Literatura & Psicología
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12.9.21

Él era un gigante

no como el del cuento
este era generoso y ayudaba a las brujas
a trepar en las ramas de la infancia
así lo recuerdo
saliendo de un carruaje o de un taxi la memoria es
escasa en estos días
pero quién necesita la memoria
tan mentirosa
habituada a encerrar lagartijas en el sótano
mejor me quedo con la hoja
la tinta
una escoba con ruedas de bicicleta
rumbo al mercado
y los miles de bichitos aleteando
en la testa de un destino
pas-toc / pas-toc
¡Ah qué vida tan fugaz!
¿no es así?
fugaz caballo blanco en espiral de vidrio
rota la pezuña
contra el fuego
montón de hojas derrotadas por la luz
breve y sin embargo
nacen flores en las tumbas
salen dientes a las lápidas
me vuelvo un poco hereje
para espantar a los vivos
porque es entre las tazas de té
y los viejos libros
donde brilla el rumor de sus pisadas

Para Orlando Ortiz (1945-2021), mvg, Monterrey, 10 de septiembre, 2021
Fotografía: Abril de 2015, Colegio Civil, Monterrey.


Ilustración: "El abuelo Justino", mvg, 2020, para el libro ¡Ah, qué vida tan chaparra, de Orlando Ortiz.

16.10.20

Estocolmo Videopoema performático


Nunca he abordado un avión que vaya a Estocolmo
no sé si es menester una llave
para desactivar bombas
o un gran martillo que rompa las piernas
de los secuestradores
en todo caso un bonito vestido
fácil de quitar de mi cuerpo
(hay que estar presentables
para la derrota)
pero lo juro
yo he estado ahí
he andado por sus calles
(en la memoria lucen más estrechas que en las fotos
y mucho más oscuras
diría: túneles o laberintos
en los que mis pies corren
al ritmo de las ratas cuando un barco
se hunde)
esta es la ciudad
donde no hay puertas
donde no se escuchan los gritos
donde los teléfonos fallan todos al mismo tiempo
donde nunca amanece
no hay Sol en estas casas
ni desagües para drenar la lluvia
y he estado ahí lo juro
(no me importa si piensas
que mi amor es una secta)
algunas noches
aún despierto envuelta en brumas
y puedo oír
cerca de mi cuello
la respiración del monstruo


3.8.20

Algunas consideraciones sobre El cuaderno de don Baruj


para Santiago Daydí-Tolson


Nadie sabe nada acerca de don Baruj (como si alguno se nosotros supiera, de cierto, alguna cosa), pero nadie puede negar su existencia, pues esta noche él me ha acompañado mientras bebo una taza de café frente a mi laptop. Tengo el hábito de beberlo frío, no por gusto, sino porque entre sorbo y sorbo demasiadas ideas pasan galopando de mi cabeza a la página (que jamás está en blanco) y, entonces, la consideración del tiempo se vuelve un tema serio. Decía, si don Baruj me ha acompañado hoy será porque, sin lugar a dudas, existe. Aunque no me queda claro cuál es la dimensión de dicha existencia; lo que sí puedo decir, sin temor a equivocarme, es que no se trata de una dimensión espacial, más bien una temporal, no lineal y progresiva como la que reconocemos desde nuestra ortodoxia, no... sería algo más parecido a esas dimensiones arrolladas de las que hablan algunos teóricos o, siendo muy atrevida, una forma de Calabi-Yau.

Él es uno de esos seres formados por los fragmentos de múltiples pensamientos, un botánico que podría decirnos el género y la especie de las flores olvidadas en los libreros, aquellas hechas ceniza entre los rayos del sol y el mordisco de la termita; es el filósofo que no nos dará ningún placebo para adormecer la quemadura de los labios, tampoco nos punzará el alma con una provocación. Él simplemente bebe su taza de café, en silencio, y de vez en cuando responde alguna pregunta lanzada al aire como una moneda antigua (sí, porque todas las preguntas son antiguas; cualquier interrogante que señale nuestra mente ya ha sido formulada por alguien más en algún rincón del tiempo: ya sea hacia atrás, hacia delante o hacia esa coordenada invisible de la memoria).

Algo me hace sentirme libre, libre de la dictadura de la permanencia, del triste sueño de la inmortalidad, entre estos sorbos de café frío, cuando don Baruj me dice, quedito, al oído, con esa manera tan peculiar que tiene de explicar las cosas: "La rosa, bien se sabe, se marchita a diario".



