La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora mexicana Marisol Vera Guerra

20.5.14

Epístola nocturna para el esposo no ausente

"El conjuro (confesiones)" es un proyecto literario a través del cual narro experiencias personales en torno al amor, la maternidad y la cotidianidad.


No sé exactamente por qué escribo esto, mientras tú duermes con nuestra hija en la misma cama que albergó mis noches infantiles.

Se me han abierto emociones como flores empalmadas con recuerdos de apenas hace un día, unos meses, una vida. Tú de pie en la central de autobuses, flaco, barba a medio salir, llorando, con un arete de semillas en la mano intentando besarme mientras la bebé te reconoce, simple, con los ojos limpios.
¿Cuánto dolor nos hace falta?
¿Para qué?
Juraste dedicar cada día de tu existencia a hacerme feliz.
Me abrazas al caer la madrugada cuando tal vez piensas que duermo, me abrazas como si mi cuerpo fuera a evaporarse y quisieras quedarte con el último tremor de mis células, me abrazas y te retraes contra ti mismo igual que un feto.
Y de repente lloro y dices, me destrozas los nervios con tu llanto. 
Me besas y tus caricias duelen, tu boca me estruja como si no supieras besar, como si nunca nadie te hubiera dicho qué cosa es la ternura. Me palmeas el vientre donde boga la mies de nuestro encuentro. Me dices que mi panza abultada es graciosa, que quieres que él se parezca a mí, que tenga mi mirada. 
Te vas de pronto a ese mundo de burbujas negras donde no cabe la razón, donde solamente el sueño te libera de tus obsesiones, donde vuelves a tener diecisiete años y duermes en banquetas, soñándome (tal vez), cogiendo con muchachas fantasmales, hilvanando borracheras. Qué se yo.
Juraste que me harías el amor cada mañana si te abría mi puerta.Que domesticarías a la hiena.Que harías por mí esas cosas triviales que se hacen por una mujer común, porque nunca esperé de ti filosofías ni ecuaciones, sino ternura. Porque siempre lees el mismo poema de Rimbaud como si allí estuviera contenida la existencia, jamás me has citado una línea de sor Juana. Hablas como si supieras todo de Cortázar y pudieras afirmar que no le crees, que no te atrapa, que es un peón más en este absurdo tablero.

Y aquí estoy. 2:33
Aunque hayas tomado la precaución de mostrarme los colmillos. Una cree que esas cosas se dicen por decir. Una cree que sabe, ya, de qué se trata la locura. Una cree que no pasarán los años y nunca estará escribiendo, sin sentido, junto a un gato gris con guantes blancos.
¿Para qué?
Te descubro amándome como un bebé asustado y al siguiente minuto me amas como un león a su presa. Desfilan sombras de mujeres. Dices que eres un maldito loco. Te doy agua, esa pequeña cápsula de realidad, Antonio.
Quieres que te hable de mis amantes, cómo me tocaban, qué me decían cuando la habitación se iba quedando oscura, he olvidado todo, te digo, no sé ya ni sus nombres.
A mi regazo llegan las serpientes a inocular dulzuras.
No me abandones, dices.
La luz de un foco parpadea. Intermitente, así la memoria.Esta condena.
Lo hondo del estómago, donde anidan las tristezas.
¿Puede cicatrizar el vidrio en su caída torpe?
Sigo sin poder gritar eso que duele.
Aunque sea evidente.
Aunque las navajas no tengan filo
Aunque se haya roto la viga de mi techo y ni un hilo se sostenga.
Aunque digas que nunca volverás a extraviarte en el desierto
Aunque prometas emparedar a los demonios.
Aunque cierres el hocico de las putas.
Aunque te ofrezcas de regalo a la desdicha.
Aunque le des puñetazos a la muerte.
Aunque vuelvas a abrazarme, tembloroso, y repitas no era yo, era ese otro que me rapta, que sumerge mis pasos en el fango.
Y entonces el futuro es un barco destrozado contra el cielo.
Y nada puede hacerse, más que reír a carcajadas
y follar.

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