Bitácora de la escritora Marisol Vera Guerra

29.1.20

Las diosas paganas y Sade revisitado

Secretos a media noche, Sandra Julieth Idárraga Valencia, Ediciones Morgana, 2020.

Tlazolteotl es, en la cosmogonía mesoamericana, la diosa de la pasión y el apetito desmedido de los deseos: incita, pero también limpia la “suciedad” de esos arrebatos (catalogados por los frailes como “pecados”); era, así, venerada y temida por los hombres. En esta civilización originaria, que tuvo lugar sobre la parte media de América, como en Mesopotamia, oriente próximo, las diosas tenían un rol creador y destructor: Inanna, deidad de Uruk, era asociada con el desenfreno sexual, acto sagrado. Así, pues, en el origen de nuestras sociedades la sexualidad de la mujer (su poder generador de vida y de placer tanto como de muerte y catástrofe) fue objeto de veneración. Cuando las religiones politeístas, que expresaban simbólicamente la dualidad de la naturaleza humana, fueron abandonadas, el poder femenino quedó oculto. A través de siglos de lucha y resistencia este poder ha subyacido a la mayoría de las actividades civilizatorias, sin recibir validación. Hasta ahora.

Somos las mismas mujeres quienes hemos ido validando de nuevo nuestra voz, quienes hemos integrado nuestro cuerpo a los espacios públicos, y las poetas, particularmente, quienes han ido tejiendo la tela del porvenir con sus letras. Celebro que Sandra Julieth forme parte de esta reivindicación con una poesía fuerte y templada a la vez, que nos deja entrever ese poder creador-destructor de las diosas antiguas, las diosas paganas que incitan al deleite carnal y devoran pecados. Los poemas contenidos en esta opera brevis, a manera de rituales sacros, invitan al lector a ensuciarse de gozo y al mismo tiempo lo purifican devolviéndolo limpio e inocente a la vida cotidiana. 

Sandra ha recurrido a la literatura europea de los siglos XVIII y XIX para abrevar, acaso, ciertas concepciones del mundo, así vemos al Marqués de Sade paseándose entre líneas, pero la forma breve, concisa, obedece a los recursos contemporáneos dando licencia para sacar el verso de la ortodoxia gramatical con una dosis de orientalismo y lo que yo diría que es su paganismo natural. Me satisface, a través de mi sello editorial, asistir a la búsqueda y construcción de su voz poética que ya, desde ahora, se manifiesta libre, audaz, sin negar su sombra y sin dejar de abrazar la luz. 



mvg
Monterrey, México, octubre de 2019

28.1.20

Dios fue mejor cuando era tigre

Era del color de la noche la noche en que a mi madre 
se le oscureció el tiempo.
Leonardo Nin


Dios fue mejor cuando era tigre, Luisa Villa Meriño. Monterrey-Bogotá, 2020. Ediciones Morgana / Baraja Gráfica Editores.

Las voces de América Latina no deben permanecer ocultas, sino manifestarse con toda su riqueza lírica, su herencia cultural, desde sus raíces afro e indígenas, desde su mestizaje lingüístico, numinoso, estético. Así, con esta consciencia, la poeta Luisa Villa Meriño, oriunda del Copey (César), ha puesto en mis manos este bellísimo libro que, además de su valor poético nos provee, a los lectores, de elementos históricos y sociales para aproximarnos a las duras realidades vividas en el Caribe colombiano. 

     La historia oficial se ha contado desde los dogmas y esquemas validados por los círculos de poder, pero los cuerpos soterrados por la ignominia se han convertido en fruto, en flor, en rugido para entregarnos ahora una visión profunda del acontecer histórico, dolorosa sí, pero cargada de esperanza. Villa Meriño porta en sus versos la fuerza reivindicadora de los pueblos antiguos. Ha sido para mí un honor curar esta edición que, estoy segura, no pasará desapercibida.

     Así Ediciones Morgana, en conjunto con el magnífico trabajo de Baraja Gráfica Editores, coordinada por Eduard Andrés Barrera, pone a disposición del público lector el primer libro de poesía de esta autora comprometida con la oralidad de sus ancestros y con el porvenir de los hombres y las mujeres del Caribe Colombiano. 

     Este testimonio poético-simbólico, que acuña la imagen del tigre para denunciar las injusticias y para revelar la protección del monte, se integra a una lucha colectiva esgrimida desde la palabra.

