La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora mexicana Marisol Vera Guerra

29.4.16

No había Internet pero tenía primos


eran los ochenta las niñas no teníamos tablet ni celular nada del pecaminoso wifi pero acaso crees que estábamos a salvo no no te contaré recién cumplidos los siete –o un poco más– descarada sin el mínimo afán de parecer prohibida como una charola llena de frutas esa dama de fotonovela apuñalaba a sus amantes después de un buen polvo y ella era un objeto y yo una niña a la que se le rompió algo por dentro (algo como un montón de alambres) porque no había internet pero tenía primos que olvidaban casualmente su reflejo en la pared que casualmente me dejaban jugar en sus piernas que casualmente siempre perdían en las luchitas y una cosa como extraña como sucia se quedó por siempre conmigo igual que aquella vez en la plaza entonces ya tenía trece y tampoco supe qué hacer rodeada de gente que no hizo nada nadie movió un puto dedo para librarme del hombre drogado y un día tuve quince y el tipo que me seducía cincuenta y a los veintitrés la situación no cambió mucho y a los veintisiete tampoco ahora llevaban placa de policía y camisa muy bien planchada ¿no era mi culpa / pitonisa de demonios? si me hubiese echado a ver televisión en vez de buscar dragones en los pasillos si esa tarde no hubiese querido un libro si no hubiese subido la escalera si no hubiera tenido sed si él hubiera muerto dos décadas antes o si yo hubiera o si yo o si crees acaso que ha sido fácil tú no la viste esa muchacha que habría encantado al pintor más exigente a Durero o a Coubert en una revista barata mirándome a través del tiempo con los ojos más tristes del mundo los más tristes que he visto en una mujer y ella era un objeto y yo una niña con el dedo sangrante

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