La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora mexicana Marisol Vera Guerra

7.8.11

Poe, el explorador del alma humana

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas. Martes 2 de agosto de 2011.
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El hombre, el chamán, el artista, el vagabundo, el visionario, el licántropo, el amante, el pedófilo, el romántico, el poeta, el sádico, el pagano, el dandy, el hereje, el necrófilo, el maldito, el descendiente del Parnaso, gemelo de Baudelaire que engendró a Mallarmé, padre de Cortázar y de Bradbury, favorito de Niesztche y de Kafka, titán que encabeza una legión, eterno y codiciado por el mismo arcángel que a Satán Trimegisto encadenó, Edgarpó, Edgar a Poet, Edgar Poe, Edgar Allan Poe.

Genio del Terror, creador del género policíaco en la literatura, llegó al mundo el 19 de enero de 1809. El sitio: Boston, Estados Unidos. Nos advierte Cortázar: “Nació allí como podría haber nacido en cualquier otra parte, al azar del itinerario de una oscura compañía teatral donde actuaban sus padres, y que ofrecía un característico repertorio que combinaba Hamlet, y Macbeth, con dramas lacrimosos y comedias de magia”.

Baudelaire señalaría: “advirtamos que este autor, producto de un siglo engreído, hijo de una nación más engreída que ninguna otra, vio claramente, afirmó imperturbablemente la maldad natural del hombre”.

La existencia del creador de Las flores del mal correría paralela a la del autor de El Cuervo. Baudelaire, en la lengua de Moliere –como Cortázar en la de Cervantes–, se encargaría de traducir y promover a quien llegó a considerar su hermano espiritual.

Conocemos, con más o menos detalle, la historia de Poe: sus padres fueron víctimas de la tuberculosis (aunque no queda clara la suerte final de su padre) y antes de cumplir los tres años de vida, el pequeño Edgar iniciaría, en la orfandad, un destino donde el amor iría siempre acompañado por la desgracia. Desde Helen, su pasión juvenil, arrastrada hacia la tumba por una enfermedad, hasta su esposa-niña Virginia, a quien la tuberculosis también ganaría la batalla.

Explorador del alma humana, entre los sueños de libertad y de progreso de su época, Poe vindicaría la maldad como primera naturaleza del hombre. “Nadie que consulte con sinceridad su alma –dice en ʽEl demonio de la perversidadʼ– y la someta a todas las preguntas estará dispuesto a negar que esa tendencia es absolutamente radical”.

Mucho se dice de lo que Poe haría si viviese en nuestro tiempo, que trabajaría en la vena gore, que haría películas snuff. Cierto es que su obra es atemporal. Emerge entre regiones primitivas de la consciencia, esa zona de donde la Civilización no ha logrado expulsar a los demonios. ¿Cómo explicar la fascinación de las masas hacia personajes como Hitler o Charles Manson?

El paso de Edgar Poe en el mundo nos recuerda, por su violencia y rapidez, al vuelo de un péndulo. Su afición a la bebida le conduciría, finalmente, a esa ribera de la que no se retorna jamás. Delirium Trémens. Baltimore. 7 de octubre de 1849. “Qué Dios ayude a mi pobre alma”, fueron sus últimas palabras.

Una opción para leer su obra es la edición Edgar Allan Poe, Cuentos completos (Páginas de espuma, primera edición 2008), en la que 69 escritores latinoamericanos y españoles se conjuraron para homenajear al maestro en el bicentenario de su nacimiento. Se puede conseguir a través de la librería Educal.

1 comentario:

  1. Descubrí a Poe en edad temprana y siempre me fascinaron sus relatos. Tenía un don para escribir el tipo de historias que le hicieron famoso.
    Viendo tu artículo he querido repasar cosillas sobre el autor y he conocido que uno de sus sueños era editar su propio periódico. No lo consiguió pero la imaginación se me dispara: ¿habría volcado en su periódico parte de ese mundo suyo siniestro?
    Tengo entendido que sus primeros intentos literarios los hizo escribiendo poesía pero, como ocurre todavía hoy, no es un género valorado ni que aporte beneficios a los autores, así que cambió su rumbo como escritor hacia la prosa.
    Y sí, por desgracia, el ser humano lleva mucha maldad dentro. ¡Y cuesta tan poco sacarla...!
    Saludos. José.

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