DE LANZA EN ASTILLERO Y ADARGA ANTIGUA

La Poesía como Destino.

23.8.10

La embriaguez de los sentidos o la Lucha por permanecer

Imágenes del Museo Histórico de la Sierra Gorda,
en Jalpan de Serra, Querétaro.

El mitote: rito y embriaguez.
(Mitola en náhuatl es "bailar")


Palma y barro.
Artesanías de los pames.


Detalle de la fachada de una de las misiones franciscanas
de la Sierra Gorda. Réplica a escala.

Por mi sierra queretana
una tradición perdura
porque la "caña" es ricura
para la gente serrana

.
[...]
.
Atízale alambiquero
que la lumbre se empareje,
que la caldera no deje
de roncar con su hervidero

El recuerdo escarpado del silencio.




Fotografías:
Marisol Vera Guerra

19.8.10

Los dueños de la tierra

Cuentan los teenek del norte de Veracruz que hace mucho tiempo, cuando Dios no estaba aquí, el Sol no existía. Sólo había oscuridad y tinieblas. La gente de antes se llamaba aatslaabtsik. Eran los antiguos, los dueños de la tierra. Tenían tres pies; no comían, se alimentaban del puro olor de la comida y por lo tanto no defecaban. Cuando llegó el Sol tuvieron miedo de morir por su fuego y se metieron en la tierra, de cabeza.

Fueron estos antepasados, al querer esconderse, los que hicieron los cerros y las zanjas para taparse y no ver el Sol. Los que no rechazaron la luz se quedaron a vivir en el mundo; los otros, los que intentaban huir, perecieron. Estos que ahora están dentro de la tierra son los Baatsik’. Enojados con la gente que se quedó a vivir en la luz, le hacen mucho daño. Primero se robaban a los animales y a las personas. Hoy se llevan nuestro ch’ichiin (el alma del pensamiento o energía vital) para espantarnos. Cuando alguien se cae al caminar o tropieza, se espanta y es de ellos (se vuelve su pertenencia).

“Cuando nosotros vamos a orinar por un lado ¿quién lo recibe? –La tierra. Cuando vamos a ensuciar por un lado ¿quién lo recibe? –La tierra. Por eso la tierra está enojada con nosotros, porque la llenamos con mucha suciedad.” Por eso hay que hablarle, echarle un poquito de aguardiente, decirle que vamos a vivir aquí un rato. “Hay que decirle que no somos los dueños del mundo […] No nos vamos a apropiar de las cosas que hay aquí”.

Este mito fundador, llevado desde la tradición oral hasta el papel por la antropóloga francesa Anath Ariel de Vidas (El trueno ya no vive aquí, Colección Huasteca. 2003), permea gran parte de la vida cotidiana de los teenek veracruzanos, que se consideran descendientes de los aatslaabtsik.

Menciona Ariel de Vidas que en un mito recopilado por Alcorn entre los teenek potosinos se habla también de una raza prehumana (de características monstruosas, que viven más allá de los confines de la civilización), unos gigantes llamados Links (“culo achatado”) o Mut’in (“aquellos cuyo desarrollo se detuvo al nivel del mono”).

Hoy en día los teenek ocupan solamente una parte del territorio sobre el sudeste del estado de San Luis Potosí y el norte del estado de Veracruz. El resto de la extensa zona considerada Huasteca está habitada por mestizos y diversos grupos indígenas como nahuas, pames, tepehuas y otomíes.

En general, los teenek (al igual que otras comunidades étnicas) han sido orillados a vivir en lomeríos y regiones abruptas, con pocas posibilidades de mejorar sus condiciones de vida. Las partes más fértiles del territorio, por ejemplo las grandes llanuras aptas para la ganadería, quedan fuera de su alcance. Esto como producto de una sociedad tácitamente basada en preceptos de dominación del más poderoso. Siglos de marginación hacen que el huasteco actual menosprecie su propio valor cultural.

Nos haría bien, a todos los habitantes de la Huasteca, recordar que sólo estamos aquí de paso. Hay que andar a pie, escuchar el quejido que brota desde las entrañas terrosas de los montes. No somos los dueños del mundo, y algún día el Sol regresará por su sendero de luz a la cuna de donde emergió.

15.8.10

sobre los mismos pasos


desandar
.
no es un camino (apenas el rastro de los que se extraviaron)
todas las calles son YO

12.8.10

En el corazón de la Huasteca Queretana

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas. Martes 10 de agosto de 2010

Las nubes no están aquí, dormidas en su lecho montañoso, como las encontré hace años. No se ve la desnudez de la roca en escarpado sueño de cinabrio. Lo que domina el paisaje es un ejército de árboles erectos, verdes, envueltos en la media luz del atardecer.

La Sierra Gorda, abrupta sección de la Sierra Madre Oriental, me recibe con sus mejores galas de verano. Las lluvias han dejado su rastro esmeralda entre las piedras. Sólo con la mirada puedo acariciar los pliegues de tierra color marrón, amarillo y negro que bordean, a ratos, la sinuosa carretera.

Llego a mi destino, Jalpan de Serra, pueblo de la Huasteca Queretana al que siempre es un placer visitar.