     Agradecemos las hermosas ilustraciones hechas para el libro por Abel Antonio García Villa y Eliana García Meriño, padre y hermana respectivamente de Luisa, lo que le da un valor aun mayor a la edición. No podía ser de otra manera, este libro solamente podía nacer del amor y la complicidad entre amigos, amigas y familiares. Y será sin duda memorable.


mvg
Tampico, México, enero de 2020

24.1.20

Mujer zoo

Cuando he amado a un hombre
o a una mujer
lo he hecho como un gato
afilando mis uñas en sus piernas
acurrucándome bajo su brazo en las tardes frías
saliéndome por la ventana abierta
antes de que él o ella despierte
e intente hacer conmigo un experimento cuántico
le exijo mi alimento
con la dignidad de un faraón
en el umbral de la casa
segura de que me lo merezco
En cambio
cuando escribo un libro
soy como la hormiga agricultora
diligente / silenciosa
que acarrea con paciencia cada hojita
para abonar la tierra
aguardando el brote del hongo milenario
sellando cámaras subterráneas
para evitar la inundación
Con mis hijos soy un poco marsupial
(untado el crío al vientre
al hacer la faena)
a ratos soy también loba
encías al aire
colmillo enhiesto bañado en sanguaza
Tengo otros animales en mi cuerpo
de los que podría hablarte
los adivinarás si me observas por las noches
justo en esa gruta
donde caen las máscaras humanas
dejo claro sin embargo:
nunca
bajo ninguna circunstancia
seré una mantis ni una araña
aunque bien pueda arropar a estos bichos
con la misma ternura que abrazaría a un oso



13.1.20

El lenguaje como un manantial

De lo ordinario, el amor y la memoria



Según una reflexión budista, el amor nace de un sentido de abundancia y el apego de un sentido de carencia, cuando amamos eso nos produce felicidad porque estamos ejerciendo una capacidad nuestra; cuando en cambio solo tenemos apego sufrimos, porque queremos poseer el objeto.

En tanto más amo el lenguaje más disfruto la experiencia de compartirlo, porque lo percibo no como un descubrimiento externo que debo guardarme para mi propio beneficio o deleite, sino como algo que emerge desde mí para los demás como un manantial.

Si el lenguaje nace desde el organismo, como cualquier otro proceso del cuerpo aunque con la particularidad de que el producto es algo abstracto, cuando percibimos la riqueza de esta capacidad no tenemos miedo a interactuar con las palabras, a descomponerlas en sus elementos fonéticos y a buscarles nuevas significaciones. No tenemos miedo a soltarlas y a dejarlas que hallen su propio cauce en el mundo, entre la multiplicidad de voces, a sabiendas de que hallarán otros vocablos, a veces vibrando con la misma intensidad, a veces con una raíz hermana, a veces tan extraños y lejanos que apenas podrán reconocerse entre sí.

Yo concibo el acto poético como un acto amoroso, una entrega constante en la que mi manantial crece en tanto más comparto el verso, cuanto más participo en la danza de voces que me rodean; esta visión me ha permitido reescribir libros enteros que alguna vez alguien me destruyó, no sé por qué alguien destruiría el único ejemplar de un trabajo literario frente a mis ojos, pero los he vuelto a traer de mi interior porque estaba en mí la capacidad de hacerlo y no era (afortunadamente) un objeto externo que alguien podía robarme. Esa mano agresora no pudo destruir mi capacidad de pensar. Los dones del ser no se quitan ni se pierden como si fuesen un monedero olvidado en una esquina, los dones del ser se cultivan con paciencia y disciplina.

No aspiro, por ello, a poseer el lenguaje, sino a amarlo, a tejer con él poemas y relatos, y cuando estos estén listos soltarlos como a los hijos que han alcanzado la madurez para que se defiendan solos.



12.1.20

Mala memoria

para Andrés Galeano


Iba a responder / ahora / el poema
como si jugáramos una rara carrera de relevos
en la que nadie gana
en la que tu mano es un martillo y la estría de mi corazón un mapa
una puerta / un precipicio
pero no encuentro las jodidas ganas de escribir un poema
ni para ti ni para nadie
(especialmente para nadie)
le dejo eso a la gente docta
a las mujeres que se gradúan de la universidad un martes por la mañana
con mención honorífica:
toga lustrosa y cintas amarillas acordonando su virtud
enjutas las piernas
cocinándose en su tinta
sin delatar el ansia de romperlo todo
de montar los cuerpos: enjambres de letras
a horcajadas
no
no es para mí
desgastarme
en este mediodía
en el que solo quise responder mis emails
como cualquier muchacha
que ha dormido en bragas frente al ventilador
/ el dedo anular en
su imperfecta carne de ángel derrotado /
y aquí vienes tú
con esta voz tan parecida a la mía
tu gravedad hace girar la luna de mis caderas
y yo
no puedo rotar sobre mí misma
confundo el meñique con la "y"
porque mis brazos a veces son trenes
sumergidos en un azul clarísimo
/ hasta he olvidado cómo se escribe la palabra "azul" /
es tan mala mi memoria
¡dios!
tan mala en estos días
que no sé dónde puse la decencia
mi huesito de durazno
mi olor a café con nueces fritas
lo único es este montón de fonemas
que te empujo hacia la boca
pruébalos / cariño
así recibe un nene su ración de caramelos
así se pega el lechón a la teta de su madre
no me importa si entiendes
hoy amanecí un poco fastidiada
de ser comprendida
de que hombres y mujeres reconozcan mi lenguaje
hoy quiero no entender a nadie
hoy quiero cerrar la tapa del idioma
y echarme
sobre el piso
con la boca abierta
absoluta
inerte








