Literatura & Psicología

15.9.11

Sucesión de eventos soñados un domingo

I

Una mujer está llorando y en cada sollozo la piel se le rasga, se rompe; saltan los tendones, los músculos expuestos, rojos, calientes.
Llora hasta convertirse en una masa escarlata, sin forma, olorosa a metal oxidado.

II

Veo a mi hijo dormido plácidamente dentro de una bañera. El agua lo cubre por completo. Me acerco temerosa y al tocarlo su cuerpo se abre a la mitad como una cáscara de plástico transparente.
A la altura del pecho sólo hay un pequeño motor y un par de baterías.

III

Veo a mi esposo recargado en una barda hablando con dos muchachas. Me enfadan sus poses insinuantes.
De pronto estoy escribiendo un poema en mi laptop y a mi lado pasa un hombre vestido con tutu blanco y pantimedias a cuadros; trae zapatillas de tacón de aguja y no tiene cabeza.

Regreso al lugar donde está mi marido. Estudio las proporciones de los tres cuerpos. Mujer-hombre-mujer. Comienzo a palpar sus (3) carnes con deleite.

                  Despierto


Soñado el 11 de septiembre

13.9.11

Qué aburrido es pensar

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas. Martes 13 de septiembre de 2011.

Decía Einstein que el estudiante debe “adquirir un vigoroso sentimiento de lo bello y de lo moralmente bueno. De otro modo, con la especialización de sus conocimientos más parecerá un perro bien adiestrado que un organismo armoniosamente desarrollado”.

Con la disculpa que los cánidos nos deben, ya que ellos (cuando no caen en las garras de humanos insensibles) simplemente viven de acuerdo a su naturaleza, no podemos esperar que reine la concordia si antes hacemos a un lado aquello que puede afinarnos los sentidos y el pensamiento crítico: las artes y la filosofía.

Einstein hablaba de especialización, pero ni de eso podemos presumir en el México actual, con tantas lagunas dentro de la educación formal. Los planes de estudios se aceleran, las materias técnicas se ven a medias y las del área de humanidades se desechan, en la prisa por abordar el avión que llevará a los jóvenes a ese mundo lleno de promesas llamado Futuro. Pero, ¿qué futuro es éste en el que el acto de “pensar” parece sustituirse rápidamente por un “copy-page”?

Trabajo como profesora universitaria y, en contra del prejuicio de algunos otros profesores –quienes aseguran que “el alumno es apático y desinteresado”–, he encontrado en las nuevas generaciones una sincera curiosidad y una disposición hacia el conocimiento. No es raro que sean el internet y la televisión sus principales mentores. Con frecuencia encuentran allí un universo mucho más rico, diverso y colorido que en las enseñanzas de padres y maestros.

A quienes nacimos a fines de los setenta o a principios de los ochenta, nos tocó aprender primordialmente de los libros (de ahí nuestro mayor desarrollo del hemisferio izquierdo del cerebro, encargado del lenguaje), cuando éramos niños, y ver el arribo del Internet, su rápida colocación en nuestras vidas (medio principalmente visual y que requiere mayor desarrollo del hemisferio cerebral derecho). Como crecimos en medio de la transición tecnológica tendemos a equilibrar un tanto más que otras generaciones las herramientas de ambos mundos.

La verdad, no me gustan las etiquetas, eso de los baby boomers, la generación X o Y, porque, si bien nos dan un referente de época suelen ser incluyentes en sus descripciones, y en un país como México, donde tantas realidades convergen, antes de etiquetar tendríamos que ver el entorno cultural y el estrato socieconómico de la persona.

Esta abundancia de información es engañosa. Los chicos tienen acceso a muchos datos (y esto les da una sensación de “poder” ante sus mayores, quienes a los 30 o 40 años parecen saber menos que ellos, al menos en cuestión de tecnología), la verdadera reflexión, el juicio crítico, sólo pueden desarrollarse a través de disciplinas como la filosofía, el diálogo inteligente, la confrontación de la experiencia.

“¿Queremos formar o sólo queremos instruir?” se pregunta Guillermo Hurtado, Director del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, a propósito de la labor docente. ¿Será que el estudiante universitario, mayor de edad, ya no necesita “formación”? Recordemos que, de acuerdo a la neuropsicología, la corteza prefrontal (involucrada la regulación del comportamiento dirigido a metas) no termina de desarrollarse hasta pasados los veinte años.

Los maestros podemos seguir embarcando a los estudiantes en su viaje hacia el Futuro, sin preocuparnos por saber si han trazado un plan de vuelo, o tratar de fungir como facilitadores, para lo cual, por supuesto, hay que estar al día.



11.9.11

Cronología

a los 7 años, mi primer poema
a los 15, mi primera compu (y mi deserción de las religiones)
a los 16, mi primer novio
a los 20, mi primer trabajo formal
a los 21, mi primer depa
a los 23, mi primer esposo
a los 26, mi primer libro (y mi primer divorcio)
a los 27, mi primer viaje a la frontera-sur
a los 28, mi primer hijo

de ahí en adelante ya todo (ha sido) será cíclico