La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora Marisol Vera Guerra

16.1.19

Ana en el hipódromo


Esta noche espío a mi cuerpo
y me deleito en la negrura como las yeguas
cuando persiguen su propia sombra en la arena
a veces me hace bien
(sabes)
inyectarme un poco de veneno
igual que una vacuna
así
en el labio superior
en la vena cava o en los poros de la nariz
luego tomo la estopa
me sacudo
limpio los rastros de sangre y sigo
un pie y otro pie
hasta la línea que corta el horizonte:
es un buen escudo
contra los trenes
una manera más sutil de adulterio
en la que soy yo misma el jinete
y el caballo que cae a media pista
con el cuello destrozado
y se levanta
para avanzar un tramo
rodar de nuevo
avanzar
hacia ningún lado
no importa
¿entiendes?
fui hecha para incendiar muros
para sacar chispas a las rieles
(aún en esta hora
en la que todos somos tolvanera)
con mis manos que pulen el fuego





3.1.19

Restaurar la autoridad materna en la psique de los hijos de psicópatas



La cosificación de la madre
Una de las tareas más complejas a las que se enfrentan las mujeres que han tenido hijos con psicópatas es construir su autoridad frente a ellos. El padre psicópata cosifica a la madre ante los niños y, por ende, la figura materna a nivel simbólico queda devaluada para ellos. En algunos casos, ya sea porque los hijos han pasado demasiado tiempo dentro de la cultura psicopática (la serie de códigos al margen de la lógica y de la moral convencionales que el psicópata instala en su territorio) o porque la dinámica de violencia y tensión aplastó en buena medida los recursos emocionales de la familia, los niños y adolescentes pueden llegar a la agresión directa, física, contra la madre. En otros casos los efectos serán sutiles, como desvalorizaciones hacia la mamá a través de la actitud y el lenguaje; estos efectos, si permanecen, serán exponenciales y dificultarán la integración del niño en las relaciones interpersonales. En el extremo opuesto tendríamos al hijo que ha invertido rol y “cuida” a su madre como si esta fuera la niña. Siendo esto un tema tan amplio, voy a enfocarme en la actitud desafiante en niños pequeños.
El grado más extremo de cosificación que hace un psicópata es ver a la gente como basura (de ahí que el psicópata que tiene la necesidad especial de asesinar tienda a deshacerse del cuerpo con frialdad, en un basurero, por ejemplo, como de cualquier objeto que ya no sirve). Otros perfiles agresores pueden llegar a ser, también, muy violentos; lo que va a identificar a un psicópata es su forma organizada, premeditada y fría de hacer las cosas. Él no se desorganiza con la confrontación, lo único que le hace desorganizarse es la frustración.
El psicópata aplasta el yo auténtico del hijo, le crea otro yo falso que va a seguir fielmente los dictados de su subcultura. La madre, como figura sagrada, como puente de integración con el cosmos, como pecho que salva y afianza en el mundo, va siendo reducida a objeto.
Hacer el contacto cero es apenas el inicio de la compleja tarea de ir tejiendo las redes de la afectividad en los niños. Consideremos que el genitor actuó (representó como en una comedia) sus emociones; como no eran reales, el niño percibía algo raro, falso e inexplicable ahí. No aprendió, entonces, a identificar una emoción real, ni a confiar en el otro: detrás de las muestras de afecto parecía ir siempre una intención oculta.
Cada caso tendrá sus matices particulares, pero, en esencia, todos los hijos que han crecido en este circuito necesitan conectar la afectividad y reintegrar a la madre a su lugar sagrado de cuidadora y fuente de amor. Entre más temprana sea la intervención con los niños para reconstruir sus rutas cognitivas en una cultura sana, mejor. 