8.1.20

Jeroglífico


Amo a un hombre
que lleva en su sangre la fuerza de diez jabalíes
y la historia de un continente devastado
cuando entra en mi cuerpo
el lenguaje me crece como un tendón o una costilla
y mi pubis se hace jeroglífico
lo amo como se aman ciertos pájaros
perdidizos al vuelo
algunas gacelas feroces cara de tigre
en sus manos soy vainilla tallada en vidrio
dúctil túnel de almíbar
no me importa demasiado el concepto
peluria     vello    body hair     lo sé bien
decir que amo a un hombre en estos días
es arriesgado
pero
juego a ser la predadora
(mis dos órbitas al frente anegadas de visiones)
me echo encima de sus piernas con la pericia del viento
y después del estallido
me escapo entre los abedules



1.1.20

Taxonomía de la tristeza

Reflexiones en torno a lo ordinario, el amor y la memoria. 


Hoy desperté con tristeza, una tristeza de esas dulces que se meten despacito en los huesos como un animal; no la había sentido desde hace muchos años. No parece haber ninguna razón objetiva y como en este mundo normalizado siempre tiene que haber razones objetivas para estar triste de pronto estoy tentada a recriminarme. Pero no. No puedo juzgarme por estar triste como no puedo juzgarme por tener una nariz a medio rostro ni por la curvatura de mis falanges..

Mi parte lógica, entonces, intenta hacer su taxonomía recordando otras tristezas, por ejemplo esa que permanece ovillada detrás del diafragma, como una piedra que una arroja a un pozo, o esa otra que se transforma en fuego, que nos sacude los músculos y nos impele a quemar paredes. También está la tristeza que se nos trepa a los hombros como una niña para mirar la copa de los árboles, las azoteas de las casas, la nube más lejana.


Y creo que esta tristeza viene de las veces que no tuve tiempo para llorar. No necesariamente cosas trascendentes, como la vez que perdí mi juego de té de la infancia, luego están esas cosas que sí son importantes, como la última vez que oí a mi abuela al teléfono y le dije te quiero, y la lucidez no volvió a su mente... Y, claro, todas las tristezas que he extraído del cuerpo de mis hijos, en los días amargos, para ponerlas en el mío.

Pienso, es también un hábito, a veces el cuerpo necesita estar triste para limpiarse de las pelusas emocionales que se le pegan a la superficie. La tristeza es, pues, un antídoto contra tanta motivación, tanta explotación de la felicidad, que nos recuerda nuestro lado más humano, que nos hace entrar en sintonía con todos los dolientes del mundo y, finalmente, ver con mayor gratitud un rayo de Sol.

13.12.19

Serenidad


Construí en la memoria una ciudad con retazos de melancolía. Y contemplé mi reflejo entre crujidos blancos. Nunca el mar me pareció más sereno, como olvidado de sí mismo, a la espera de una noche prematura. A veces los ojos dejan escapar los colores.

A veces los sueños aterrizan lejos de la bahía.








11.12.19

La promesa

Mi amado, ¿recuerdas esas noches, al final de mi infancia, en las que dormí pidiéndole a la Muerte que me llevara contigo? Mi cuerpo era el de una gacela, aún sin la capacidad de sangrar, aún sin la cartografía del tiempo en el vientre. Yo te amaba tanto como la nieve ama las últimas líneas del ocaso. Y como nunca la Parca fue benévola con mi deseo, te juré, a los 13 años, que algún día iría al lugar donde naciste para danzar con tu sombra. A muchas almas has tocado. Y podrías hacerte con las dentaduras de todas nosotras un collar que ceñiría la Tierra, de un extremo al otro. Sería la niebla, mortaja de un horizonte perdidizo. Al final será, como dijiste desde la boca de Ligeia, nunca ganaremos la batalla.