Literatura & Psicología

26.1.10

la bondad


ahora duerme, apretujada, como una muñeca de papel de estraza, en la habitación de un hotel. Sueña corderos y granadas en el resplandor amarillo de las lámparas.
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Todo el día buscando al “chino” en los suburbios del viejo puerto. Hace un año (quizá menos) fue lo mismo (hace veintidós, también).
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Aún creía en las hadas cuando pasó la noche en una piquera, junto al vómito y la tristeza de los mendigos. Acariciaba un manojo de bucles negros con la devoción de una santa (aquella frente era la de un ángel).

Apenas un cuerpo bajo el peso de sus párpados.
Negros hilachos en el vacío. Gotas de aceite en la escueta laminilla de Dios.

Mañana el mar estará lleno de petróleo y de niños comiendo monedas -echando pelotas al otro lado del mundo. Y cada vez que Ella pregunte por su hijo
la gente
sonreirá

.........................bondadosa

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22.1.10

Umbral [divagaciones]

1.
Cuando uno toma consciencia de su ser comienza a sentir la necesidad de recordar.
Desde los antiguos mapas megalíticos del cosmos hasta la construcción equilibrada de un soneto, el único propósito del hombre ha sido permanecer en el mundo.

2.
Toda obra de arte es, en esencia, una organización de elementos matemáticos cuyo centro es la memoria; toda construcción estética del Pensamiento nace a partir de ésta y se levanta como algo que intenta transgredirla sólo para volver, sisífica, hasta el punto de partida.

3.
En un instante, alguien en el interior de una caverna se detiene a escuchar la sinfonía de los árboles y el viento; le da nombre a este concierto primordial. La nueva palabra contiene, ahora, el bosque.
....El hablante se halla en el umbral del venero poético.

21.1.10

la palabra y la memoria: por qué reseñamos a nuestros poetas

Publicado en la Razón. Tampico, Tamaulipas. Jueves 21 de enero de 2010
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¿Quién puede hacer una constante reconstrucción del mundo –la búsqueda de quienes somos–, con una mirada crítica y sensible a la vez, apuntalada por la experiencia, pero capaz de observar los objeto desde una cierta inocencia?

El artista, ¿no te parece?, tiene la sensibilidad para transfigurar en sus obras el acontecer de una época o, incluso, adelantarse a ella a través de un poderoso ejercicio de la imaginación. El verso bien construido, animado por la intuición y la inteligencia, reflejará el pulso de la historia, así sea desde el sentimiento nacionalista que busca comprender el espíritu de un pueblo, a la manera de Alfonso Reyes, o desde la intimidad Villaurrutiana de silencios y estatuas, o –tomando como referencia nuestro Estado– a través de los cantares amorosos de Isaura Calderón o del Tampico anclado en la nostalgia de Arturo Castillo Alva. Aún en aquellos poemas fincados en el Yo, dentro de la atmósfera más personal –o precisamente por ello– se alcanza la esfera de lo social: la presencia colectiva. Aquel texto que mejor refleje la sustancia de la naturaleza humana, en relación con su momento histórico, quedará impreso en las páginas del Devenir.

No estás obligado a sentir gusto por la Poesía. Leerla es un placer personalísimo. No tiene utilidad práctica, si la vemos con ojos de empresarios. Mas, es indudable que una obra no es un hecho aislado y, lo consideremos o no, de alguna manera nos refleja. No vamos a detener proyectiles con poemas ni a curar el Ébola con un endecasílabo perfecto, aunque nos gustaría que esto fuese posible. Pero, definitivamente, el mundo es un lugar más habitable cuando le abrimos las puertas a la Belleza y, al sensibilizar nuestros sentidos, brotan en nuestro organismo las cualidades más elevadas del ser humano. Claro, a veces las imágenes pueden ir decantadas en un vaso doloroso, con metáforas crudas y punzantes, otra forma de interpretar lo bello.