Sugerencias encaminadas a reintegrar en la psiquis la presencia de la madre como autoridad 
En general, estas sugerencias pueden ser útiles en cualquier momento de la niñez, pero están enfocadas más que nada a niños en edad preescolar. Me he basado para redactarlas en las recomendaciones del doctor Hugo Marietan, experto en psicopatía, así como en mis experiencias y observaciones personales. Hago hincapié en que, aunque pueda haber puntos de convergencia con otros vínculos complejos (padres narcisistas, golpeadores, etc.), me estoy refiriendo al genitor que tiene la condición de psicopatía.
1- Contacto cero de los hijos con el genitor. Va a ser sumamente difícil lograr esta valorización de la madre en los niños y el establecimiento de la salud mental mientras sigan en contacto con el psicópata, incluso en un régimen de visita, pues este ha trazado en la psiquis de los chicos una especie de "caminito" que va reforzando cada vez que tiene contacto con ellos y, vale decir, ha trazado también en su complementaria (la mujer con quien ha establecido el vínculo) una ruta que se va a reactivar una y otra vez mientras ella siga atendiendo sus llamadas, viendo sus mensajes o, peor, si asume la temeraria idea de ir a tomar un café con él para hablar. Recordemos que no se trata de una persona con la capacidad de generar empatía, con quien se pueda establecer un vínculo sano. Siempre que el psicópata da algo (una pensión alimenticia, por ejemplo) será para él una inversión que más tarde cobrará.
2- Observar las propias reacciones cuando el niño o niña tiene una actitud desafiante o falta de respeto hacia la madre. Identificar que cuando los pequeños dicen cosas “hirientes” no es su verdadero Yo el que está hablando, sino la máscara que les creó el psicópata. Y la reacción de ansiedad o ira de la madre, por supuesto, tampoco es la voz de su Yo consciente. Ellas, las mujeres que han sido complementarias, también necesitan desactivar la máscara y conectarse con su fuente. 
3- Notar que quienes han sido complementarias ya traían una fragmentación (neurosis) en su Yo cuando se vincularon con el psicópata. Lo que hace a una mujer aceptar esta relación, aun después de observar las primeras señales de alerta, es su alta tolerancia a las personalidades complejas y su dificultad para identificar expresiones reales de amor. Así que, una vez separada del psicópata, la mujer puede trabajar para reintegrar lo que ella misma era antes de esa relación (la vida que tenía antes por lo regular era más autónoma que la que tuvo a su lado) y, si quiere sanar a nivel profundo, deberá trabajar, también, sobre esa fragmentación neurótica originada en su infancia. 
4- Si el niño o niña dice un insulto (es posible que hallemos en su lenguaje palabras de su genitor), resulta útil mirarle con firmeza a los ojos, tomándolo suavemente del rostro y decirle algo así: “yo soy tu madre, no debes insultarme, yo te cuido y te protejo”, haciendo énfasis en esta capacidad de protección, pues en muchos momentos de la relación con el psicópata los niños se sintieron desprotegidos: la madre le dedicaba una buena parte de su atención y energía a él, en detrimento de la relación con los hijos. Posiblemente los atendió lo mejor que podía, vacunas, comida, ropa… no se trata de eso; esta carencia es a nivel emocional.. Oír insultos de parte de los hijos resulta doloroso, pero es necesario hacer un esfuerzo por no personalizarlos y asumir que aquí la víctima es el niño, no la madre (la mujer víctima sería aquella que recibe daño del psicópata de manera fortuita; complementaria es la que acepta el vínculo psicopático aun cuando sea inconsciente de su propia elección). 
5- Si persiste la conducta desafiante, repetir el tratamiento anterior con mayor firmeza, haciendo énfasis en que se desaprueba esa conducta (no a la persona) y demostrándole enojo al niño. El enojo ante una falta de respeto no es lo mismo que una ira descontrolada, los niños no solo necesitan aprender a identificar la ternura y el amor incondicional, sino el enojo o la desaprobación normales ante algo inadecuado.
6- No quedarse anclada en la emoción y no responder con más violencia (con gritos o desvalorizando a su vez al niño), sino con firmeza y sin condicionar el amor. Sugiero evitar dar premios materiales para reforzar la conducta esperada, en este caso específico de hijos de psicópatas, dado que el genitor con este perfil tiende a comprar la aprobación del hijo y solo estaríamos reafirmando la cosificación de los afectos.
7- Tener espacios para hablar con los niños de trivialidades, de las cosas sencillas propias de su edad, algo que haga contrapeso al clima de tensión en el que se habituaron a vivir. Dejemos que vayan expresando sus gustos, deseos, sueños e intereses genuinos, si son pequeños lo harán a través del juego. Funciona también dejarlos que dibujen, sin restricción ni censura, a veces dibujarán monstruos o su juego se volverá complejo, porque simbólicamente estarán representando el conflicto, en estos casos es útil ser observadora o bien participante RESPETUOSA de esos juegos. Al final, cuando se hayan expresado y elaborado simbólicamente, podemos darles contención: explicarles por ejemplo qué es una emoción o cuál sería una forma sana de enfrentar un conflicto. Luego cambiarles la energía dirigiéndoles a alguna actividad relajante o divertida.


8- La expresión de ternura y amor incondicional de la madre será lo más importante en el proceso de sanación de los hijos (la ternura está secuestrada cuando se vive con un psicópata, es algo que él no puede dar, que no conoce) y para ello la mujer necesita trabajar en la conexión de sus propios afectos. Ahora es la oportunidad de encauzar toda esa energía que estaba oprimida o que se manifestaba en enfermedad, hacia propósitos vitales.


P.D. Existen también psicópatas mujeres, en una proporción aproximada de una por cada tres varones psicópatas. En el caso de que la psicópata sea la madre, los efectos en los hijos suelen ser aún más devastadores. Sería un tema aparte. 

31.12.18

A veces mi sonrisa permanece sin mí

Hoy no fui buena
ni encantadora
ni amable
ni dulce
hoy fui una sombra
ceñida en la mandíbula
una mujer un poco hambrienta de sí misma
que abrió el grifo y la cremallera
(afilado el cuchillo mondador sobre la piedra)
sin motivo
solo por ver qué se siente
no diré nada en mi defensa
estoy habituada a estos arrebatos:
gruñidos que suben y bajan escaleras
tambaleándose
(el síncope de un hombre en la mesa)
pero esta vez no
no fui linda
ni templada
Dejé que el espejo derramara mercurio
en mi boca: una palabra irascible
de esas que uno enmarca en el muro
como título de propiedad
con cierto cinismo
escarbando una brecha entre los dientes
Y no me quejo
pude haber salido de casa
iluminarme
bajo la copa perenne de los árboles
besar con gratitud el aire
en cambio
me eché sobre el suelo
perezosa y malcriada
para jugar con los hilos de mi falda
esbozando la magnética sonrisa
de un gato que desaparece.



12.11.18

El psicópata integrado, en la relación de pareja

Psicópata cotidiano o integrado
Desde hace algunos años he enfocado parte de mi atención en comprender, desde un punto de vista psicológico, los circuitos de violencia dentro de la pareja. Muchos de nosotros estamos familiarizados con conceptos como el del "círculo de la violencia", que describe la conducta del agresor común donde hay una fuerte tendencia a la violencia física y frecuentemente una actitud misógina. Dándome a la tarea de investigar y analizar ciertos tipos de violencia atípicos, no tanto físicos como psicológicos, di con las investigaciones del psiquiatra argentino Hugo Marietan, quien ha desarrollado, desde la década de los noventas hasta la actualidad, un estudio acerca de las personalidades psicopáticas, basado en cientos de casos clínicos. Él trabaja en el campo de la psiquiatría, específicamente, sobre el rubro del "piscópata cotidiano", que difiere del otro, "psicópata forense", en que su violencia está encubierta, no se ha convertido en asesino ni en violador serial, sino que ejerce el poder en el espacio específico donde se ubica su "necesidad especial", de una manera sutil, invisible, parasitaria y progresiva.

¿Cómo se relaciona esto con la violencia de género? 
El grupo de agresores, más amplio en nuestra sociedad, que ejerce violencia hacia la mujer, tiende exponencialmente a la agresión física. Y en general, los programas de psicología y la legislación en los diferentes países están orientados a tratar a este tipo de agresor. Este es el misógino, el hombre criado dentro de un sistema de creencias machistas que subordina a su pareja.
La violencia que ejerce el "psicópata cotidiano" en un vínculo de pareja es primordialmente psicológica, no es un golpeador, rara vez recurre a la violencia física, puede incluso pasar toda su vida sin cometer directamente un delito, pero si un día se desata lo que los expertos llaman "tormenta psicopática", su crueldad será extrema, ya que por definición él no es capaz de sentir compasión ni culpa. De acuerdo con lo expuesto por Marietan y otros especialistas, aun cuando no llegue visiblemente a delinquir destruirá psíquicamente a su pareja y, en caso de tenerlos, también a sus hijos.
Marietan estima que es un 3% de la población quien entraría en la categoría de psicópata; Robert Hare propone que es el 1%. Estamos hablando, pues, de un porcentaje mínimo en proporción a la población total mundial. Sin embargo, el hecho de que ellos actúan con frialdad, sin el distractor de los sentimientos y sin el freno de la empatía, tienden a posicionarse fácilmente en estratos de poder. En este momento me estoy enfocando no en el que ejerce el macropoder (a través de la política, la economía o la religión, que son tres de sus medios preferidos), sino el micropoder (en las relaciones de pareja y familiares). También existen psicópatas mujeres, en una proporción estimada de 1 por cada 3 varones. Esta estadística no ha quedado del todo clara ya que el psicópata varón tiende más a expresar su psicopatía en la esfera pública y la psicópata mujer en el área doméstica.
Un aspecto que mencionan los especialistas es que "no se aprende a ser psicópata", es una condición con la que al parecer se nace, por lo tanto la psicopatía no se gesta debido a una educación machista. Es importante considerar, sin embargo, que en una sociedad donde hay una violencia sistematizada hacia las mujeres estarán normalizados muchos tipos de agresiones por parte del psicópata dentro del vínculo sentimental.   

¿Es el psicópata un narcisista?
A menudo la psicopatía es confundida en el grueso de la población (y hasta por los mismos peritos) con la psicosis o con distintos tipos de neurosis. Algunas mujeres, por ejemplo, han vivido relaciones de abuso con golpeadores y les llaman "psicópatas", pero en el golpeador común lo que opera no es  un sistema de pensamiento dado por su propia naturaleza, sino un aprendizaje machista, agravado, en algunos casos, con diversos tipos de neurosis o de  otros cuadros clínicos. 
Hay perfiles psicológicos que se identifican por su carácter manipulador y falta de empatía como el Trastorno Narcisista de la Personalidad, que pueden resultar igual de destructivos que la psicopatía a nivel psíquico, o incluso más, dependiendo del caso en particular. La psiquiatría habla también de la clasificación de Narcisista Perverso, que sería el que tiene un alto componente sádico y disfruta haciendo daño. 
Hay una discusión abierta acerca de estas clasificaciones: Desde el enfoque del análisis tradicional los psicópatas se encuentran en el nivel más alto del espectro narcisista, dentro del cual, las personas comunes estaríamos en el nivel más bajo (ya que todos tenemos, en diversos grados, rasgos narcisistas) y las personas con Trastorno Narcisista en el nivel medio. Pero algunos psiquiatras, como Marietan, afirman que no se le debe llamar "narcisismo" sino "egolatría" al sentido de grandiosidad del psicópata, ya que este no está intentando compensar una baja autoestima como el neurótico
El psicópata cumple puntualmente una serie de rasgos que se pueden confirmar a través de la observación minuciosa de su conducta, ya que, si no es el forense, sino integrado, puede pasar por una persona normal, incluso agradable. Uno de sus rasgos más relevantes es la "cosificación" (ver a las personas como objetos) y destaca su "organización", es decir, actúan premeditadamente y no reaccionan ante la confrontación.
Cabe destacar que todos los perfiles agresores pueden llegar a ser altamente destructivos, simplemente cada uno actuará desde su propia génesis: un sistema de creencias, una fragmentación del Yo, una incapacidad desde el nacimiento para sentir empatía. Así mismo, cada uno seguirá sus propios patrones. 
El psicópata, entonces, tradicionalmente es visto como narcisista, pero desde algunos otros enfoques, es visto como un subgénero de la especie humana, básicamente un "depredador natural". Esto lleva a Marietan a llamarlo genitor y no "padre", o generado y no "hijo".
El narcisista es un neurótico, que ha sufrido una fragmentación extrema del Yo, está desconectado de sus emociones reales y, como su autoestima es deficiente, se fabrica una máscara de ego inflado. Por dentro vive angustiado. Su combustible son los celos y la ansiedad que obtiene del otro a través de diversos recursos de manipulación, entre ellos la triangulación. El psicópata, en cambio, no siente angustia y su autoestima no es baja, realmente se siente un dios; se considera a sí mismo "superior" a los demás, a los cuales cosifica: nos ve como objetos. La génesis del psicópata, a diferencia del otro grupo de agresores, según la observación clínica, no depende del ambiente, ni de la educación, es una manera de ser en el mundo que surge de una configuración neurológica específica (se ha especulado que en su cerebro no se establecen las conexiones ordinarias entre las neuronas espejo).

Circuito Psicópata-Complementaria.
La dinámica de violencia que se establece entre el psicópata y su pareja toma un cariz particular que, aunque puede convergir en algunos puntos, la hace distinta al círculo de la violencia del agresor común. Marietan lo ha llamado: "Circuito psiópata-complementaria". La mujer o el hombre que está con una pareja psicópata complementa un circuito psicopático. El psicópata realiza un trabajo sutil y progresivo, estableciendo rutas cognitivas en el cerebro de su complementaria que la hagan ir aceptando su doctrina psicopática, hasta el grado de que ella no puede darse cuenta del abuso al que se va sometiendo sistemáticamente. Marietan distingue tres etapas dentro de este circuito: a) Luna de miel psicopática (especialmente intensa y rápida, donde se establece la seducción); b) Etapa de doma (donde se menoscaba la autoestima de la complementaria y se establece la cultura psicopática) y c) la sumisión (cuando se ha establecido la esclavitud psíquica de la mujer o el hombre complementario).
Repito, aunque pueda presentarse la violencia física, no será esta el núcleo de la depredación, sino la instalación de una "cultura psicopática" con una lógica propia, al margen de la moral y de la lógica convencionales. Marietan hace también una distinción entre el síndrome de estocolmo y el vínculo psicopático, ya que el comportamiento de una víctima se dirige al escape y en el caso de la complementaria, esta acaba siendo participante activa del circuito. 
La doctora Silvia Martínez, también especialista en el tema, aclara que "participación activa" NO significa "culpabilidad". A veces se ha malinterpretado su definición como si fuera una revictimación de la mujer depredada por el psicópata. Tenemos que verlo con una mirada más objetiva. Participación activa del vínculo significa que la mujer (aunque inconscientemente) "acepta" el vínculo y tiene, desde antes de conocer al psicópata, elementos de su personalidad que la hacen susceptible de ser depredada. Por ejemplo: 
1- Una alta tolerancia a convivir con personalidades atípicas, posiblemente porque en la infancia tuvo modelos afectivos similares; 
2- una dificultad para distinguir señales de alerta en las relaciones interpersonales; 
3- una gran carencia afectiva que se manifiesta en tedio o aburrimiento. 
Estos rasgos comúnmente están presentes en ella desde la infancia o adolescencia. La mujer que llega a complementar un vínculo psicopático tiene, además, varios atributos descritos por Marietan: es común que sea profesionista, de carácter dominante y con una vida estructurada. El psicópata normalmente no va sobre la mujer que ya tiene instalada la sumisión como un rasgo de carácter, sino sobre aquella "difícil de domar", eso hace más "interesante" el juego para él. 

          La paternalidad del psicópata y la revinculación.
Si seguimos la línea de los especialistas que aseguran que la psicopatía no es una enfermedad (a diferencia del Trastorno narcisista, que se forma a partir de eventos traumáticos), entonces no hay nada qué curar, su naturaleza es depredadora. Un psicópata carece de los atributos de la paternalidad, su influencia sobre la psiquis de sus hijos va a ser siempre nociva. Todo lo explicado se traduce en una gran laguna legal. La existencia del psicópata cotidiano, como tal, no se encuentra legislada. Esto hace que cuando una mujer tiene hijos en común con el psicópata y se separa de él, enfrentará una de dos posibilidades:
a) Si el juez y los abogados consideran su condición como "enfermedad", entonces puede presentarse como inimputable, puede hacer lo que le dé la gana y no hay delito;
b) si se le considera consciente de sus actos, entonces tiene derecho a un régimen de visita con sus hijos.
A menudo la mujer (o el hombre, en caso de que la psicópata sea ella) ni siquiera denuncia los abusos, cuando se enfrenta a la posibilidad de denunciar, ni siquiera sabe definir qué es lo que está "mal"; no sabe a qué tipo de violencia se está enfrentando; lo que sí es evidente es que vive en un estado constante de tensión en el que todos sus recursos emocionales, físicos, económicos, sociales, poco a poco se han ido desgastando de una manera brutal "sin explicación racional".
Muchos de estos psicópatas cotidianos son identificados cuando la mujer llega a una terapia buscando ayuda, por depresión, ansiedad o incluso cuadros de psicosis. Si el terapeuta es perspicaz termina dándose cuenta de que este cuadro patológico ha sido derivado de la relación con un psicópata y él ha orquestado todo para que al final "la loca" sea ella. Pero si el terapeuta o el abogado, en casos penales o de juicios familiares, no tiene presentes los rasgos del psicópata cotidiano, no lo va a ver. 
Es un callejón sin salida en el que las leyes facilitan el acceso del psicópata cotidiano a la vida de la familia que está intentando desvincularse de él. El doctor Marietan, propone que se implemente un adiestramiento formal y puntual en todos los especialistas (psicólogos, psiquiatras, abogados, trabajadores sociales, etcétera) que se involucran con los procesos penales y de vinculación de las familias, para aprender a distinguir al "psicópata cotidiano" y no únicamente al forense, el cual se obvia en la misma naturaleza del crimen. También señala la importancia del diagnóstico diferencial para no caer en el error de catalogar de psicópata a quien en realidad tiene otra condición y, por lo tanto, la intervención de las autoridades y psicólogos también debe ser distinta.

Si tú que estás leyendo, trabajas en el área de peritaje y de asistencia psicológica en casos de violencia doméstica o de género, y tienes alguna información con la que pudieras retroalimentar este post, lo agradeceré.


Referencias:



8.10.18

Hoy mi amígdala es una ardilla de California

Iba a escribir un tratado sobre las serpientes de cascabel 
y su afición por las ardillas
esa vieja historia que conocen algunos cazadores
y dos o tres coleccionistas de sueños
pero he abandonado el bosque
me he vuelto sedentaria
y aburrida
como cualquier bruja que corre a encerrarse
entre sus pócimas
y bebe un remedio contra el miedo
no es que la amígdala haya vuelto a su tamaño original
ni que la herida de mi pie se haya cerrado
es solo
que he aprendido a caminar con la carne expuesta
a sonreír con la risa del idiota que trazó Rimbaud
la risa seria de los ángeles de la que habló Kundera
o la forma bondadosa de llorar
en un verso de Gabriela
¡Ay!
tal vez
esta gracia repentina
sea un arma poderosa contra los depredadores
o un simple artilugio
para no roerme más los dedos
mientras llega el otoño
la finura de la aguja en el tubo neural
donde correrá la ira / el olor del vómito
la tonalidad magenta
cuando no quede espacio para otras lágrimas

17.9.18

Inquilinos

Hoy vi a una madre que perdió a su hijo
ella duerme a pocos metros de mi cama
pero yo no sabía 
no puedo aún saberlo
de qué color es el mundo ante sus ojos
o si el mundo tiene tan siquiera un color
ahora
en ese océano
de paredes
ella dice que me ha visto en la calle
tomando las manos de mis niños
no sabe
de los monstruos dentro de mi clóset
ni de las larvas anidadas en el patio
nos hemos convertido en flores
dentro de un jardín extraño
me dice que se llama Verónica
podría también llamarse Paula o María
al cabo en esta ciudad
los nombres no importan
basta saber levantarte
alisar la falda / el cabello
la basura en la puerta
cada lunes
y rendir cuentas al casero
tan amable disculpando todo el tiempo
nuestra condición de animal en cautiverio


31.7.18