Literatura & Psicología

29.4.15

Teoría de la depresión

Para Vale Arias y Antonio Alanís

1.

¿Quién no habría de deprimirse en este país?, con la violencia y la miseria sentados en la silla presidencial, y con la ignominia caminando a nuestro lado vestida de oropel. Pero la depresión del artista es curativa, lo salva de tanta normalidad, de eso que ya todos aceptaron como el statu quo del mundo; la depresión obliga al creador a sanar esa enfermedad de nuestros días y de los días anteriores, y de los días venideros, en los que estar bien significa sentirse satisfecho, en un eterno estado de confort, en una justificación de nuestros actos: "yo no sabía lo que hacía", "no es mi problema", "que lo arregle él, ¿por qué yo?", "eso le pasa por tonto y no chingarse a los demás" y miles de etcéteras.

La depresión le da ojos al artista donde otros, los que ya renunciaron a su alma, solo tienen cortezas duras y frías; así el artista camina lleno de ojos, en la piel, en las manos, en la nuca, en las plantas de los pies, adentro del estómago, ojos que no parpadean, constantemente asombrados, iluminados, agotados de no poder cerrarse.

Entonces, después de miles de noches sin dormir, cuando ya no le alcanzan las lágrimas al cuerpo y brota una viscosidad transparente de cada poro de sus carnes, llega el médico, con su libretita y su lupa, a escudriñar al loco; le da nombre a cada dolencia, a cada vacío, y le da también el remedio, y el médico se vuelve a su orbe, y el loco se sienta en una plaza y contempla a las palomas degolladas del alba y se percata de pronto de que en el rabillo de sus múltiples ojos han crecido flores.
                                                                

2

En mi sueño el cadáver del gato es un ave, reposa entre sábanas blancas junto a mi cuerpo. He sido acusada por los detectives de ser yo la raptora de almas. Camino dentro de esa fotografía donde los niños están de pie sobre una azotea; en una cajita hay una bombilla que al mismo tiempo es la cabeza de una mujer o de una muñeca, el rostro níveo, vidrioso. La noche me envuelve como un palio negro, quiero salir de sus pliegues y arrojarme a la luz como quiso arrojarse aquel pájaro-gato incrustado a la tierra, al ojo del artista.
En mi sueño soy medio humana y asciendo por un elevador hacia un piso del que nadie retorna. 




Imágenes: 1) Retrato de Vale Arias, dramaturgo y actor; 2) Fotografía por Antonio Alanís, artista visual.

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