La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora mexicana Marisol Vera Guerra

24.5.14

El conjuro (confesiones) IX

"El conjuro (confesiones)" es un proyecto literario a través del cual narro experiencias personales en torno al amor, la maternidad y la cotidianidad.


Desdémona en el cuarto oscuro


Otelo, ¿fueron tus celos, de veras, los que te hicieron ceñir aquel cuello? O no pudiste sostener la promesa de ser débil. A las mujeres, a veces, nos gusta que el hombre alto, con pelo arriscado y piel tostada, en el fondo sea un gatito. Que, luego de ir a la guerra, venga a echarse en nuestro regazo y nos lama la piel. Todos los hombres van a la guerra –o todos deberían ir–, regresar cargados de oro para nosotras, las esposas, las novias, las madres. Y luego ahorcarnos, por qué no. Toda pasión es una soga alrededor del gaznate.
Las palabras no son más que palabras, no pueden penetrar un corazón roto a través del oído.

*      *

Mi madre tomó el revólver y se puso ante el volante. Condujo en dirección a un destino; pero el destino tenía la puerta cerrada. Esta quimera de ojos verdes jugueteaba con ella antes de devorarla. Es el sentimiento más terrible, le dije, pero yo no sabía nada en realidad. Quién sabe algo cuando no ha sido traicionado. En esto tenías razón, Schopenhauer, cuanto más violento es el amor más violento es el enfado.

*      *


―¿Qué no fue Schopenhauer quien puso nuestra naturaleza fuera del intelecto?
―Ah, todos los filósofos son unos misóginos.
―¿Qué hay de ti, Žižek? No, no, yo odio también al hombre, dirías. De esto se trata, solamente un gran desequilibrio cósmico, ¿no?

*      *

Entonces se derrumba en un segundo ese edificio construido bloque a bloque, a través de dos años, con el pegamento que has llamado futuro. En un instante tienes una certeza, o algo equivalente a la certeza y de pronto sólo el vacío. Entonces el hombre en tu cama es un espectro y, bajo éste, el peso de los días aplasta la cordura.

¿Pero, por qué ha de querer una adueñarse del objeto amoroso? Cuando el hombre ha cedido por completo su lugar a la bestia, y no queda de él ni siquiera una mirada reconocible; cuando te has quedado 90 días con la panza enorme como un balón, retorciéndose en tu entraña el fruto, en una casa donde no entra el aire; cuando una mano ajena le acaricia los cojones al esposo que te ama mientras te masturbas viendo un gang; cuando se desgaja el paraíso y de sus manos vuela un libro que se estrella contra tu rostro.

No hay mayor dolor que acordarse del tiempo feliz en la miseria, ¿verdad, Francisca?

*      *

―Sus pechos pequeños y amorfos cabían en mis manos. Siempre quería que se lo hiciera de pie. Mientras me la estaba jalando me decía que yo elegiría a su esposo. Quería saber de ti. ¿Alguna vez te has acostado con alguien que te da asco?
―Sí, cuando me vendieron.
―¿Qué pensabas?
―No pensaba nada. Maldito cerdo, algo así. Que acabara pronto.
―Entonces me entiendes.
―Yo no entiendo nada.
―¿Acostarte con cinco hombres te haría entenderme?
―No.
―¿Qué te haría sanar?
―Que me lamieras el coño.


*      *


Pero no ibas a escucharme, no pronuncies más su nombre, los nombres llevan energía, no pienses en él, había algo malo en tu bato, ahora que ya pasó la hipnosis del amor, disculpa que me ría, no sé su nombre real, me dijo que era prostituto, dijo que se llamaba Tony Murra, no sé dónde vive, es malo, no deberías estar con alguien tan enfermo, ese tipo no te merece, algo más que un eunuco con pene de plástico, yo no seré ni la primera ni la última, estar sin el hombre que amas es la muerte en vida, no creo que regrese, por qué esa obsesión contigo, no se puede servir a dos amos, quería que yo sólo fuera para él, ¿es definitivo?, no es santo de mi devoción, si la golpea llame a la policía, ya no contestes sus llamadas, te arrastrará al abismo, su caso no amerita albergue, pobrecito, no le digas a nadie a dónde vas, no conozco enfermedad más desmadradora, se está volviendo loco sin ti, a poco de veras querías tanto a este wey, es un chulo, su ilusión eras tú, siempre fuiste tú. 




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