La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora mexicana Marisol Vera Guerra

5.1.17

Visión detrás de una armella rota

Para Antonio y Manuel

Camino por esta ciudad como si fuera un bosque, ¿lo entiendes?, pero de qué hablo cuando digo la palabra bosque. ¿Si renombráramos las cosas, las cosas se transformarían en eso que pronunciamos? ¿Si yo le llamase a esta pared “árbol” se convertiría en un árbol?, ¿o lo sería solo para mí? Veo a una mujer que desciende por la vieja calle de la ferretería y pienso que es como un elfo, aunque sé que es una mujer y no una criatura mágica. ¿Lo ves? Distingo entre lo real y lo imaginario. ¿No es la certeza de que no soy un babuino? No hay nada frío, me dices que no hay nada frío mientras avanzamos por pasillos olorosos a jabón y tabaco escuchando los colores que se desprenden de cada objeto en movimiento, la silla y el vaso que se arrastran en direcciones contrarias.  

Un muchacho teclea sobre (la) máquina del alma y aparece una cifra en su boca.

Qué tal si las más triviales frases revelan algo sobre nuestra existencia. Qué tal si nuestra lengua va cartografiando nuestro destino a cada instante. Acaso no hablaríamos más que para decir con inocencia arena o virgen o estruendo. Si lo supiéramos nos quedaríamos callados para siempre.

La mujer viene ahora hacia nosotros agitando sus brazos como alas, la veo volar pero sé que son brazos y no alas, entonces creo que estoy consciente. Eso leí en los manuales de psiquiatría. Esto es la consciencia: distinguir entre un pájaro y una anciana que hace la parada al autobús. No lo dudo ni cuando esa garra invisible tironea desde el abismo cantando quédate adentro. ¡Si lo supiera! No hay fuera ni dentro en esta sucesión de instantes. Morgana me lo dijo, Yo estoy aquí. ¿Y qué significa aquí?, ¿un lugar, un fragmento de tiempo, el vidrio trepidante de la ventana? Los armónicos, ¡son los armónicos!, la partícula opuesta al electrón, la oscuridad al fondo del universo.

Un destello envuelto en alquitrán alumbra la plaza donde estamos juntos. Y te hablo de mi hermano, de los sonidos puros, de aquella vez que percibí la danza de mis células y le pedí a mi cuerpo hacerse bello. Y le ordené a mi mente que escupiera alacranes. Y vomité demonios por mis ojos.

También la tristeza se irá como se van las mariposas detrás de los cuervos.

(Hemos estado equivocados desde el principio. Paremos en seco y volvamos a construir el mundo). 

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