La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora mexicana Marisol Vera Guerra

23.1.14

Pequeña improvisación para Arthur Rimbaud

De profundis domine,
¡cómo soy imbécil!




















Soy tan vieja
amado
tan vieja para estos ojos tuyos    amapolas rabiosas
derramando almíbar
                                 en el vaso preciso de mi ansiedad
lenguajes turbios como el opio
arrebatan mi entraña     ¿qué voy a hacer?
ya las Parcas empiezan
minuciosamente
a cartografiar el día final
y no he escrito ni un buen poema
ni uno solo      soy tan pobre –ni uno solo–   
¿sigo viva?    –grietas en el vientre
coágulos de leche escurriéndome al abdomen–
moscas     perros    la A condensada en su negrura
(tú) la viste emerger desde
los ABCdarios del Infierno
dueño de este siglo y de los siglos venideros
gran fiesta del ultraje:
las putas se toman fotografías pensando en ti
sobre un espejo
          rumiantes
                como vacas –cien mil followers–
y los bufones se quitan el sombrero
olorosos a Buchanan’s      a cigarros baratos
a la sangre que queda de los decapitados en los puentes
–nadie recuerda
                    el rostro de las náyades
ni el canto de las vírgenes o los chacales–    ¡ah! querido
nada pierdes bajo esa sombra gruesa
de los árboles
tu alma no tiene reposo      tu cuerpo no enciende más hogueras
                           tú no sueñas con los muertos
                           los muertos se han marchado
                           los muertos caminan escupiendo arena                  
               los muertos somos los inscritos al silencio
los que hincamos la rodilla chueca sobre el lodo
los que no tenemos voz ni cordura ni deseo ni oblicuidad ni tristeza
                                                    cuchillos anclados al tendón
                          pasajeros de este barco fétido que avanza por un acantilado

                                                    a las cloacas del mundo

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