Libro citado:
Santiago Daydí-Tolson. El cuaderno de don Baruj, Alja Ediciones, Matamoros, 2017.

4.6.20

12. Poesía de puertas abiertas/ Marisol Vera Guerra-México


"Me dormí con un Pit Bull y desperté con una cobra". Poema incluido en la Antología Audiovisual de Poesía: Poesía de puertas abiertas (Malpaso Ediciones, Honduras, 2021). Selección y edición a cargo del poeta Armando Maldonado.


Contacto del editor:

24.3.20

Cerca del fuego


También están esos hombres que te arropan las cicatrices del vientre, por la noche, y cubren el pozo que se había quedado abierto. Esos hombres que no te encierran en un lugar sin puertas, que son la puerta, que son la barca en el oleaje. Escotilla y nube. Que te abrazan cuando tiemblas y te enseñan, al tacto, el dorso ocráceo de la alondra. Esos hombres que se parecen a una casa en la nieve. Que viven cerca del fuego y solo te dan alegría. Que beben contigo la luz roja del invierno y te devuelven la risa que tenías oxidada. Sí, hay hombres así, los he visto, he dormido en el hueco de sus brazos y he escapado de su cama antes del amanecer, porque me gusta conservarlos en esa plenitud perfecta del día, en esa belleza ordinaria de la memoria y, acaso, en algún poema.

9.3.20

Pase de abordar

Mi padre me previene del Coronavirus
aunque le digo
que tengo suficientes leucocitos y no he ido a China
antes de cerrar la puerta del coche
él me pone el kit salvador
a la espalda: cubrebocas
gel desinfectante / una estampita
para rezarle al santo de mi devoción
no ve al verdadero enemigo
el que escanea mi entrepierna
el que ausculta mi axila recién afeitada
el que revisa si tengo un pañuelo alrededor del cuello
una píldora en la mano / muslos de antílope o guepardo
listos para escapar
y no se lo digo
luego de subir mi valija al techo del mundo
él se irá entre volutas de aire
quisiera correr a abrazarlo
como nunca corrí cuando era niña
no lo hice tampoco al cumplir diecisiete
y abordar un tren hacia el vacío
ni las tres veces
que lo cambié por otro hombre y fracasé
miro las yemas del tiempo mis uñas mordidas
lo entiendo
llevo en el bolsillo mi pase de abordar
mi navaja de explorador mi rayito de luna
voy a volver le digo
cuida entre tanto a los nenes
esta noche ellos soñarán con abejas
desde un país lejano
y papá no encenderá la televisión
no hace falta
hace mucho hemos aprendido
a dormir bajo sábanas envenenadas



Fotografía: Mayra RedMontt (Barrio Antiguo, Monterrey, febrero 2020).

Poema publicado en la antología El mundo clausurado (Letras en la Frontera, 2021), puedes descargarla de manera gratuita:

12.1.20

Mala memoria

para Andrés Galeano


Iba a responder / ahora / el poema
como si jugáramos una rara carrera de relevos
en la que nadie gana
en la que tu mano es un martillo y la estría de mi corazón un mapa
una puerta / un precipicio
pero no encuentro las jodidas ganas de escribir un poema
ni para ti ni para nadie
(especialmente para nadie)
le dejo eso a la gente docta
a las mujeres que se gradúan de la universidad un martes por la mañana
con mención honorífica:
toga lustrosa y cintas amarillas acordonando su virtud
enjutas las piernas
cocinándose en su tinta
sin delatar el ansia de romperlo todo
de montar los cuerpos: enjambres de letras
a horcajadas
no
no es para mí
desgastarme
en este mediodía
en el que solo quise responder mis emails
como cualquier muchacha
que ha dormido en bragas frente al ventilador
/ el dedo anular en
su imperfecta carne de ángel derrotado /
y aquí vienes tú
con esta voz tan parecida a la mía
tu gravedad hace girar la luna de mis caderas
y yo
no puedo rotar sobre mí misma
confundo el meñique con la "y"
porque mis brazos a veces son trenes
sumergidos en un azul clarísimo
/ hasta he olvidado cómo se escribe la palabra "azul" /
es tan mala mi memoria
¡dios!
tan mala en estos días
que no sé dónde puse la decencia
mi huesito de durazno
mi olor a café con nueces fritas
lo único es este montón de fonemas
que te empujo hacia la boca
pruébalos / cariño
así recibe un nene su ración de caramelos
así se pega el lechón a la teta de su madre
no me importa si entiendes
hoy amanecí un poco fastidiada
de ser comprendida
de que hombres y mujeres reconozcan mi lenguaje
hoy quiero no entender a nadie
hoy quiero cerrar la tapa del idioma
y echarme
sobre el piso
con la boca abierta
absoluta
inerte








