La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora mexicana Marisol Vera Guerra

22.5.13

Poesía y maternidad


Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas, jueves 23 de mayo de 2013.

El tema de la maternidad es uno de los más antiguos dentro del arte, desde las representaciones escultóricas de la fertilidad como la Venus de Willendorf y la larga serie de mitos, en todas las culturas, que han tomado forma a través de la música, la danza, las artes plásticas y, finalmente, la literatura.

     Hablar de este tema, por lo tanto, puede parecer un cliché y, hasta donde he visto, a muchos poetas de mi generación (especialmente a las propias mujeres) les resulta completamente ajeno. Ya sabemos que en la vida práctica los bebés y las Letras no suelen ser buenos compañeros. Sin embargo, no dejamos de emerger, aquí y allá, mujeres que decidimos conjuntar estas labores e, incluso, encontrar en esta circunstancia un venero poético.

     Diversos poetas han abordado la maternidad (ya sea experimentada en carne viva o como anhelo o cercanía) en alguna parte de su obra, tal es el caso de Gioconda Belli, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Rosario Castellanos y tantos otros. Y he aquí, precisamente, que hallaremos inagotable el manantial de imágenes que no, no tenemos por qué tocar desde la tradición.

     En “Se habla de Gabriel”, Castellanos rompe con el estereotipo materno de abnegación y estoicismo, al decir con crudeza: “Como todos los huéspedes mi hijo me estorba”. Belli, por su parte, se opone a la idea de que los hijos desgastan el cuerpo femenino; en “Prejuicios sobre la maternidad” leemos: “Cada hijo dejándonos más cerca de la vida / más proclives a la ternura, / la piel más suave y el sexo más acogedor. / Es la falta de pan, de amor, la que desgasta. / No el parto”.

     Pienso en tres escritoras: la italiana, Alda Merini (1931-2009); la estadounidense Sylvia Plath (1932-1963) y la venezolana María Auxiliadora Álvarez (1956); una parte significativa de su poesía tiene como eje central la maternidad; la obra de estas poetas colinda entre sí por su tono confesional y la intensidad de la vivencia narrada, aspectos con los cuales identifico mi propia obra poética.

     Merini recurre al mito, a los arquetipos y resonancias ancestrales:

Oh nunca la luna gritó tanto
contra las humilladas estrellas,
y nunca gritaron tanto mis entrañas
ni el Señor volvió nunca su rostro
como en aquel preciso instante
al ver mi virginidad de madre
ofendida en un ultraje.

     Plath, desgarradora, escribe un poco antes de meter la cabeza al horno:

Hemos llegado hasta aquí, es el fin.
Dos bebés muertos hechos ovillo, serpientes blancas,
Cada uno prendido a un pellejo
De leche, ya vacío.
Ella los ha replegado
Hacia su cuerpo como pétalos
De una rosa que se cierra cuando el jardín
Se endurece y las fragancias sangran.


     Álvarez eleva su voz con una fuerza arrolladora, para contarnos su experiencia:

usted nunca ha parido
 no conoce
el filo de los machetes
no ha sentido
las culebras de río
nunca ha bailado
en un charco de sangre querida
doctor
no meta la mano tan adentro
que ahí tengo los machetes
que tengo una niña dormida
y usted nunca ha pasado
una noche en la culebra
usted no conoce el río.

     A pesar de la antigüedad y reiteración del tema en las artes, considero que se vuelve necesaria una revaloración de sus símbolos a la luz de la posmodernidad. No sólo la imagen de la madre estoica o feliz de cumplir su destino; también el dolor, el desgaste, la duda, el destierro… mucho aún nos queda por decir sobre la maternidad, e ir más allá de sus tabús, a través de la poesía, ¿no lo crees?     

    

Imágenes en orden de aparición: Alda Merini, Sylvia Plath, María Auxiliadora Álvarez.

2 comentarios:

  1. "(...) considero que se vuelve necesaria una revaloración de sus símbolos a la luz de la posmodernidad": sin lugar a la menor duda, una Hermosa Necesaria y Luminosa `posibilidad de certidumbre´, para afrontar las dolorosas circunstancias del mundo después del siglo XX. (Timbalaye)

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    1. Querido, gracias por tu lectura y tu certidumbre. Te abrazo.

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