La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora y artista visual Marisol Vera Guerra

12.11.18

El psicópata cotidiano


Desde hace un tiempo he enfocado gran parte de mi atención en comprender desde un punto de vista clínico, psicológico, los circuitos de violencia doméstica o dentro de la pareja. Muchos de nosotros estamos familiarizados con conceptos como el del "círculo de la violencia", donde se inserta el agresor común. Dándome a la tarea de investigar y analizar ciertos tipos de violencia atípicos, di con las investigaciones del psiquiatra argentino Hugo Marietan, quien ha desarrollado desde la década de los noventas hasta la actualidad, un estudio acerca de las personalidades psicopáticas, basado en miles de casos clínicos, siendo el primero en integrar al campo de la psiquiatría al "piscópata cotidiano", que difiere del otro, "psicópata forense", en que su violencia está encubierta, no se ha convertido en asesino serial, ni en violador, sino que ejerce el poder en el espacio específico donde se ubica su "necesidad especial", de una manera sutil, invisible, parasitaria y progresiva.
El grupo de agresores, más amplio, que ejerce violencia contra la mujer, tiende exponencialmente a la violencia física. Y en general, los programas de psicología y la legislación en los diferentes países, están orientados a tratar a este tipo de agresor.
La violencia que ejerce el "psicópata cotidiano" en un vínculo de pareja es primordialmente psicológica, no es un golpeador, rara vez recurre a la violencia física, puede incluso pasar toda su vida sin cometer directamente un crimen, pero si un día se desata lo que los expertos llaman "tormenta psicopática", su crueldad será extrema, ya que por definición él no es capaz de sentir compasión ni culpa. Aun cuando no llegue visiblemente a delinquir destruirá psíquicamente a su pareja y a sus hijos.
Marietan estima que es un 3% de la población quien entraría en la categoría de psicópata; Robert Hare propone que es el 1%. Estamos hablando, pues, de un porcentaje mínimo en proporción a la población total mundial. Sin embargo, el hecho de que ellos actúan con frialdad, sin el distractor de los sentimientos y sin el freno de la empatía, tienden a posicionarse fácilmente en estratos de poder. En este momento me estoy enfocando no en el que ejerce el macropoder (a través de la política o la economía), sino el micropoder (en las relaciones de pareja y familiares). También existen psicópatas mujeres, en una proporción estimada de 1 por cada 3 varones. 
A menudo la psicopatía es confundida en el grueso de la población (y hasta por los mismos peritos) con la psicosis o con distintos tipos de neurosis. Muchas mujeres, por ejemplo, han vivido relaciones de abuso con golpeadores; a veces, con narcisistas o borderline, y les llaman "psicópatas", por su carácter manipulador y falta de empatía (y algunos coachs y terapeutas, que no han recibido la formación adecuada, contribuyen a la desinformación), pero el auténtico psicópata cumple puntualmente una serie de rasgos que se pueden confirmar a través de la observación minuciosa de su conducta, ya que, si no es el psicópata forense, sino integrado, puede pasar por una persona normal, incluso agradable. Uno de sus rasgos más relevantes es la "cosificación".
El psicópata no es un narcisista. El narcisista es un neurótico, que ha sufrido una fragmentación extrema del Yo, está desconectado de sus emociones reales y, como su autoestima es deficiente, se fabrica una máscara de ego inflado. Por dentro vive angustiado. El psicópata, en cambio, no siente angustia y su autoestima no es baja, sino muy elevada; el psicópata no es narcisista, es ególatra: realmente se considera a sí mismo "superior" a los demás, a los cuales cosifica: nos ve como objetos. La génesis del psicópata, a diferencia del otro grupo de agresores, según la observación clínica, no depende del ambiente, ni de la educación, es una manera de ser en el mundo que surge de una configuración neurológica específica.
