La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora mexicana Marisol Vera Guerra

6.8.13

Celeste Alba Iris, palabra, Luna y vientre

Publicado en La Razón, Tampico, Tamaulipas, viernes 26 de julio de 2013.


Siempre me ha gustado ver la Luna y, como mujer de puerto, he sido testigo de su poder sobre las mareas. En los tiempos en que Homero escribió la Odisea el astro se hallaba algo más cerca de la Tierra. Ya veo a los navegantes en sus frágiles embarcaciones, ¡con razón imaginaban tantos monstruos marinos! Milenios después la Luna no ha perdido su fuerza evocadora, su envestidura de numen que reina en la oscuridad, que vuelve locos a los hombres y signa los periodos de las mujeres. Celeste Alba Iris retoma su imagen, sus múltiples rostros, para hacer confluir en el espejo su propia mirada y la de otras: Magali, Mireya, Magda, Lupita, Ulalume… también las anónimas, las que han pasado como sombras por el mundo y que, sin embargo, están aquí retratadas.

     “Lunafaz” (ITCA, Col. Nuevo siglo, 2012) es el título que enmarca cinco fases lunares que la pluma de Celeste recorre a través del verso: creciente, llena, menguante, nueva, negra. Una constelación de poemas nacidos mientras era, ella misma, portadora del milagro. Dice Gloria Gómez Guzmán: “Como si fuera algo anormal ser un receptáculo para la vida, esta mujer poeta atraviesa sus nueve lunares meses entre la culpa y el horror. Ve la suerte de otras mujeres, su fertilidad indecisa. Cuestiona su derecho a traer hijos a un mundo cuyo futuro está preñado de amenazas”.

     Cuando, hace más de una década, Celeste asumió por vez primera el don de la maternidad, doblemente fértil –en la palabra y en el vientre– dio a luz una niña y un libro. Sensible, tras esta experiencia reveladora, la mujer se recoge en el silencio: es su tiempo de criar hijas y dejar que reposen las letras. Mira entonces por su ventana el transcurrir de un universo al que ha de regresar años después con las manos cargadas de tinta.

      “La poeta nos muestra sus creaciones –apunta Yamilé Paz Paredes–, no como estereotipos, sino en su complejidad inexplicable, en busca de sentido: la preñada de vida, la estéril, la comadrona, la adicta, la que maldice a su madre y al destino, la inconsciente, la que pare a su hijo en medio de la luz, la que espera anhelante el cese del desove, la esposa del ministro, la prieta que se chinga, la nana, la suicida, la muerta contundente”.

     ¿Qué encontraremos en este libro? Un lenguaje tenso, líneas breves, historias desgajadas entre un poema y otro, voces de mujeres atrapadas por el ojo de la poeta: ésta hallada en la sala de expulsión, aquélla en una nota de prensa, alguna más deshilachando su tristeza en la cocina, todas llevando en hombros el fardo de sus memorias:

Aquí Eva sin paraíso
ladrándole a los transeúntes
Huérfana de viento
Ojerosa de lunas
Atragantada de palabras
–dardos sin su blanco–
Puta en su tinta sin remilgos
Aquí Eva inédita virgen en reestreno

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