Literatura & Psicología

24.11.10

cosas que creo


...el orden matemático, la vibración primaria de las partículas elementales, que contiene todo, incluido mi pensamiento, las palabras que ahora escribo.
.
No concibo que el Yo (forjado con sus vestiduras terrenas) permanezca a lo largo de la “eternidad”. Esa simple permanencia, en el más dulce de los paraísos, se me hace ora aburrida, ora espeluznante.
.
Me parece más bondadoso –y hasta lógico– por parte de Natura, que nosotros, criaturas humanas, estemos de paso en el infinito entramado del tiempo, y que nuestra conciencia individual sea una extensión de la gran conciencia cósmica, en la que ha de disolverse cuando la materia que nos conforma se disperse.
.
La única eternidad posible: la de los instantes.
.
.

23.11.10

Sueño 3

mi abuela eusebia está dentro de un edificio / las paredes son de cristal / los ojos cerrados / llora / una mano avanza por su pecho/es el tiempo de irme / mi´jita/ el músculo se tensa / desde el codo hasta la punta de los dedos / la piel se hace bronce / despierto

ella se queja / envuelta en blancos /
todo estará bien / te haré la comida / qué quieres / como cuando yo era niña / dime /
ahora deja la inmovilidad sobre la silla /
sus dos piernas la sostienen / ningún hueso se ha roto / la cadera no sangra /
es fuerte como hace veinte años /
vuelvo a despertar
.
.
soñado ayer

esquina y araña


borde blanco / cicatriz en la memoria
.

Fotografía: mvg

19.11.10

como si fuera posible morir

II
.
aun las hienas de la estepa lloran
cuando el acero corta su pecho húmedo y caliente

manada de agujeros negros

brota una semilla
nueva como el odio
......................es el invierno
dirán las aves
en su lecho de corazones congelados
.

18.11.10

Sueño 2

Estoy con Haku en una casa enorme. Las habitaciones son embudos anillados como el cuerpo de un gusano.
.
Va cayendo la noche y temo que el sueño me haga perder la conciencia. Un muchacho de unos catorce años, sucio, con una risa desagradable, intenta arrebatarme a mi hijo. Corro hasta un patio amplio donde hay un festín. Todos me ignoran. Volteo a verme los brazos y sólo tengo la ropa vacía del niño. Grito. Lo busco por interminables estancias que se alargan y progresivamente van disminuyendo de tamaño -debo agacharme para entrar en ellas. Lo encuentro dormido en una cama. Apenas cabemos en lo que es el final de una de las habitaciones-embudo. Lo aprieto contra mi pecho y salgo corriendo de esta casa. La gente, tras de mí, se evapora con rapidez.
.
Abro los ojos. Estoy acostada y Haku descansa junto a mí. Suspiro, aliviada. Hay quejidos en la habitación contigua. Olor a humedad. Polvo. Me pongo de pie. Veo a mi alrededor altos muros de piedra con imágenes de soldados en combate, madonas y ángeles. No puede ser. Maldita sea. Golpeo uno de los polvorosos murales y de él brota un llanto tristísimo. Las madonas se quejan y se contorsionan.
.
Los soldados adquieren volumen, alzan sus bayonetas, saltan hacia el recinto. .
.
Despierto otra vez.
.
soñado el 11 de febrero

Sueño 1

Estoy muerta. Fui arrollada por un auto, junto a un pequeño niño. Estamos en el Infierno. Es un lugar sin paredes sin suelo sin techo.
Nada.
El chiquillo no hace más que lamerse las manos como si las tuviera untadas de caramelo. Flotamos. Hay silencio y un viento fresco.
Veo venir hacia mí a una mujer descarnada, vestida con una tela transparente.
Pienso, Así que esto es estar muerta, lo imaginaba más terrible. Una voz me dice que ahora mi tarea consistirá en atormentar a los vivos.
.
soñado un 18 de febrero

12.11.10

antropología de la pobreza

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas. Martes 9 de noviembre de 2010.
.
Recuerdo mis épocas de estudiante universitaria, a fines de los noventa, cuando la extensa investigación de Rogelio Díaz-Guerrero –pionero en el desarrollo de la psicología experimental en nuestro país– era uno de los temas favoritos de mis compañeros, entre clase y clase.

El mexicano pasivo y obediente-afiliativo es, según estos estudios, el tipo más común en la sociedad mexicana; se encuentra particularmente en las áreas rurales y en las provincias del centro y del sur de la República. Otros de los tipos más comunes son el “Rebelde activamente autoafirmativo”, el tipo con “control interno activo” –que trasciende la tradición y goza de gran libertad interna–, y el tipo con “control externo pasivo” que, diríamos, reúne en sí mismo los aspectos más negativos de nuestra cultura, entre los que destaca el machismo.

En esta búsqueda por reconocerme en los otros, llegaría también a mis manos el imprescindible ensayo de Octavio Paz, El laberinto de la soledad, donde se hace patente nuestra soledad interna, nuestro juego de máscaras y la búsqueda de identidad en una nación que no ha llegado a la madurez, que es, aún, adolescente.