Lo maravilloso de la Poesía es que, aunque nace a partir de un contexto, es intemporal, y constituye un eslabón en la búsqueda (o la negación, que es otra manera de afirmar lo que no se dice) del sentido de la vida. En la necesidad de escuchar esta voz, que es también la nuestra, radica la importancia de conocer y reseñar a nuestros poetas.

En el cometido de establecer un tiempo y territorio propios para la creación surge el Encuentro de Escritores Los Santos Días de la Poesía, coordinado por la poeta Celeste Alba Iris, proyecto que ha recibido para este año el respaldo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. La convocatoria está vigente con dos temas medulares: “Aquella voz que germina: retrospectiva de la poética desde Tamaulipas” y “Héroes y batallas cotidianas”. La cita es en Padilla, Tamaulipas, del 9 al 11 de abril. Puedes consultar las bases en http://lossantosdiasdelapoesiaencuentro.blogspot.com/. ¿Verdad que es emocionante echar una mirada profunda al quehacer poético de nuestro pueblo?

15.1.10

la Naturaleza, patrimonio del espíritu

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas. Martes 12 de enero de 2010.

Cuando uno tiene hijos pequeños, necesariamente, imagina el mañana que les ha de tocar vivir. Y mientras acomodamos la ropa en los cajones o freímos un bistec hallamos espacio para hilvanar los finísimos hilos del Pensamiento. En una de estas urdimbres mentales alcancé a oír en la radio, el sábado pasado, la voz cálida y serena del fotógrafo mexicano Antonio Vizcaíno, que ha dedicado los últimos años a recorrer y fotografiar las áreas naturales mejor preservadas y de mayor belleza, de Alaska a Tierra de Fuego. Cofundador de América Natural, organismo de conservación que utiliza como lenguaje la fotografía, este amante de la luz y del paisaje hace un llamado a la humanidad para reconocer el valor de la naturaleza como patrimonio del espíritu.

En una entrevista concedida en 2009 para Letras Libres, Vizcaíno había comentado acerca de su trabajo: “al fotografiar la naturaleza soy testigo de la destrucción –si yo fotografiara la destrucción no te imaginas los libros que podría producir, pero mi sensibilidad no puede, está con la belleza–, y me siento también como una especie en peligro de extinción, porque en unos años no voy a tener nada que fotografiar”.

Esto nos lleva a considerar, particularmente, la situación de nuestro país. Menciona Víctor M. Toledo en su artículo “La diversidad ecológica de México” (incluido en el libro coordinado por Enrique Florescano El Patrimonio Nacional de México. Colección Biblioteca Mexicana. Fondo de Cultura Económica; CONACULTA), que el territorio mexicano presenta prácticamente todos los grandes tipos de ambientes naturales que se conocen en el planeta (una diversidad ambiental semejante sólo existe en la India y en Perú). Esta multiplicidad biológica se debe a su posición geográfica intermedia en el continente americano y a su especial historia natural.

Pero México, apunta Vizcaíno en la entrevista arriba mencionada, es la nación americana donde se percibe mayor deterioro. El hombre ha sido el principal enemigo de la naturaleza, concretamente a través de la deforestación. “En el bosque –afirma el fotógrafo y conservacionista– se reúnen los reinos de la naturaleza para crear una comunidad autosustentable y sostenible a largo plazo; todos los organismos contenidos en él están interrelacionados, sin uno no existe el otro: sin la bacteria que está en la micorriza de las raíces no existe el árbol. Lo deberíamos entender como seres humanos […..] Ya no es tener conciencia: es el momento de la acción inmediata”.

Recuerdo cuando, a mediados de los noventa, escribí para el periódico mural del bachillerato donde estudiaba, un breve artículo sobre el efecto invernadero. Esperaba que mis compañeros reflexionaran en cómo estaría el planeta, digamos, en 2010, si seguíamos contaminándolo. Una de mis líneas, más o menos, decía: “la Tierra se queja y algún día nos devolverá el golpe”. Francamente no sé si alguien se lo haya tomado en serio.

