DE LANZA EN ASTILLERO Y ADARGA ANTIGUA

La Poesía como Destino.

31.8.09

hábitat

no estaba en Cheshire

Schrödinger
olvidó
verificar la caja

26.8.09

tiempo sin orillas



El Patronato de Bibliotecas Municipales de Tampico
en coordinación con La Casa de la Cultura
presentan
el libro de poemas
Tiempo sin orillas
Voces de Barlovento Editores

Autora: Marisol Vera

Presentación: Eduardo Uribe
Colaboración especial: Arturo Castillo Alva
Moderadora: Ana Elena Díaz Alejo


Viernes 4 de septiembre de 2009
19 horas
Biblioteca Municipal Isaura Calderón
(Casa de la Cultura de Tampico)

Entrada libre. Vino de honor.


de libros y de lirios

¡Ah del barquero!
...........Sueño, en tu barquilla,
llévame por el río de la noche
Hasta la margen áurea de otro día...!
José Juan Tablada
.



el libro como animal vivo, enjaulado entre las miradas
el polvo...............la exactitud de los espacios en blanco
.
(una flor o un fantasma)

los lirios danzan
su falda púrpura inunda el jardín (la circunferencia de las palabras)

.

impresiones acerca del libro Un día... Poemas sintéticos, de José Juan Tabalada. Conaculta.

Cartografía de los sueños

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas. Domingo 23 de agosto de 2009

Nací cerca del Atlántico, en Tamaulipas, este elefante surrealista atravesado por el Trópico de Cáncer, donde las húmedas corrientes del sur alternan con la respiración de la sierra. Los calores. La lluvia (apenas). El tráfico en las avenidas.

Dejé anclada mi niñez al norte de Veracruz, entre las lomas y las pozas, los cocuyos y los caminos de cempasúchil. Una mañana de resplandores salados retorné a la orilla del mar. Tampico, sus casonas y sus plazas. La Aduana. Las tortas de la barda. Este rumor de arena rasgada por el aire.

Allá por 2002 mi quehacer docente me llevó hacia Pánuco, uno, dos, tres años. Iba y venía entre aquellos rumbos tantas veces andados por la gente de los pueblos mesoamericanos.

¿Puede uno mirarse en el espejo, sin sentir nostalgia, después de ver a los pescadores apuntalando el día? Cómo no evocar a todos los navegantes que han dejado su huella invisible en esta ribera. Imaginar lo extenso de la corriente, punto de partida y retorno de los sueños. Las gaviotas en vilo sobre las aguas mansas. La Villa de Santiesteban del Puerto. Panutla. Lugar de paso.

No sé si te has recostado, alguna vez, junto a la frescura del río, cerrado los ojos con la confianza de estar en un sitio amigable. Las personas aquí parecen no tener prisa. El tiempo es una bestia echada en el asfalto.

Una tarde llena de hojas amarillentas me mudé a Madero, la ciudad olvidada, con su cielo anaranjado, los espasmos del fuego, la lengua roja de las chimeneas. En sus parques aún reina la quietud. Si caminas por la Avenida Obregón y cruzas las vías del ferrocarril, más allá del Corredor Industrial, encontrarás el filo del Océano. Los médanos bañados por el Sol. Las algas trepadas en la roca y en los troncos de corteza mojada.

Hasta hace una semana Altamira me sonaba distante (aunque bien queda a la vuelta de la esquina), al margen de mi realidad inmediata. Ahora trabajo aquí, en una escuela preparatoria. Todo se dio de pronto. Cinco días para mudarme de casa, de empleo, de ciudad, de rostro.

Pienso en la mar. Aquí están mi puño y la letra. Un vado en medio de las horas (que pasan y se alejan). Recuerdo aquel poema de Bukowski: Agua y luz y tiempo y espacio.

No hay gente de un solo lugar, digo. ¿No somos viajeros de la cotidianeidad, cartógrafos que trazamos, con una resbaladiza escuadra, el mapa fugaz de nuestros días?

22.8.09

Arihagne



se fuga
.........el tiempo
laberinto luminoso
.
la pared (sueño de tirol y polvo)
.
él duerme
y
Arihagne espera
atada al cuello (por su propio hilo)

18.8.09

mudanzas





tarde
ahora (a dónde irán los días)

15.8.09

Un día en Xilitla

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas. Domingo 9 de agosto de 2009

¡Qué ganas de no salir de Xilitla! No hay colores más intensos que el verde y el azul de su corazón. Un verdadero cuadro impresionista. ¿Qué habría pintado Monet de haber vivido aquí?

“Lugar de caracoles” es el nombre que los nahuas le dieron a este pueblo que antes había sido llamado Taziol, por los huastecos. Nos encontramos en las estribaciones de la Sierra Madre Oriental, a un saltito de los estados de Hidalgo y Querétaro, en San Luis Potosí.

Cuando uno ve la Estrella Matutina ardiendo a la mitad del cielo no puede sino dejarse caer sobre la hierba, abrir los brazos como un árbol, beberse el amanecer a sorbos lentos y pausados.

