La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora mexicana Marisol Vera Guerra

4.5.15

sobre el suicidio


Me he encontrado que muchas más personas de las que uno imagina, al menos una vez en su vida, consideran seriamente la posibilidad del suicidio. Para la mayoría no pasa de ser una idea que ronda en su mente como un fantasma; otros acarician de vez en cuando la navaja de afeitar o el frasco de pastillas, observan melancólicamente las avenidas cruzadas por veloces autos y suspiran al ver cornisas altas; los menos de veras lo intentarán un día, unos lo lograrán, otros terminarán en el hospital o en los brazos salvadores de algún amante, familiar o amigo al que las Parcas hicieron llegar en el momento preciso.

He leído muchas apologías sobre los suicidas. Particularmente no me parece un acto heroico, ni creo cabalmente en esa idea de la decisión, cuando muchas veces esto obedece más a una compulsión que a un ejercicio pleno de la voluntad. 


Claro, hay suicidios nobles, suicidios poéticos, suicidios estéticos y épicos. La mayoría de las personas se suicida lentamente a través de las drogas cotidianas, desde la comida chatarra, pasando por el alcohol, hasta estas benditas redes sociales.

¿Tiene derecho el suicida? Supongo que sí; supongo que no; supongo que "depende". Encontraremos detractores y seguidores de cada postura.

¿De qué se salva realmente el suicida? No practico ninguna religión que me haga esperar un Cielo, pero, ¿quién me dice que algo de esta consciencia que nos ha habitado no persistirá en la noche oscura del alma? Así como nuestras partículas puntuales o cuerdas (según la teoría física que más nos guste) volverán a ser parte de esa sopa estelar que vaga entre las galaxias (o entre los fríos espacios del tiempo), acaso también la energía de nuestra mente, ese yo individual, pase a integrar un yo cósmico. 

Hay quienes tienen certezas. Pienso en la poesía como mi única certeza, aunque esta sea infinitamente inalcanzable.

Mientras la madrugada desteje sus hilos inagotables mis pensamientos se estrellan contra la ventana, pequeños, temblorosos, palpitantes. 

¿Y si la muerte es una eterna pesadilla de la que no se puede despertar?

Pero me presiento en otra vida, completa al fin, con esa otra yo desmembrada de mi carne, convertida en un ser oscuro y alado que sobrevuela los acantilados y los mares.


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