La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora mexicana Marisol Vera Guerra

20.8.13

El oleaje de aguas densas de Gloria Gómez Guzmán

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas, miércoles 31 de julio de 2013.

Por fin está en mis manos Aguamala y otros poemas, Gloria tuvo a bien obsequiármelo, a fines de junio, después de su lectura en Los Santos Días de la Poesía, y desde entonces he acudido a sus páginas como un animal sediento a un abrevadero. No diré que no lo conocía, que no había bogado entre sus letras, que no poseía ya un sitio en mi imaginario personal, mas no tenía la fortuna de abrazar el libro, de conversar con él en mi mesa y de llevarlo de compañero de viaje. Llámenme anticuada, sigo prefiriendo el olor de la tinta –con el riesgo de encontrar alguna termita u otro bicho anidado en las hojas– a la aséptica pantalla de una computadora.

     Esta colección de poemas, editada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y la Universidad Autónoma de Nuevo León en 1998, fue amasada lentamente en el crisol de los años, desmenuzando imágenes e insomnios entre miles y miles de textos que nunca verán la luz,  aunque su autora –ella misma lo ha dicho– se haya acarreado “acres recriminaciones de los editores, pero también efusivas felicitaciones y hasta cartas de buena conducta expedidas por el gremio”.

     “A veces me preguntan que por qué escribo –dice Gloria en la solapa del volumen–. Lo he pensado en el transcurso de una madrugada iluminada por el terrífico resplandor de un foco de 100 watts y no he llegado a conclusión más profunda que la siguiente: cuando se ocupa el doceavo lugar de una familia miserable uno empieza a hablar solo muy pronto”.

     El libro comienza con humor y elegancia “en defensa de algunas especies que amenazan con no extinguirse”; vemos desfilar mosquitos, piojos, cucarachas, y otros animalejos que le sirven a la poeta como metáfora para describir al género humano, sus abismos y venturas. Luego viene el oleaje de aguas en las que va soltando, de a poco, trozos de su historia personal que, de alguna manera, es también la historia de cientos de mujeres, de cientos de hombres, porque –lo he dicho y lo reitero– el Yo de Gloria es un Yo colectivo, un Yo que en la sencillez de su dolor se hace universal: 

cuando uno tiene un pasado insoportable 
uno no tiene poder alguno sobre él 
está ahí 
como un bulto de ropa sucia 
que ningún detergente conseguirá limpiar.


     Aguamar, Aguapalabra, Agualumbre, densas aguas fluyen en un diálogo íntimo y ascendente, como la marea en el puerto de Tampico, donde palpita la huella de la época que le ha tocado vivir a Gloria Gómez Guzmán, para que ella nos diga: “Poeta es aquel que sólo se dirige a los otros cuando habla consigo mismo”.


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