmos afros con sensualidad y alegría. Diosa de bronce; corona su testa el pelo negro, crespo, símbolo de su comunidad, de sus luchas sociales por la inclusión, de la identidad que crece y se rebela ante el horizonte igual que un árbol en la selva.  
 
Nació en el Copey (Cesar) y desde muy temprana edad fue llevada a Barranquilla (Atlántico). 

Escritora y, además, con estudió de artes plásticas, es presidenta e investigadora de la Fundación Artística y Cultural «Mi Tierra»; trabaja constantemente dentro del área de educación artística y la etnoeducación, con el fin de dignificar a las personas afrodescendientes y su cultura.  Así como en la promoción de la inclusión de la narración oral indígena y afrocolombiana en la escuela primaria. 

Los poemas de Luisa Isabel están cargados de imágenes, con una mirada intensa en la que emergen voces antiguas. Gran parte de su obra permanece aún inédita; seguramente pronto tendremos nuevas noticias suyas, pues versos como estos se dicen solos, viajan y hallan su lugar. Dejo como muestra tres de sus landais, poesía de rebelión: 

En esta aldea infeliz 
los pájaros son jaulas que cazan mujeres.

Bertha se asomó al hueco 
y dijo con voz de mar: el agua limpia todo.

Siento espanto del espejo: 
toco mi carne, ¡está repleta de huesos!    




*PASIONARIAS, ciclo de poesía. Participantes durante la primera lectura: Zaira Eliette Espinosa, Luisa Isabel García Meriño, Rossy Elizondo y Marisol Vera Guerra.

1.8.15

Yo quiero tanto a Julio, de Silvia Favaretto

Texto leído durante la Primera Feria del Libro Independiente de Monterrey. Título de narrativa en Ediciones Poetazos.


Yo quiero tanto a Silvia y Silvia quiere tanto a Julio. A ella le gustan los cronopios como a mí me gusta espiar desde la mirilla del ombligo, esas catedrales derrumbadas del pensamiento donde lo imposible surge y se eleva a la condición de eterno.

Silvia es una salamandra enamorada de una muchacha, es una línea de tinta china en la piel, una palabra que ha extraviado sus fonemas, una hoja en blanco afilada como los ojos del lector. Porque el lector aquí es su cómplice, no es aquel inocente y pasivo que encuentra todas las posibilidades agotadas.

Silvia y su libro son ahora ese horizonte de sucesos por el que resbala la memoria. Todos somos hijos de Cortázar, como él fue hijo de Verne y de Poe y de su propia voz. Julio, el hombre al que amamos u odiamos, al que damos de comer por los recovecos de los sueños, al que invocamos para darle un knockout al lenguaje, y al que de vez en cuando oímos maldecir. Al que podemos echar en una carretilla y sacar de nuestra biblioteca y gritarle como a un espejo negro te odio por no ser un gato blanco cayendo desde la cornisa de la tarde, entre lámparas llenas de fiebre y de ruidos de jazz, ruidos alegres y turbios como un Louis Armstrong de papel arroz estrujado.

Silvia lo sabe, oculta detrás de ese apellido un poco ajeno a nuestra lengua. Favaretto. extraño que no es lo mismo que decir recién inventado, que no es lo mismo que extraterreno o posthumano o ciberpoético. Qué feliz serías, Julio, en este tiempo, el siglo del neologismo y de la fractura. Ay, ¿pero no eras tú quien hablaba sobre esa caída interminable? Eso es la felicidad para Julio y para Silvia y para mí: caer, caer, caer irremediablemente hacia el abismo y contemplarnos, azorados, desde el fondo como animales prehistóricos que vislumbran un mundo aún sin destruir 



15.7.15

Primera Feria del Libro Independiente de Monterrey

Publicada en La Razón. Tampico, Tamaulipas, viernes 17 de julio de 2015.

