La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora mexicana Marisol Vera Guerra

28.2.17

El poder sanador de los cuentos en los niños

¿Puede un cuento ayudar a construir el mundo emocional de un niño?, ¿existe dentro de cada persona una voz capaz de transformar la vida cotidiana en una historia mágica?, ¿quieres descubrir el poder sanador de los cuentos en los niños?

Ediciones Morgana ofrece durante los meses de marzo y abril de 2017 un taller en línea dirigido a: Padres de familia, educadores y todo tipo de público.

Durante dos sesiones, de dos horas cada una, trabajaremos con
el cuento como un medio para:
      Potenciar la fantasía creativa.
      Desarrollo de procesos de pensamiento.
      Resolución de conflictos.

Existen estas dos opciones para tomar el taller:
Jueves 30 y viernes 31 de marzo: de 10 a 12:00 h
Jueves 6 y viernes 7 de abril: de 16 a 18:00 h

El taller se dará a través de Skype.
Costo total: $100 (cien pesos); incluye materiales de lectura en pdf.

Las inscripciones se hacen a través de facebook:  
o a través del correo: 
ediciones.morgana@yahoo.com 

A las personas que manden mensaje para inscribirse se les proporcionará el número de cuenta para el depósito y se les indicarán los detalles pertinentes para unirse al taller.



20.2.17

[...]

Este no es un poema
¿sabes?
si lo fuera
convertiría la oscuridad en belleza 
porque yo creo que eso hacen los poemas
aunque me llames cursi
aunque me increpes: no / no
Poema es el que lleva un trasfondo 
cómo se dice / político / sí / esa es la sentencia
nosotros queremos saber nombres y fechas
que nos ubiques por google maps
y (si es posible) nos des una respuesta
Poema es el que puedes tasar con una regla / una balanza
el que llevas a pasear a las ferias con una correa sujeta al cuello
para que los hombres cultos se detengan a mesarle la pelambre
¡ay!, pero cuánto has crecido / la última vez eras apenas un oxímoron 
yo no tengo nada de eso
lo que traigo es una muerte
sí oíste bien
un trozo de cadáver
un pulmón roto 
así / sin metáfora
porque he visto a una niña destrozada por caníbales
a la que le arrancaron los senos
a la que le mataron a su padre y a su hermano
a la que echaron al desierto sin un gramo de piedad
y yo / después de ver eso
no tengo valor para mirar el rostro de mis hijas
no puedo irme a la cama en paz y despertar pensando en Whitman o en Cavafis
no puedo sentarme al escritorio tan humana como siempre
y escribir algo a lo que pueda llamarle poema
.

18.2.17

Hoy mi psiquiatra me dijo que no dibujara

"El conjuro (confesiones)" es un proyecto literario a través del cual narro experiencias personales en torno al amor, la maternidad y la cotidianidad.


Mientras ejercí la psicoterapia, no me asumí como jungiana porque, aunque estaba enamorada de sus postulados, realmente no tenía conocimientos profundos de esta teoría. Todo lo que vi sobre Carl Gustav Jung en la universidad fue un miserable capítulo del libro Teorías de la personalidad de Dicaprio (no el actor de cine, por supuesto) que, sin embargo, fue suficiente para que me enamorara de él. Corrí con mis dieciocho o diecinueve años a las librerías de Tampico buscando sus libros, como era de esperarse no los encontré. Fue hasta algunos años después de graduada cuando por fin leí Lo inconsciente, en la vida psíquica normal y patológica, pero lo verdaderamente revelador fue cuando hallé su autobiografía Recuerdos, sueños, pensamientos: no exponía un método, sino la descripción minuciosa y detallada de las experiencias personales que le habían servido para construir su teoría.
Siempre había tenido una disposición peculiar para entrar al mundo de los sueños, así que comencé a usar mi propia mente como laboratorio de autoanálisis. Ponerme intencionalmente en estados hipnagógicos (o sea, entre la vigilia y el sueño) me resultó bastante fácil. Jung no decía en su libro cómo hacerlo, simplemente describía sus propios sueños. Mas, como desde la infancia yo parecía tener esta “habilidad”, quise por primera vez en mi vida usarla voluntariamente.