13.12.19

Serenidad


Y contemplé mi reflejo entre crujidos blancos. Nunca el mar me pareció más sereno, como olvidado de sí mismo, a la espera de una noche prematura. A veces los ojos dejan escapar los colores. 

A veces los sueños aterrizan lejos de la bahía.









11.12.19

La promesa

Mi amado, ¿recuerdas esas noches, al final de mi infancia, en las que dormí pidiéndole a la Muerte que me llevara contigo? Mi cuerpo era el de una gacela, aún sin la capacidad de sangrar, aún sin la cartografía del tiempo en el vientre. Yo te amaba tanto como la nieve ama las últimas líneas del ocaso. Y como nunca la Parca fue benévola con mi deseo, te juré, a los 13 años, que algún día iría al lugar donde naciste para danzar con tu sombra. A muchas almas has tocado. Y podrías hacerte con las dentaduras de todas nosotras un collar que ceñiría la Tierra, de un extremo al otro. Sería la niebla, mortaja de un horizonte perdidizo. Al final será, como dijiste desde la boca de Ligeia, nunca ganaremos la batalla.






6.10.19

La vida no es diferente

Los días en que estoy triste me levanto temprano a poner el café y a barrer debajo de la cama la basurilla acumulada el día anterior. Pico algo de fruta y enciendo mi laptop. Reviso mis correos, empiezo a trabajar antes de que despierten mis hijos. Si mis hijos despiertan conmigo haré exactamente lo mismo, ahora con una niña rodeando mi cadera y un poco de baba en la mejilla. Los días en que amanezco feliz repito la secuencia: café, limpieza, fruta, trabajo, abrazos. La vida no es diferente afuera, los días en que estoy triste y los días en que estoy feliz llegan por igual las deudas: renta, agua, luz, teléfono; hay las mismas bocas que alimentar y el mismo trabajo por delante. La mayoría de los días tengo lo que siempre quise, una vida ordinaria y tranquila. Pareciera que pocos eventos sacuden esta casa o soy tal vez una rara especie, entre molusco y mujer, que resiste las ondas del agua agitada por el paso de los buques. Hoy fue uno de esos días que puedo llamar tristes, de esos días en que algo no inevitable pero sí imprevisible rompe el flujo normal del tiempo, en que el estómago se hace pedazos mientras el cuerpo sigue avanzando en una estela de jugos viscosos. No recuerdo un día tan triste como hoy. No me malentiendan, no estoy llorando en un rincón, yo solamente lloro cuando se me quema el arroz o cuando se me rompe mi taza favorita. Entre los días más tristes está aquel en que vi a mi abuela metida en el ataúd, otro día muy triste fue cuando mi hija perdió el conocimiento en mis brazos mientras corría buscando un doctor porque era fin de año y los consultorios estaban vacíos. Esa cercanía de la muerte, no la mía, sino de quienes amo, es lo que me ha llevado al límite de lo que llamo humanidad. Luego se encuentran estas singularidades que se parecen a la muerte, que fracturan aquello que se había construido minuciosamente durante años y entonces, aceptando el fracaso, me queda solo algo por hacer: poner a hervir el café, barrer la basurilla acumulada bajo la cama, esperar el abrazo tibio de una niña y la baba en la mejilla.