“Ante la cambiante realidad de nuestro mundo, la demanda de autores interesados en ver concretados sus libros y el amplio potencial existente en la sociedad para formar un público lector, ha surgido poco a poco el concepto de editoriales independientes, aquellas que con recursos propios se desarrollan al margen de los grandes monopolios para ofrecer una opción alternativa de publicación”.*

Así, este viernes 17 de julio, en la ciudad de Monterrey, se inaugura la Primera Feria del Libro Independiente, en la que estarán participando 37 proyectos principalmente de Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila. La Feria es posible gracias al esfuerzo colectivo de la Red de Editoriales Independientes del Noreste de México (REDIN), y permanecerá abierta al público hasta el domingo 19.    

REDIN se consolidó en enero de este año, bajo la coordinación de la escritora y editora regia Laura Fernández. Está integrada actualmente por 24 sellos, la mayoría nuevoleonenses; dos de ellos tamaulipecos: La Shula Cartonera, coordinada por Dora Castillo (Tampico), y Alja Ediciones, por Ramiro Rodríguez (Matamoros).

Establecidas en Nuevo León estarán presentes las editoriales An-alfa-beta, La Regia Cartonera, Poetazos, Posdata Editores, Ediciones Morgana, Quiosco Oropéndola, Terraza 27, entre otras; de Coahuila: Ediciones Atemporia. Además diversas publicaciones como La Linterna mágica, revista independiente de arte y cultura, editada en el D.F. por Víctor Palomo y Cynthia Rodríguez, y distribuida en el noreste del país. También se encuentra el CD Poetas por Ayotzinapa, proyecto que fue coordinado por Gwenn Aelle, en el que aparecen 34 poemas y 9 canciones; las ganancias obtenidas de su venta son enviadas a los familiares de los normalistas desaparecidos.

Este es nuestro primer evento en conjunto, como miembros de la red, en el que habrá talleres, presentaciones de libros, performances y lecturas. Funge como sede la escuela Adolfo Prieto (parque Fundidora).

El objetivo principal de la red es mejorar las estrategias de distribución, mercadotecnia y difusión de las publicaciones; una de las principales expectativas en esta feria es el acercamiento entre las editoriales y la gente, más allá de los espacios cerrados de las librerías, así como propiciar un encuentro entre lectores y autores, en especial aquellos emergentes y con propuestas estéticas diversas, en todos los rubros.

Para mí es bastante esperanzador ver que las iniciativas independientes tengan presencia y que existamos editores y artistas dispuestos a unir fuerzas para lograr, en conjunto, lo que como unidades aisladas no alcanzaríamos.


Aquí puedes consultar la programación: Programa cultural flim 2015.


*Fragmento de la bienvenida dentro del programa. 

29.6.15

Los cebos de las lobas

Publicado en La Razón, Tampico, Tamaulipas, junio de 2015.

Desconfía de los hombres demasiado maravillosos, de los que tienen el corazón demasiado limpio, de los que son tu fantasía encarnada al pie de la letra, de los que están dispuestos a todo por ti. Esta sería mi recomendación para una niña o joven que se avienta por primera vez al ruedo de la vida. Acaso lo que algún día me veré diciéndoles a mis hijas, en la puerta de mi casa.

He oído un viejo cliché: las mujeres que se enredan en relaciones destructivas son, siempre, las de baja autoestima. Falso. Si bien una baja autoestima sí puede ser, en muchos casos, el factor que induce a relaciones de pareja conflictivas, no es una constante. Y voy a decir por qué.

En su libro Mujeres que corren con los lobos, la psicoanalista jungiana Clarissa Pinkola Estés expone el poder sanador de los cuentos de hadas (los cuales contienen antiguas y sabias recomendaciones para las mujeres); narra el cuento de Barba Azul, un hombre que seduce a una inocente y bella muchacha a la que vuelve prisionera en su morada; le da las llaves de todas las habitaciones pero le prohíbe entrar en una de ellas, y he aquí que gana la curiosidad y en esa habitación prohibida están las evidencias de sus crímenes. Una vez vista la verdad, la llave comienza a sangrar. Barba Azul, al verse descubierto, intenta matar a su esposa, como ya lo ha hecho con tantas otras, pero ella, gracias a su inteligencia y fortaleza logra salvar la vida.