La visión más extraña que tuve ocurrió una mañana en la que, tras haber iniciado este ejercicio en mi recámara, vi abrirse la puerta de pronto. Un hombre alto y pálido entró. Su cabello castaño oscuro caía hasta sus hombros, usaba una gabardina negra abotonada hasta el cuello; lentamente se aproximó a mi cama y me tendió una mano hacia el rosto. Tenía en la palma un polvo amarillento. “Bebe –me dijo–, es éter”. En ese momento la visión se evaporó y quedé de nuevo en la soledad de mi cuarto. La puerta, claro, tan quieta como un ataúd (y aquí verán ustedes la razón por la cual nunca me animé a probar ácidos ni hongos, ni nada parecido). Durante años me he preguntado sobre el significado de ese evento psíquico, le he dado varias interpretaciones pero no he quedado satisfecha. 

Los contenidos del inconsciente son demasiado complejos para poder confrontarse con palabras, solo se pueden resolver con imágenes, según Jung. Ni siquiera con las proyecciones mentales que era capaz de generar en esa época me detuve a reflexionar sobre esto. Lo hice hoy (¿cómo es que no lo vi antes?) al asociarlo con mi afición por el dibujo. 

Desde pequeña pasaba gran parte de mi tiempo dibujando. No lo hacía con la pretensión de ser artista, era una necesidad, una compulsión casi tan aguda como la de leer. Si no dibujaba no podía concentrarme en una clase (mis profesores darán fe de ello) ni podía planear nada. Continué haciéndolo hasta que en una consulta le mostré algunos dibujos a mi psiquiatra, este me dijo que “no eran más que caricaturas”. Él pensó, de hecho, que yo me drogaba por el tipo de imágenes que plasmaba. 

No sabía por entonces si continuar ejerciendo la psicoterapia o si era posible ver la literatura como un “trabajo”. Lo cierto es que, repentinamente, se me ocurrió la grandiosa idea de que invertir mi tiempo en dibujar me impediría desarrollar mi obra literaria. Rompí o eché a la basura mis cuadros y me convencí de que había sido mi decisión consciente y racional abandonar el dibujo “para siempre”. Unos 7 u 8 años después, cuando me embaracé de mi segunda hija, tuve (tan espontáneamente como la había abandonado) la necesidad de regresar a mi pluma y ya no pude volver a soltarla. 

Desde la semana pasada he estado trabajando con el carboncillo y de pronto sentí que necesitaba releer a Jung. A lo largo de los días fui recordando mis antiguos experimentos psíquicos, mis dibujos, mis pesadillas recurrentes, mi consulta con el psiquiatra… y, ¡ah!, me di cuenta de que ¡esos años en los que no dibujé mi psique se desestructuró en gran medida!, en esos años me relacioné con gente que me lastimó, me aficioné a la bebida, lesioné mi cuerpo, me volví incapaz de llevar mi existencia en casi todos sus aspectos. Hasta que decidí ser madre fui capaz de detener el tren autodestructivo y de comenzar a construir en la luz. Pero el daño estaba hecho. Una parte de mí se sentía deprimida y vulnerable a pesar de que mi hijo le había dado sentido a mi vida. Fue necesaria una experiencia aún más abrumadora que la que había pasado antes para que, durante mi segundo embarazo, fuera inevitable volver a dibujar.

Ahora veo que dejar el dibujo no fue nunca una decisión consciente, fue un abandono de mí misma ante aquel comentario que mi mente percibió como agresión. ¿Por qué? Quizá fuese bienintencionado, para que me metiera a un taller de pintura o qué sé yo, sin embargo algo en sus palabras se tradujo en mi interior como un candado psíquico que no me permitió seguir dibujando. Algunas veces lo intenté sin mucho resultado. El pensamiento que me venía era que “nunca lo volvería a hacer”. 