Los hombres saludan al pasar junto a nosotros. Una voz fresca y familiar, como si nos conocieran desde hace años. Las nubes, que por la noche bajaron a descansar entre los cerros, ascienden, silenciosas y tranquilas. Nuestros ojos no acaban de asombrarse.

El Ex Convento Agustino está en pie, desde el siglo XVI, esperando a que entremos. Sus almenados muros olorosos a sangre, ceniza y pólvora guardan las agitadas voces del tiempo. Escenario de intensas batallas que van de los ataques chichimecas a la guerra Cristera.

Caminemos ahora por la plaza, donde expanden sus dominios el musgo y el rocío. La gente ha puesto el café desde temprano. Los aromáticos granos cultivados en esta región viajarán a lo largo de la Huasteca (y lugares distantes). Llegarán a nuestra mesa, en Tampico, mezclados con los de otras zonas del país.

¿Quieres algo surrealista?, ¿ir del reino de la luz al del sueño y el delirio? Vayamos a Las Pozas, toquemos el agua cristalina que pule los guijarros, subamos por las escaleras del Castillo. Puertas que dan hacia otras puertas. Habitaciones sin paredes. Flores de piedra. Escalinatas que se fracturan en el vacío. Es el jardín de los deseos, nacido de la imaginación del europeo Edward James hace más de medio siglo.

No cesa el rumor de las cascadas. El perfume antiguo de la selva.

Aquí no hay fronteras entre la realidad y el mito.

Qué ganas de quedarme en Xilitla. Acostada boca arriba en un lecho vegetal. Ser de humo y arena. Planta silvestre que se abre a la polinización.

Mira el firmamento. Hemos caminado todo el día. El crepúsculo tiñe de rojo el horizonte. ¿Qué tal si esperamos a que emerja otra vez del silencio la Estrella Matutina?

9.8.09

Imágenes memorables


Niña tének. Mantezulel, San Luis Potosí


Tamohi. San Luis Potosí


Tajín. Veracruz


Pirámide del Sol. Teotihuacan


Fotografías: Marisol Vera Guerra

5.8.09

Todos somos hijos del maíz

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas. Domingo 2 de agosto de 2009

Entre las cosas que nos identifican como mexicanos se encuentra, definitivamente, el gusto por el maíz. Las tortillas no faltan en nuestra mesa –aún cuando han subido de precio.

“Únicamente masa de maíz entro en la carne de nuestros padres” leemos en el Popol Vuh, libro sagrado de los quiché de Guatemala (recordemos que la visión religiosa era, en esencia, una misma en toda Mesoamérica, con variantes en cada región).

Tal vez hayas oído, en la Huasteca, las hermosas leyendas en torno al origen de este preciado alimento. Se dice que Dhípak, el dios tének del maíz, fue concebido por una muchacha que había sido encontrada dentro de una calabaza (cuando era una criatura) por la anciana K´olénib. Un día la abuela, sin saber que se trataba de un dios, metió al niño en un hormiguero para deshacerse de él, porque era muy revoltoso. Pero las hormigas no le hicieron daño y Dhípak brotó de la tierra convertido en un enorme maizal. K´olénib lo taló y éste volvió a crecer; cortó luego las mazorcas y echó los granos al río. La deidad surgió de nuevo y poco después se convirtió en nuestro sustento.

En la cultura tének cada color de maíz es identificado con uno de los cuatro rumbos del cosmos: el amarillo representa el Sur, de vientos calientes asociados al Sol; el blanco es el Este, de donde se reciben vientos favorables para las cosechas; el azul concierne a los vientos llamados nortes y se asocia con la muerte; el rojo se relaciona con la puesta del Sol y con la muerte.

Hace poco, en la revista “Ciencias” de la UNAM (volumen 92-93; octubre 2008-marzo de 2009), leí un artículo de Eckart Boege. Menciona que México es centro de origen –de la domesticación– y diversificación genética del quince por ciento de todas las especies que constituyen el sistema alimentario mundial. ¿No es maravilloso contar con este patrimonio nacional?

Reflexiona Boege que la mayoría de los maíces indígenas ha quedado al margen del desarrollo globalizado y de las mejoras vegetales por parte de las instituciones. Nuestro campo está lleno de especies vigorosas, preservadas gracias al conocimiento de los labradores, que ahora requieren mayor atención de la sociedad y los gobiernos.

El inquieto Dhípak brota por aquí y por allá, cerca de los ríos, entre las anchas lomas, en la llanura. Quiere seguir siendo el sustento de los hombres.

¿Podemos preservar y mejorar los recursos originales de nuestra tierra?, ¿Tú, qué piensas?

la hora del té


Ophelia busca la infusión de hojas del sueño
(la oigo cantar)

3.8.09

el ángel de lo singular


al otro lado de la ventana crecen los rumores del viento

geometría en gris


líneas a punto de doblarse
(la curvatura de la memoria)