Este breve relato es una metáfora de los que yo llamo “ladrones de autoestima”. Estos, precisamente, gustan de las mujeres que resplandecen, que brillan por su talento, su alegría, su belleza y su gran amor hacia la vida. Como Barba Azul, llegan montados en un caballo brioso y ofrecen espléndidos regalos. ¿En qué consisten?, bueno, eso depende de la dama en cuestión, no son necesariamente materiales, pero ellos llegarán con la promesa de lo que ellas quieren: sinceridad, dicha, sexo, energía, trabajo, viajes, etcétera. Es entonces cuando es necesaria esa visión de rayos X que haría a una mujer perspicaz ver a través de los disfraces, y es aquí cuando se aplica la enseñanza de las abuelas para detectar las señales de peligro (esa sabiduría doméstica tan menospreciada en nuestro mundo posmoderno).

Lo que harán estos vampiros psíquicos es precisamente ir sorbiendo la autoestima de la loba que ha mordido el cebo. En este caso concreto, esa falta de autoconfianza y esas fuerzas minadas para responder ante el dolor no han sido las causas, sino los efectos de esta relación en la que el vampiro ha entrado subrepticiamente. No solo relaciones románticas, también hay jefes vampiros, madres vampiresas, incluso la sociedad a menudo actúa como un vampirismo colectivo.  

¿Por qué a las mujeres les gustan los hombres malos?, me pregunta un amigo. Le respondo, salvo excepciones, no nos gustan los hombres “malos”, simplemente, a veces tardamos en aprender a distinguirlos.


25.6.15

Apuntes para construir un poema

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas, Junio de 2015.

Una de las recomendaciones más valiosas a la hora de hacer poesía la encuentro en el “Arte poética” de Vicente Huidobro: “Por qué cantáis la rosa, ¡oh, poetas! Hacedla florecer en el poema”. Podrá parecernos lugar común, claro –como si hubiera lugares que no fueran comunes dentro de la literatura y develáramos con nuestra grandiosa inspiración el hilo negro del arte–, pero hacer que una rosa florezca en un poema requiere que le abonemos una buena dosis de imaginación a las letras.

La posmodernidad, más que ninguna otra época, ha hecho flexibles las fronteras entre los distintos géneros literarios. El poema contemporáneo coquetea a menudo con el aforismo, con el ensayo, con la narrativa, pero bueno, no deja de ser “poema”, debe seguir habiendo elementos que lo sustenten como tal. Quizá alguien muy conceptual pueda argumentarme –y tendrá una vasta justificación teórica– que todo puede ser un poema… sí, sí, el habla cotidiana, un anuncio de refrescos o un diagnóstico médico, todo es ficción, todo es literatura, todo es lo que ustedes quieran –ya lo dijo Bécquer, “poesía eres tú”–, pero en un plano formal sigue habiendo algo específico que consideremos, per se, como poema. 

No tengo una fórmula, pero sí una serie de opiniones: 

1- El poema debe sentirse, no explicarse; pongo un ejemplo, para escribir sobre un tema amoroso no necesariamente tenemos que usar la palabra “amor”, debe haber algo que nos haga sentir ese pulso amoroso. Algunos sustentan todo el peso de su texto en esa minúscula y manoseada palabra, y no es que no se deba usar, usémosla, pero resignificándola, y que el texto preferentemente no dependa de ella.

2- El poema ofrece varios niveles de lectura, que dependerán no solo del talento del poeta, sino del bagaje conceptual y de la sensibilidad de cada lector; pero a mi juicio, un buen poema –al menos el ideal– siempre deja “algo” al lector que le pone atención, así sea mucha o poca su “cultura literaria”; ya la forma, ya la imagen, ya el juego onomatopéyico, algo tocará sus fibras; raramente se irá el otro con la mirada vacía.

3- El poema no tiene como finalidad la comunicación. El sentido de la comunicación es transmitir un mensaje, y este mensaje idealmente debe ser interpretado del mismo modo por todos los receptores. Un buen comunicador (por ejemplo, un periodista) se destaca por no dar lugar a ambigüedades. Un poema que dice lo mismo a todos los lectores, a mi punto de vista, ha fracasado.

Mucho habrá qué decir al respecto, si algún día hallo la fórmula del poema perfecto, seguro la compartiré con ustedes.


Imagen: Alan Magee