Dado lo anterior, la dinámica de violencia que se establece entre el psicópata y su pareja toma un cariz particular que, aunque puede convergir en algunos puntos, la hace distinta al círculo de la violencia del agresor común. Marietan lo ha llamado: "Circuito psiópata-complementaria". La mujer o el hombre que está con una pareja psicópata complementa un circuito psicopático. El psicópata realiza un trabajo sutil y progresivo, estableciendo rutas cognitivas en el cerebro de su complementaria que la hagan ir aceptando su doctrina psicopática, hasta el grado de que ella no puede darse cuenta del abuso al que se va sometiendo sistemáticamente. Repito, aunque en algunos casos pueda presentarse la violencia física, no será esta el núcleo de la depredación, sino la instalación de una "cultura psicopática" con una lógica propia, al margen de la moral y de la lógica convencionales.
Marietan hace también una distinción entre el síndrome de estocolmo y el vínculo psicopático, ya que en este último caso el o la complementaria acaba siendo un participante activo del circuito. 
La doctora Silvia Martínez, también especialista en el tema, aclara que "participación activa" NO significa "culpabilidad". A veces se ha malinterpretado su definición como si fuera una revictimación de la mujer depredada por el psicópata. Tenemos que verlo con una mirada más objetiva. Participación activa del vínculo significa que la mujer (aunque inconscientemente) "acepta" el vínculo y tiene, desde antes de conocer al psicópata, elementos de su personalidad que la hacen susceptible de ser depredada. Por ejemplo, una alta tolerancia a convivir con personalidades atípicas, una dificultad para distinguir señales de alerta en las relaciones interpersonales y una gran carencia afectiva. Estos rasgos comúnmente están presentes en ella desde la infancia. La mujer que llega a complementar un vínculo psicopático tiene además varios atributos: suele ser profesionista, de personalidad fuerte, inteligente y con una vida estructurada. El psicópata normalmente no va sobre la mujer que ya tiene instalada la sumisión como un rasgo de carácter, sino sobre aquella "difícil de domar", eso hace más "interesante" el juego para él. 
La psicopatía, según especialistas, no es una enfermedad y no hay nada qué curar, su naturaleza es depredadora siempre. Un psicópata carece absolutamente de los atributos de la paternalidad, su influencia sobre la psiquis de sus hijos va a ser SIEMPRE nociva.
Todo lo explicado se traduce en una gran laguna legal. La existencia del psicópata cotidiano, como tal, no se encuentra legislada. Esto hace que cuando una mujer tiene hijos en común con el psicópata y se separa de él, enfrentará una de dos posibilidades:
a) Si el juez y los abogados consideran la condición de este ser como "enfermedad", entonces es inimputable, puede hacer lo que le dé la gana y no hay delito;
b) si se le considera consciente de sus actos, entonces tiene derecho a un régimen de visita con sus hijos.
A menudo la mujer ni siquiera denuncia los abusos, cuando se enfrenta a la posibilidad de denunciar, ni siquiera sabe definir qué es lo que está "mal"; no sabe a qué tipo de violencia se está enfrentando, pero lo que sí es evidente es que vive en un estado constante de tensión en el que todos sus recursos emocionales, físicos, económicos, sociales, poco a poco se han ido desgastando de una manera brutal "sin explicación racional".
Muchos de estos psicópatas cotidianos son identificados cuando la mujer llega a una terapia buscando ayuda, por depresión, ansiedad o incluso cuadros de psicosis. Si el terapeuta es perspicaz termina dándose cuenta de que todo este cuadro patológico ha sido derivado de la relación con un psicópata y él ha dirigido todo para que al final "la loca" sea ella. Pero si el terapeuta o el abogado, en casos penales o de juicios familiares, no tiene presentes los rasgos del psicópata cotidiano, no lo va a ver. 
Es un callejón sin salida en el que las leyes facilitan el acceso del psicópata cotidiano a la vida de la familia que está intentando desvincularse de él. El doctor Marietan, propone que se implemente un adiestramiento formal y puntual en todos los especialistas (psicólogos, psiquiatras, abogados, trabajadores sociales, etc.) que se involucran con los procesos penales y de vinculación de las familias, para aprender a distinguir al "psicópata cotidiano" y no únicamente al forense, el cual se obvia en la misma naturaleza del crimen. También señala la importancia del diagnóstico diferencial para no caer en el error de catalogar de psicópata a quien en realidad tiene otra condición y, por lo tanto, la intervención de las autoridades también debe ser distinta.