¿Es que mi psiquiatra encarnó, sin querer, un arquetipo que me “robó” mi capacidad de expresarme con las manos y con los ojos?

Nunca, hasta esta noche, me había percatado de lo importante que ha sido para mi salud mental expresarme a través de la imagen. Si bien en la literatura he hecho una actividad profesional más constante, esa otra necesidad visual, sensible, es parte indispensable de mi análisis continuo. Y yo, sin autoanálisis, sin profundizar en mí misma diariamente, no puedo entender a los demás, no puedo transmitir nada valioso en lo que escribo y no puedo, por consecuencia, percibir nada valioso en lo que leo. Lo que digo sobre mí conlleva también una visión del otro. Abandonar el dibujo me dejó desprovista de una herramienta de autoconocimiento y me atrevo a pensar que, incluso, mutiló en cierta medida mi capacidad de expresar el amor que sentía. 

Más allá de la perfección técnica a través del dibujo lo que he buscado es comprender mis heridas, sanar mi alma. Durante muchos años creí que había estudiado psicología “por error” (hace un mes supe que mi madre sigue pensando eso). Ahora veo que no. Que la psicoterapia es como la poesía, no se circunscribe a una hora de consulta con la puerta cerrada, sino que abarca la vida completa. Si uno es capaz de ejercerla con sensibilidad e inteligencia, se mantendrá en constante análisis y crecimiento interior; eso no nos librará de las heridas, sino que nos ayudará a escarbar nuestro lado más profundo. 

Siguiendo a Jung, solo el que está herido puede sanar a otros.



Imagen: "mamá", por mi hija Morgana Constantino; pluma sobre hoja de cuaderno.

14.2.17

Sobre el mundo del espíritu

Gérard de Nerval escribió su novela "Aurelia" en un estado de delirio. El narrador en primera persona cuenta sus visiones y sabe que eso se llama "locura", lo que no logra definir es "qué es esa locura", acaso sea "una forma superior de razón". También Edgar Allan Poe confrontaba a su lector: "La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia" Y he aquí que yo encuentro una correspondencia con el mundo espiritual. Estoy segura de que a nuestro mundo material subyace ese otro. Las ciencias y las mitologías, de diversa forma, me llevan hacia aquello a lo que llamo "espíritu", pero que no sé definir. No es una simple sugestión de lo que creo posible, es lo que he comprobado durante años, tangiblemente. Podría decirse, he visto sus manifestaciones, pero no sé qué es. El arte es el medio que he encontrado para acercarme a ese universo; el arte para mí es tan profundo como la ciencia y equivale al amor. No recurro a ninguna teoría para valorar un poema, una melodía o un paisaje; recurro a mi interior, si conmociona mi espíritu, sé que allí está eso inexplicable que busco, eso que anhela mi alma para estar completa.



5.2.17

La caricia de los tulipanes

Cómic experimental. Argumento, guion e ilustración: Marisol Vera Guerra.

Técnica: Dibujo a pluma. Versión adaptada de la pieza teatral del mismo nombre, basada en las emociones que me produce el poema "Tulips" de Sylvia Plath.












28.1.17

Algunas notas cotidianas sobre el amor de los demonios

El hombre fue una mezcla de un poco de barro
y de agua. ¿Por qué una mujer no va a estar hecha
de rocío, de vapores terrestres y rayos de luz,
de los restos condensados de un arco íris?