Díaz-Guerrero y Paz, uno desde el estudio metodológico y el otro a partir del ensayo literario-filosófico, aportan su visión para desentrañar lo que nos configura como pueblo.

Un trabajo, sin duda precursor del estudio antropológico contemporáneo es el de Oscar Lewis, que en los años cincuenta del siglo pasado reseñó vivencialmente la situación de cinco familias, habitantes de la ciudad de México. Su originalidad consiste en mostrar la pobreza no sólo como un estrato socio-cultural, sino como un estilo de vida arraigado en la conciencia. La edición del libro Antropología de la pobreza, del Fondo de Cultura Económica, es accesible para apreciar esta investigación.

Reflexiono, de manera particular, sobre estas cuestiones. En la vasta región huasteca que, ya sabemos, abarca fracciones de seis estados, vemos numerosos escenarios donde los extremos, la pobreza y la opulencia; la identidad y el desarraigo, se tocan.

Aún ahora, entrado el nuevo milenio, por ciertos rumbos de la Huasteca –también en otras áreas del país–, se alude únicamente a las personas de piel blanca como “gente de razón”. Me parece que este tipo de percepciones extremistas, que subsisten desde tiempos de la conquista, son parte esencial de los elementos que no nos han permitido dejar atrás el nivel de pueblo subadministrado. Que nos conforman, a pesar de nuestras riquezas naturales, lingüísticas y sociales, como una nación esencialmente en conflicto y con numerosas áreas marginadas.

En esta época en que los intelectuales ya no son líderes de las masas, nos queda asumir mayores responsabilidades como individuos. Siguiendo los preceptos Jungianos diré que sólo a partir de la individuación podemos, de manera íntegra, ser parte de la comunidad. ´

6.11.10

Ilhuititla o Xantolo: la comida de los difuntos

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas. Martes 2 de noviembre de 2010.

¿Por qué insiste el pueblo mexicano en celebrar a sus muertos? La modernidad no erradicó este arraigado culto, antes lo ha ido transformando en formas diversas hasta llegar a nuestros días en que lo posmoderno y lo antiguo se mezclan para dar lugar a danzantes, entre las tumbas, con máscaras de robots o de demonios.

Escribo estas líneas mientras el aroma del copal envuelve mi cuerpo como una mortaja terrosa. Frente a mí el altar enflorado con cempasúchil, palmilla y mano de león. Sobre un mantel bordado humean las tazas de chocolate caliente. Una tolvanera azucarada salta desde las piezas de pan hasta la orilla de los canastos de palma. El fuego manso de las veladoras se alarga por instantes como queriendo alcanzar los arcos: las puertas del inframundo.

Como cada año por estas fechas he vuelto al norte de Veracruz, a los escenarios de mi niñez. Rojos y amarillos intensos me reciben. Calles olorosas a mandarina y lima de chichi. Es un verdadero placer andar un rato en estos pueblos que, si bien no están exentos de grandes males, aún tienden sobre los caminos un remanso de pájaros y árboles.

El sábado pasado estuve en Chicontepec, uno de los poblados más antiguos de la huasteca veracruzana. No hace mucho, en su biblioteca municipal, me encontré un pequeño libro escrito por Arturo Gómez Martínez, Ilhuititla o Xantolo: la comida de los difuntos (Ediciones Ecos, Extensión cultural del periódico Ecos de Coscomatepec, 1995). Entre otras cosas, uno puede leer sobre las raíces semánticas de los términos y la preparación de los alimentos que identifican la festividad mayor de los muertos, celebrada del 30 de octubre al 2 de noviembre.

Xantolo está compuesto por dos palabras españolas, adaptadas a los sonidos propios del náhuatl: “Santo” (xanto) y “Todos” (tolo). Como en lengua náhuatl no existe el fonema “d”, éste se convierte en “l”.

Ilhuititla significa fiesta o ceremonia. Las compras realizadas por la gente, en la plaza, antes de la festividad, se denominan “domingo grande” (hueyi domingo).

En Tantoyuca, otro de los pueblos más vetustos, lo característico de estas fechas son las “viejadas”. Grupos de danzantes en los que la cristiandad, la globalización y el eco de las costumbres prehispánicas se vuelven una sola expresión.

Hoy, dos de noviembre, “Día de la Bendición”, las familias brindarán con atole de maíz o de naranja en el camposanto, a la salud de los difuntos. Las capillas mortuorias se llenarán con ofrendas de tamales y de todo aquello que más le gustaba al que ha cruzado el umbral del otro mundo. Las cuadrillas de Viejos, encabezadas por el vaquero que toca el cuerno, bailarán sones como “El Huehue” y “El ánima sola”.

Hago mía la reflexión de Miguel León-Portilla cuando dice que la espiritualidad mesoamericana está lejos de desaparecer.

En un año en el que todos los días han sido Día de Muertos, celebrar nuestro Xantolo puede resultar irónico. Pero debajo de estos rituales, de la embriaguez y de la danza, hay una pulsión relacionada con el “ser humano”, con la existencia misma y la eterna pregunta de a dónde vamos al cerrase para siempre los telones de la tragicomedia que es la Vida.