Colindante con el estado de San Luis Potosí, Jalpan se encuentra situado en la región norte de Querétaro. Su nombre proviene del náhuatl xal (li), “arena”, y pan “sobre”, que quiere decir “sobre la arena”.

El lugar es hermoso. El Sol despliega su manto dorado sobre el adoquín de las calles, tan limpias como el cielo.

El cronista Roberto Berrones Montes dice en su libro sobre Jalpan, que las investigaciones actuales hacen suponer que su cultura empieza entre los 500 y 600 años d.C. “Los vestigios de cerámica de procedencia teotihuacana así como huasteca atestiguan los asentamientos prehispánicos no solamente en el municipio de Jalpan, sino en todo un radio de acción en esta región serrana, de tal forma que olvidamos que las tradiciones y costumbres que nos quedan fueron, en su mayor parte, la herencia legada por los huastecos [...]”

Al centro de la población se yergue el templo franciscano, construido entre 1751 y 1758, la más antigua de las cinco misiones de la Sierra Gorda. Obra en la que participó directamente Fray Junípero Serra, originario de Petra de Mallorca, España.

En la fachada de la parroquia, entre diversos símbolos religiosos, se observan las imágenes de la virgen de Guadalupe y la virgen del Pilar, clara alusión al vínculo entre México y España.

La gente entra con devoción, no falta quien moja las yemas de sus dedos en el agua bendita, quien deja una fotografía prendida con alfileres de esperanza para el Santo Niño de la Mezclita: un Niño Dios llevado de Guanajuato a la comunidad de la Mezclita en 1950 (ya desde el siglo XIX se le atribuían milagros), y finalmente traído a la misión de Jalpan. Los días 5 y 6 de enero se reúnen quince o veinte mil personas provenientes de las comunidades y aun de otros estados, en la que se considera la fiesta más importante del municipio.

Yo celebro a esta tierra mestiza. Amo el fuego que crece en las pupilas de los pames, la tersura bronceada de sus manos mezclándose con la palma, dura y maciza, para hacer de los canastos su propio cuerpo. Amo la danza del viento sobre el lomo de los cerros.

Atardece.

En el corazón de la sierra la eternidad me aguarda.

8.8.10

La Huasteca Queretana

Jalpan de Serra, Querétaro
(1) La misión de Jalpan (1751-1758). De las cinco misiones de la Sierra Gorda fue la primera en construirse. Participó directamente Fray Junípero Serra, originario de Petra de Mallorca, España.

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(11) Monumento a Fray Junípero
(12) Mundo acuático

(13)
(14) Amanecer en la Sierra Gorda
(15)


Fotografías:
1-8, 10-12 y 14-15, Marisol Vera Guerra
9 y 13, Sergio Ceja

4.8.10

Tampico siempre será lo azul

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas. Miércoles 4 de agosto de 2010.

Un cronista es un observador. Un gran ojo que mira por el catalejo y el microscopio, desde el panorama general hasta las minucias del entramado social. Un cartógrafo que va trazando, de a poco, nuestro Atlas memorioso.

Imagino el proceso de investigar la Historia como recorrer una inmensa playa (aludo a la analogía del científico polaco Mandelbrot para definir los fractales): entre más cerca de la costa caminemos más detalles encontraremos a nuestro alrededor, notaremos las irregularidades entre la arena y las pequeñas conchitas que, en una vista panorámica, se pasan desapercibidas; la distancia por andar será infinita. Mientras menor sea la dimensión del caminante mayor será el número de particularidades que le sorprendan; siempre podrá acercarse más a la orilla sin llegar completamente.

Así, en la Historia, jamás se arriba a la última frontera. Se requiere, para ampliar el mapa de los acontecimientos nacionales, mirar con atención cada estado, cada población, y el rostro de ciertos individuos cuyo conocimiento nos enriquece.

El padre Carlos González Salas, nombrado cronista de Tampico en 1976, fue un ojo observador, explorador de este puerto que devela piratas y romances, cómplice de poetas, a quien se le dio también el gusto por la Palabra.

Hace dos semanas esta ciudad, que le vio nacer, lo acogió de nuevo en su seno.

Tengo la impresión de que cuando muere el cronista de un pueblo algo del espíritu de éste se va con él. Pero, como una fruta nueva, renacerá toda vez que alguien se nutra con su legado.

El trabajo hecho por el padre González Salas no fue la disección fría de datos acumulados en una mesa de laboratorio, sino la narración amena que, sin perder objetividad, tendió un puente sólido entre la gente y los hechos históricos. Traigo a colación la frase de Benedetto Croce, citada en el libro Tampico es lo azul: “Toda historia es historia actual”. Sin duda, volumen imprescindible para ampliar el conocimiento de nuestra patria chica, desde el Tampico huasteco hasta los tiempos modernos.

Esperemos, en los años venideros, plumas navegantes que sigan cantando al origen: “Otra vez límite horizonte / azul ante mí. / Otra vez todo el mar, / convirtiéndose en espuma.”

3.8.10

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porque el horror es un imán en sus labios
porque la noche es un funeral delicioso y perverso en esas páginas
porque sus poemas son leones en un jarrón, que se multiplican al mirarme