Si tú que estás leyendo, trabajas en el área de peritaje o de asistencia psicológica en casos de violencia de género, y tienes alguna información con la que pudieras retroalimentar este post, lo agradeceré.

8.11.18

Cuando establecemos un vínculo íntimo con un narcisista o un psicópata


Debemos considerar que si la persona con quien hemos establecido el vínculo íntimo REALMENTE es un PSICÓPATA, entonces no tiene la capacidad de generar empatía y por lo tanto NO VA A CAMBIAR. Su cerebro procesa la información de manera distinta a como lo hacemos el resto de los seres humanos. Sus rutas cognitivas, su lógica, su manera de percibir el mundo es otra, y nunca se pondrá en nuestro lugar más que para obtener información útil que le genere provecho. Él es bueno para negociar, persuadir y ganar. Todo aquello que nos dé es una "inversión" que tarde o temprano nos va a cobrar.
El doctor Hugo Marietan, especialista en el tema, describe al psicópata como carente de muchos de los atributos de lo humano, destacando la ausencia de compasión.
El narcisista, por otro lado, es un neurótico, no es alguien que nació sin capacidad de generar empatía. Según explica Sam Vaknin (autor de Malignant Self Love: Narcissism Revisited) en la persona con Trastorno Narcisista de la Personalidad el auténtico Yo se ha separado de un falso Yo; la máscara ha absorbido al ser humano real. El narcisista, pues, vive angustiado al fondo de su mente y ese ego aparentemente inflado es una compensación ante una autoestima que realmente está por los suelos. ¿Puede cambiar el narcisista?, es extremadamente difícil ya que uno de los rasgos de la enfermedad es la negación. Pero como en su interior aún subyace el auténtico Yo que no se desarrolló, es posible que tenga chispazos de lucidez que, si son aprovechados para hacer insight, pueden ayudarle a tomar consciencia de su condición. Sin embargo, ellos no quieren ser "salvados", sino obtener suministro de nuestras emociones.

Existen
psicópatas integrados a la sociedad, no tantos en proporción a la cantidad total de seres humanos (se calcula que entre 1 y 3% de la población es psicópata), pero gran número de ellos no se encuentran en la cárcel, sino haciendo de padres de familia, de empresarios, de políticos, en cualquier ámbito donde puedan ejercer el poder. Los asesinos en serio tipo Hannibal Lecter solo representan el límite del espectro antisocial y son muy pocos. La mayoría de los psicópatas no van a cometer un asesinato, no llegan a la llamada "tormenta psicopática" (homicidio brutal, violaciones en serie, masacres, etc.) sin embargo viven siempre al límite de la norma social, transgrediéndola cada vez que pueden; son una fuente constante de sufrimiento, ya que depredan a otros o, bien, persiguen sus objetivos personales sin que les importe que sus actos tengan consecuencias nocivas para los demás. 
Los psicópatas no pueden dimensionar tu dolor, ni el mío, porque para desarrollar empatía una persona necesita primero conectarse con sus propias emociones, y la gama de emociones auténticas que ellos son capaces de sentir es mucho más reducida que la de una persona común. Entre las pocas emociones reales que tienen los psicópatas están la ira y la euforia. Esto los hace parecer "muy intensos" y esta personalidad extrema puede incluso ser una especie de.sebo para quien "necesita", inconscientemente, esas intensidades en su vida. De ahí que los apegos hacia este tipo de relaciones sean muy fuertes. 
En el caso de la persona con trastorno narcisista, el verdadero Yo está oculto (se quedó en un estadío infantil, inmaduro), y en su lugar actúa la máscara; como está desconectada de sus emociones reales no puede conectarse con las de nadie más y como constantemente debe estar lidiando con la falta de control de sí mismo busca ejercer el control sobre los otros.
De acuerdo con Robert Hare, experto en criminología y creador de un test para detectar la psicopatía, la mayoría de los psicópatas se encuentran en los negocios o en la política, no en la cárcel.

¿Cómo puedo saber si estoy con un psicópata o un narcisista?
La característica que sobresale en ambos casos es la falta de empatía, pero este rasgo en los psicópatas va a tomar un carácter especial: no son capaces de reaccionar ante el dolor ajeno, aunque bien pueden fingir o representar emociones (casi siempre sobreactuadas), a fin de obtener algún beneficio, y son notoriamente crueles. 
Hasta ahora se sigue manteniendo la idea de que el psicópata es distinto del sociópata, yo misma cometí ese error al redactar la primera versión de este artículo. De acuerdo con Marietan, que es autor de un amplio estudio sobre el tema, no hay ninguna diferencia entre sociópata y psicópata, se trata de la misma condición y NO ES APRENDIDA, no deriva de las experiencias de infancia, aunque estas quizá pueden potenciar o contener ciertos impulsos. 

El psicópata, aunque a veces pueda parecer desorganizado e impulsivo (de ahí la posible confusión a la hora de distinguirlo del sociópata), en realidad está obedeciendo a un orden interior, una lógica acorde a sus propios códigos que nada tienen que ver con la moral convencional (lo único que sí puede desorganizarlo es la frustración). Es probable que dé una cara pública "encantadora" y que aparente tener "una moral intachable" o simplemente parecerá una persona normal; aunque a nosotros nos dé la impresión de que actúa arrebatadamente, esto rara vez sucede, por lo regular actuará de manera premeditada y organizada con base en un fin. 

El narcisista busca ser el centro de atención, pero su sentido de grandiosidad es falso; los psicópatas, en cambio, no son narcisistas (recordemos que el narcisismo es un tipo de neurosis y el psicópata no es un neurótico), son ególatras; realmente están convencidos de su propia grandiosidad y de que todos los demás somos inferiores. Otro de sus rasgos distintivos es la cosificación: nos ven y tratan como objetos. 
A diferencia del auténtico psicópata, la persona con trastorno narcisista de la personalidad se centra en la admiración y tiende más al saqueo (chupar y chupar los recursos del otro sin dar nada); el psicópata, en cambio, dará prioridad al poder y puede, en gran medida, "proveer" a quien está depredando, no necesariamente de algo material, pero sí de algo que ella "necesita". Y este poder se verá como una especie de "magnetismo", son personas que suelen ser seguidas por otras. No es que tengan en verdad algún tipo de "poder mental", sino que son astutos, observadores y detectan las necesidades de los demás. "El astuto le gana siempre al inteligente", dice Marietan.

Muchos (aunque no todos) los psicópatas expresan una gran descarga de energía sexual, lo cual, por supuesto, es uno de los factores determinantes en el apego que forma hacia ellos su pareja. Casi siempre son promiscuos y tienen la habilidad de convertirse en el "hombre ideal" para cada mujer (o "la mujer ideal", si se trata de este género; según estadísticas, la incidencia en varones es mayor que en mujeres; pero no está claro este dato, ya que el psicópata varón es más visible porque suele moverse en la esfera pública y la psicópata mujer suele establecer su dominio con mayor frecuencia en el ámbito doméstico).
El cerebro del psicópata, desde su origen, no tiene la capacidad de generar empatía (entre las hipótesis estudiadas está que las neuronas espejo no establecen en ellos las conexiones que serían normales); en el narcisista sí hay factores ambientales que lo han fragmentado, relacionados con el maltrato y el abandono en la infancia. 
Para aprender a distinguirlos necesitamos informarnos puntualmente sobre las características de cada uno de ellos: en general, siguen patrones de conducta identificables. 

Cuando me refiero al psicópata, no estoy hablando de un hombre que ha aprendido a reaccionar con violencia debido a una educación machista, ni de un manipulador común, sino de alguien que tiene una condición neurológica y un patrón de personalidad definido (podríamos decir que se trata de su naturaleza), perteneciente a un grupo específico que probablemente ha existido desde que existe la humanidad. Los expertos no consideran que la psicopatía sea una enfermedad, ya que no hay nada qué curar, es más bien una forma de ser. Se trata de un depredador natural. 
Claro que en una sociedad donde la autoridad es laxa y se normalizan ciertos tipos de violencia, la persona con esta condición o con otro perfil violento tendrá el campo libre para depredar y muchos de sus actos nocivos estarán invisibilizados.
Quienes en algún momento hemos sostenido una relación con un psicópata o un narcisista, podemos llegar a asumirnos, en una primera etapa, como víctimas. La palabra víctima denota una condición, un estado derivado de una circunstancia: por lo regular al inicio de esa relación somos completamente inconscientes de quién es él y de las consecuencias de haberlo aceptado. Pero el psicópata o, bien, el narcisista, poco a poco nos va dando señales de alarma, la más evidente será su falta de empatía. Pronto nos meterá en un ciclo de idealización-desvalorización, acompañado de disonancia cognitiva, que irá condicionando la química de nuestro cerebro igual que en cualquier adicción.
En el caso específico del psicópata este entrenamiento cerebral es verdaderamente brutal, va despojando a la persona depredada de su capacidad para razonar, desde el sentido común, y le va insertando con sutileza un nuevo código psicopático. El verdadero psicópata rara vez es un golpeador, su depredación es predominantemente psicológica.

Cada vez que el depredador da una señal de quién es él nos está dando también la oportunidad de romper la hipnosis. Cuando nos empezamos a dar cuenta de este ciclo tóxico, ya no somos tan inconscientes, ¡pero no lo podemos parar! Este es el momento de preguntarnos: ¿no será que antes de ser inconsciente de quién es él, he sido inconsciente de quién soy yo? 
Y esta es la pregunta que casi nadie se hace. 
Y no es fácil hacérnosla, dado que en la sociedad las personas tendemos más a juzgar que a pensar. No faltará quien culpe directamente a la persona depredada de las agresiones de las cuales ha sido objeto. Aunados a la adicción que se ha generado neurológicamente, el miedo, la vergüenza y la culpa, funcionarán como un sello que la mantendrá oprimida. Y entonces la inconsciencia parece un buen refugio.
Pero tan nocivo es agredir o despreciar a quien ha sufrido esta relación, como lo es para nosotras dejar de asumir la responsabilidad en nuestros actos. 
Solo cuando una se responsabiliza de sí misma y de sus propias elecciones logra salir de este ciclo destructivo. Ese estado de víctima, entonces, que quizá hemos asumido durante el proceso de recuperar nuestra vida, debe ser trascendido lo más pronto posible. Necesitamos dejar de ser pasivas, para volvernos agentes activos de nuestra vida.

Los psicópatas suelen ser promiscuos, pero de entre todas las personas con las que interactúan, solo con algunas establecerán una relación "estable". Por lo regular no escogen a alguien sumiso. El psicópata no quiere a una mujer que ya tiene la sumisión como rasgo de carácter, le atrae el reto, aquella que destaca, que tiene una vida organizada y manifiesta autonomía. Lo que quieren es "domar", crear esa sumisión. Por eso a menudo las mujeres de los psicópatas (a quienes Hugo Marietan llama
complementarias), antes de esa relación han tenido una vida profesional o personal exitosa o estable, y poco a poco van sumergiéndose en un abismo en el cual su energía vital termina hecha polvo. Aquí cabe señalar que la complementaria no es culpable, pero sí responsable de aceptar el vínculo. Algo en su interior le hace aceptar e ir tolerando la relación a pesar de las señales de alarma que el psicópata siempre da. 
Cuando la hipnosis por fin se rompe es común que tengamos rencor, enojo, miedo, una erupción de emociones, y que hagamos un inventario del daño hecho a nuestra persona. Este inventario resultará útil para no perder la perspectiva y no ceder a la tentación de volver, pues una vez que un psicópata te ha elegido estarás siempre en su mira hasta que te haya exprimido hasta la última gota. Si eres su complementaria, cada vez que vuelva lo hará con más y mejores recursos para ser el doble de atractivo que la vez anterior (y el grado de violencia, cuando pase de nuevo a la siguiente etapa, también será proporcional).
Por eso es que lo único que funciona para romper de manera definitiva el ciclo con una persona que tiene la condición de psicopatía, es el contacto cero. En el caso del narcisista y de otras personalidades manipuladoras puede llegar a funcionar la técnica de la piedra gris (volverte aburrida para él, dejar de reaccionar a sus provocaciones y limitar tus respuestas a lo indispensable), esto en el caso de que debas convivir con el narcisista en un ambiente familiar o laboral, por ejemplo si es tu madre o tu jefe. Pero de un psicópata ¡huye!, es mejor, mil veces mejor, huir, incluso si tienes hijos en común con él, incluso si el costo de esta distancia es perder la pensión alimenticia. Un psicópata es un ser que DESTRUIRÁ completamente la psique de sus propios hijos si convive con ellos, incluso si solo lo hace bajo un régimen de visita. No se le puede llamar "padre". El psicópata disfruta destruyendo la inocencia. 
No podemos tomar una ruptura con uno de ellos como lo haríamos con una persona normal. Cuando rompemos un noviazgo o matrimonio con una persona normal, vivimos un duelo, y después de esto podemos reanudar el vínculo como amigos o no reanudarlo, pero sabemos que la relación terminó y cada quien lo asume y sigue su vida. Con un narcisista o un psicópata no pasa eso, con ellos no se puede tener un vínculo sano nunca. Y con el psicópata no solo no habrá un vínculo sano, estaremos arriesgando la vida. Quizá no nos mate físicamente, pero parasitará nuestra psique como un simbiote.