Jacques Cazotte


Mi otra cabeza se derrumba
en un precipicio de mercurio
y brota
agua de la carne / su hervor
apacigua los gritos de mis hijas que corren
hacia mi regazo
contemplo sus rostros como dos flores
fugazmente
antes de volver a Potocki: parece fácil
un par de siglos
en el cadalso
el filo de la hoja o el resplandor de una soga
(a ratos la trenza de una virgen)

A mi vera no hay súcubos
tampoco dulces pajes de dudoso sexo
–¿a quién espantaría un dromedario
una pipa que desaparece
un banquete orquestado en la tiniebla?–
ni siquiera me aliño la falda
hace un buen rato que mi vientre cuelga
como un saco fofo
disponible para albergar telarañas y malos sueños
fantasmales silfos hacen un ligero swing
por el tejido adiposo de un órgano que salta

¡Míralos!
¡oh Cronos
tus pequeños vástagos con la hoz arriban!
son los minutos verdugos del espejo

Vuelven (ahora) mis niñas
–canciones ceñidas al aire–
a buscar manuscritos en mi pelo
eres la más bonita –dicen–
¡es una lástima!
el Diablo ya no se enamora en estos tiempos


26.1.17

Ecografía de dos cuerpos infantiles en movimiento

Las veo correr por un pasillo de mi casa, cada una con dos pies muy pequeños que se ajustan perfectamente a las ondulaciones del aire que ha entrado por las ventanas rectangulares. Tomando en cuenta que dichas ventanas son estilo rococó y bastante altas, podríamos considerar una densidad de oxígeno proporcional a la cantidad de líneas y dorados garigoleos (nótese que los eruditos han olvidado incluir esta palabra en el diccionario) que llenan la habitación. Sus cuerpos espigados, apenas voluminosos, dejan una estela de ruido al pasar. Recuerdo entonces mis lecturas de aquel viejo libro de física donde se habla sobre las propiedades del sonido, pero hay algo diferente aquí a lo que antes he observado en los objetos del mundo: en este punto exacto en que la percusión de sus plantas se intensifica y sería lógico suponer que se están acercando, de pronto todo rastro auditivo se esfuma. Los dos cuerpos, diseñados según la proporción áurea, en su claridad iridiscente, desaparecen. No del todo. Saltan, dirían los cuánticos. Es aquello que ciertos herederos de la cátedra de Newton llamarían una singularidad. Juro que casi puedo meter el dedo índice en la fisura hecha sobre el tejido de esta cuarta dimensión. Pero no me atrevo, no tengo idea de hacia dónde saldría el otro extremo de mi falange.     



19.1.17

albedrío *

El ruido
no viene de la calle
es otro afuera (más lejano)
detrás de la membrana que divide los cerebros
de esa otra parte (unos le llaman alma) 
el dedo cae sobre la -a-
no responde mejor que la -q- y mi hijo baja la mirada
al suelo
hoy no podrá jugar minecraft
yo tengo opciones (a esto, creo, le dicen albedrío)
a) golpear el teclado hasta que mis tendones salten como alambres
b) enseñarle un lenguaje alienígena donde falten tres o cuatro letras
c) abrazarlo
abrazarlo
abrazarlo
mientras (sobre el tejido de la sangre) la bala
no deja de correr
la pólvora forma una estrella
en un cielo vacío







* La mañana del 18 de enero de 2017 un chico de 15 años disparó a dos niños y a su profesora en un colegio de Monterrey. Luego se disparó él.  

15.1.17

Hipoxifilia

Él me dice tu cuerpo no me gusta: es feo
sus dedos se hunden en la arena de mi vientre
y me cubre la mirada con esa misma mano
que triturará mi tráquea en dos segundos
es igual
todas esas veces en que me veo flotando /
muerta / horizontal
a manera de un dintel extraño
mientras otra mujer orina de pie sobre la boca de la noche
(decir
boca
es
una tarea desértica)
te abrazaré más fuerte dice
porque te amo
y yo veo entonces que esto es el amor
su pezuña hundida en mi mejilla
el espesor dulce entre incisivos y molares
lejos del espejo
porque a veces no soporto verme
pesada como un escarabajo
sin poder girar sobre la espalda
aprieto las bolsas de mis ojos
ceñida (a) la negrura: así me gustas / sí /
la ventana
parpadea
y la luz me vuelve un obelisco
que penetra el corazón del hombre / lo devora /