14.8.19

Artrópodo

Quiero escribir un libro acerca de la belleza que me ha inundado el corazón en mis viajes, en los brazos cálidos de mis amigas y los besos de mis amantes, en las visiones de paraísos con olor a sándalo y texturas de plumas. Tomo el lápiz y hundo la punta del grafito en la hoja, tomo mi laptop y pulso las teclas, tomo mi cabeza como a una pizarra para deslizar la memoria y no… mi sombra me lleva hacia otras escrituras, hacia rincones oscuros, hacia precipicios que en el cotidiano vivir están ocultos, los que mantengo al margen con una valla metálica para que mis hijos no pisen los terrones sueltos. Trato de dirigir la tinta hacia el agua transparente, hacia el sabor del vino dulce, hacia el cielo despejado y no, nada; el poema como una blanda criatura se arrastra por debajo de las hojas muertas, entre las raíces de palabras olvidadas, al interior de su madriguera. Y desde ahí, mi solitario artrópodo observa una nuez tirada junto al río y una papa a medio podrirse en una caja de madera, él lo ve todo a la luz de un fuego manso, enroscado en sí mismo, con sus cientos de patas entrelazadas, ve más lejos que el halcón y el búho porque él no necesita ojos ni alas, este animal invertebrado que es mi poema solo necesita que yo lo deje crecer a su antojo en el barro.

8.3.19

Umbral

para Silvia Favaretto


No quiero volver mis pies sobre la sal
no quiero tejer bendiciones con mis dedos
lo que quiero es
echarme piedras en los bolsillos
como algunas mujeres
que han cargado (ya) el peso ígneo de sus ideas
mojarme la punta de los cabellos en un vaso de oporto
dormir en el umbral de mármol
donde la Muerte sostiene los versos magníficos
que nunca escribí
porque no he sido buena
ni he sido virtuosa
pero he sido espiga que besa la tierra en invierno
y alza su tallo en verano
porque al final del camino mi alma huye
del barquero
y se pierde en la neblina
sin pagar la cuota del viaje
condenada
a ver la belleza en el cuenco de sus manos

Fotografía: Giovanni Pasinato

12.2.19

Astillas (schegge)

Poema que forma parte del proyecto:
Poesía para desactivar patrones establecidos. 
Traducción al italiano por Silvia Favaretto.





22.6.18

Quiero un mundo donde mis hijas caminen libres

donde nadie las juzgue por viajar solas
por usar falda corta
por abrir el cofre de su cuerpo al placer
por amar a los hombres o amar a otras mujeres
por tenderse junto a los lobos o danzar con las serpientes
que elijan la exaltación del vino o la quietud del agua
puños que rompan muros o vientres que alberguen cantos
carmín cobalto en la espalda
o el bronce del verano
quiero un mundo
en el que
ningún dios
ningún dogma
ningún hombre
ninguna ley
las censure
las mutile
las margine
que nadie les diga que vinieron a parir
que nadie
les diga que vinieron a limpiar
que nadie les diga que su lugar es otro
un mundo a la medida de sus brazos
a la medida de mi amor por ellas
del amor de todas las madres por sus hijas
un mundo en el que yo no necesite escribir este poema




Poema publicado en el dossier de poesía Donde están ellas, en la revista Círculo de Poesía:

20.6.18

El vestido de Lucy

Hoy le compré un vestido a mi hija
no cualquier vestido
sino uno que me pasé noches enteras hilando
con la volátil materia de la utopía 
sic  sic  sic
la máquina de mi cerebro hacía saltar la aguja
mientras su cuerpo denso 
como ciertas estrellas de neutrones
se arropaba 
con aire y luz
no nos iba tan mal [si lo pienso]
mi madre nunca tuvo un vestido en su infancia
las únicas telas que conoció entonces 
fueron las que envolvían la mazorca tierna / la harina
el humo sinuoso de la leña
a mí en cambio 
me
confeccionó pecheras y faldas plisadas
encajes / un bies de tafetán
incluso ropones para mis muñecas
¿hemos de olvidar que el destino 
no es una línea recta?
[no] 
es más parecido a una espiral 
un toroide 
un auténtico agujero sin fondo
así Lucy abrió sus ojos 
cuando la fuerza de gravedad
nos halaba al centro del pozo 
mis manos buceaban en los bolsillos
sin hallar un huequito
algo así como un respiradero
o un rayo de luna al estilo becqueriano
pero yo te digo
si alguna vez has tenido una hija 
de bucles con forma de infinito
y ojos donde cabe el desierto 
con sus saurios y tolvaneras
una hija que ve en una caja de cartón la mesa de una reina
y en el umbral astillado un puente a Camelot 
una hija que se llame Lucy
Lucy Morgana
nacida a la mitad de marzo
verás que este vestido 
cuesta más 
mucho más de lo que dice la etiqueta















Poema publicado en el dossier de poesía Donde están ellas, en la revista Círculo de Poesía: