La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora mexicana Marisol Vera Guerra

14.2.14

¿De veras tienes libre albedrío?

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas, jueves 13 de febrero de 2014.

En su novela Memorias del subsuelo, Dostoyevski hace decir al protagonista que “sólo una cosa necesita el hombre: querer con independencia, cuéstele lo que le cueste tal independencia y cualquiera que fueren las consecuencias que de ella se deriven”. En un largo y concienzudo monólogo, éste concluye, entre otras cosas, que el ser humano es malo por naturaleza y que la civilización lejos de paliar su ánimo destructivo, lo refina. Se aventura a plantear que podría existir una especie de fórmula matemática con la que todos los deseos y razonamientos puedan calcularse, “porque un día habrán de descubrirse las leyes de lo que llamamos nuestro libre albedrío”.

Dicho concepto formulado en esta pieza fundamental de la literatura rusa (publicada en 1864) no se encuentra lejos de algunas teorías científicas contemporáneas.

Dicen los genetistas modernos que el ser humano no sólo posee instintos, sino que éstos son mucho más abundantes y complejos que en otras especies. Si conociéramos todas las variables que intervienen en la inteligencia y en el ambiente de una persona específica, ¿podríamos predecir su conducta o, incluso conocer su futuro?

En 1970 el matemático John Conway inventó “El juego de la vida”, un universo representado por un tablero semejante al del ajedrez, que se extiende infinitamente hacia todas las direcciones. Este universo obedece leyes simples en las que, dependiendo del número de vecinos, cada cuadrado sobrevive o muere, o bien nacen nuevos. De acuerdo con la configuración inicial, en una computadora observaremos como surgen distintos patrones de “comportamiento” en las generaciones de cuadrados; figuras que parecen disparar, reptar o parpadear. A esto lo podríamos llamar albedrío, destino, decisión, “inteligencia”.

Dice Hawking: “tendríamos que decir que cualquier objeto complejo tiene libre albedrío (no como una característica fundamental, sino como una admisión de nuestra incapacidad para llevar a cabo los cálculos que nos permiten predecir sus acciones)”.

Sería terrible darnos cuenta que el huevo frito que elegimos comer en la mañana y que el amante con quien amanecimos hoy, pertenecen a una cadena de acciones predeterminadas. ¿Absurdo?, sí, aunque no lo es menos aceptar que de nuestras elecciones surgen diariamente la guerra, el estupro y la catástrofe. ¿Será, como decía aquel personaje dostoyevskiano, que aun proveído con todo lo bueno el hombre hará lo contrario a la moral, sólo por demostrar que es un ser “libre”? ¿Tú qué opinas?



Imágenes: Dostoyevski; gráfico del juego de la vida.

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