En la última década el concepto “cambio climático” se ha convertido en lugar común. Parece que todos “sabemos” algo al respecto, pero, ¿qué tanta conciencia y, aún más importante, qué acciones estamos realizando en torno a ello? ¿Será que quienes hace quince años éramos adolescentes, con todo el tiempo del mundo por delante, hoy somos adultos pendientes, cada minuto, de cuidar nuestro entorno? ¿Le transmitimos a nuestros hijos el respeto hacia otras formas de vida, animales y vegetales? ¿Podrán sentir en su adultez, los que ahora son niños, el abrazo milenario de los bosques?

5.1.10

Sol de Movimiento

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas. Martes 5 de enero de 2010

En el prefacio de su libro Los cinco soles de México (Seix Barral, Colección Biblioteca Breve, 2001) Carlos Fuentes reflexiona sobre las profecías de la antigua cosmovisión mexicana y su relación simbólica con la era moderna. Vivimos bajo la luz del Quinto Sol, cuyo elemento es el movimiento –y así como alguna vez el agua, la tierra, el fuego y el viento destruyeron al mundo, ahora el movimiento nos acabará. “¿Y cómo nos llamará a nosotros el porvenir?”, se pregunta el escritor y agrega después: “los pueblos del origen saben que creación y catástrofe van siempre juntas”.

¿Podemos negar, acaso, que precisamente la inquietud, la movilidad, la agitación caracterizan esta época?

Literalmente, nuestro planeta se está convirtiendo en otro: su paisaje y su clima no son los que conocieron nuestros abuelos. Incluso, se habla de una aceleración en su rotación y un cambio en su eje tras la devastadora presencia del tsunami en el Océano Índico, en 2004.

¿Hacia dónde ha hecho girar el Quinto Sol el destino de la nación mexicana?

Lo que ocurre en cada extremo del país, y más allá de sus fronteras, nos incumbe. Un nuevo año comienza y nos pasa la factura del año anterior: crisis económica, pandemia y holocausto. Queda clara la gran necesidad de Educación en todos los sectores de la sociedad mexicana, porque un pueblo bien informado, consciente de su realidad político-histórica, no permitiría, por ejemplo, la negligencia y la corrupción que dan lugar a episodios terribles como el de la estancia infantil “ABC”, ni la incongruencia entre los escandalosos sueldos de ciertos funcionarios públicos y los miles de hombres y mujeres que recibieron el 2010 con hambre.

Los medios masivos de comunicación hacen posible cruzar los mares en un segundo, pero ¿de qué modo nos estamos sirviendo de estas herramientas tecnológicas? En los setenta, Stephen Hawking hacía énfasis en la gran necesidad de educar a las masas en el conocimiento científico, y dirigía sus expectativas, como muchos teóricos durante aquellos años, en el poder educativo de la televisión. Promesa que poco a poco fue desplazada por las crecientes dimensiones de la violencia y el enajenamiento. El vertiginoso avance tecnológico no corre paralelo a nuestro desarrollo emocional y espiritual: guerras y hambrunas lo confirman. Pero, sin duda, aún hay sitio entre nosotros, en cierto sentido similar a como sucedió hace varias décadas, para depositar esperanzas en el poder renovador de la tecnología. Anhelo dirigido a los que ahora son niños y a los que están por nacer.

Detengámonos un rato a escuchar lo que dicen nuestro barrio, el cielo, las calles. ¿No somos, nosotros mismos, reflejos del tiempo y la ciudad donde vivimos? Las casonas a punto de caerse en el corazón de Tampico, su solitaria pirámide rodeada de asfalto, el olor a café y mantequilla en la zona de mercados, nos hablan de aquello que se derrumba en nuestro interior. Lo que renace y se evapora en el aire. Si es verdad que creación y catástrofe van juntas, de nuestro mancillado país brotará la continuidad de la vida. ¿Es posible soñar y, lo que es más importante, construir una sociedad mejor que ésta? ¿Veremos, mañana, el horizonte por donde ha de salir cabalgando el Señor Sol desde su casa resplandeciente?