La mayoría de los psicólogos y psiquiatras no tienen el entrenamiento necesario para distinguir los rasgos de un psicópata integrado, por lo tanto lo pasan desapercibido y pueden ser incluso seducidos por su personalidad. Esto hace que cometan el gravísimo error de querer vincularlos con sus hijos después de una separación de pareja. El psicópata, que es experto en manipular, tiene captada la mente de los niños y desvalorizada la imagen de la madre frente a ellos. Podrá actuar un papel de padre desesperado, pero por definición él no ama a sus hijos, estos son vistos como herramientas. Si tienes la sospecha de que tu pareja actual o tu ex es un psicópata, busca de inmediato asesoría legal y psicológica ESPECIALIZADA en PSICOPATÍA; alguien que no tenga esta formación profesional te va a desinformar y tratará tu caso como si se tratara del perfil común de violencia doméstica y, si realmente es un psicópata con quien estás conviviendo, no te funcionará ese enfoque. Ah, y por favor, huye del psicólogo que te diga que te va a "curar" a tu psicópata, eso es como decirte que te va a convertir tu rottweiler en un conejo.
Si has iniciado el contacto cero con un psicópata, esta distancia será solo el comienzo del proceso de sanación; esta se dará a un nivel más profundo en tanto más nos responsabilicemos de nosotras mismas y en tanto más trascendamos ese estado de indefensión que habíamos aprendido. 

Reconocer que algo en mí (una carencia, un vacío emocional, una necesidad no cubierta en la infancia...) complementaba a las personas que establecieron conmigo círculos nocivos, me vuelve agente activo de mi sanación y no una veleta a la deriva de las circunstancias o a expensas de lo que el depredador quiera.
Este principio de hacerse responsable de sí mismo aplica para el tratamiento de cualquier adicción. El amor a mí misma es la llave que va a abrir todas las puertas de la salud mental. 
¿Perdonar? El perdón es un proceso. No se da de la noche a la mañana. Surgirá de manera natural en nosotras, no cuando nos hemos "esforzado en perdonar", sino cuando hemos concentrado nuestra energía en amarnos a nosotras mismas. Entonces surgirán la compasión, la libertad y la luz.


Referencias:

8.10.18

Hoy mi amígdala es una ardilla de California

Iba a escribir un tratado sobre las serpientes de cascabel 
y su afición por las ardillas
esa vieja historia que conocen algunos cazadores
y dos o tres coleccionistas de sueños
pero he abandonado el bosque
me he vuelto sedentaria
y aburrida
como cualquier bruja que corre a encerrarse
entre sus pócimas
y bebe un remedio contra el miedo
no es que la amígdala haya vuelto a su tamaño original
ni que la herida de mi pie se haya cerrado
es solo
que he aprendido a caminar con la carne expuesta
a sonreír con la risa del idiota que trazó Rimbaud
la risa seria de los ángeles de la que habló Kundera
o la forma bondadosa de llorar
en un verso de Gabriela
¡Ay!
tal vez
esta gracia repentina
sea un arma poderosa contra los depredadores
o un simple artilugio
para no roerme más los dedos
mientras llega el otoño
la finura de la aguja en el tubo neural
donde correrá la ira / el olor del vómito
la tonalidad magenta
cuando no quede espacio para otras lágrimas

17.9.18

Inquilinos

Hoy vi a una madre que perdió a su hijo
ella duerme a pocos metros de mi cama
pero yo no sabía 
no puedo aún saberlo
de qué color es el mundo ante sus ojos
o si el mundo tiene tan siquiera un color
ahora
en ese océano
de paredes
ella dice que me ha visto en la calle
tomando las manos de mis niños
no sabe
de los monstruos dentro de mi clóset
ni de las larvas anidadas en el patio
nos hemos convertido en flores
dentro de un jardín extraño
me dice que se llama Verónica
podría también llamarse Paula o María
al cabo en esta ciudad
los nombres no importan
basta saber levantarte
alisar la falda / el cabello
la basura en la puerta
cada lunes
y rendir cuentas al casero
tan amable disculpando todo el tiempo
nuestra condición de animal en cautiverio


31.7.18

16.7.18

13.7.18