La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora mexicana Marisol Vera Guerra

1.12.12

En el país de las maravillas

Publicado en a Razón. Tampico, Tamaulipas, miércoles 28 de noviembre de 2012.


Ya sé que suena increíble, pero de niña nunca vi las versiones de los cuentos clásicos infantiles animados por Disney, esto es casi como haber crecido al margen de lo que es ser niño en nuestra sociedad. La única película de este género que recuerdo haber visto es “Alicia en el país de las maravillas”, que se estrenó en 1951, aunque yo, claro, la vi en los ochenta. Fue, por cierto, el decimocuarto título de su canon de largometrajes.
     Este ha sido siempre uno de mis cuentos favoritos, sus imágenes me persiguen y, de hecho, no pocas veces he usado los diálogos de Alicia con el sombrerero loco o con el gato de Cheshire como epígrafes de mis poemas o ensayos.



Alice in wonderland, Disney

     Buscando en youtube otras versiones de dicha historia me encontré con una película surrealista (decir esto es, ya, redundante, pues que más surrealista que el cuento de Lewis Carroll) del realizador de cine de animación checo Jan Svankmajer. Ésta es una mezcla de animación tridimensional o stop-motion con imágenes reales, estrenada en 1988. Debo decirlo, me recordó mis “mejores” pesadillas.
     El director de cine Milos Forman definió el trabajo de Jan Svankmajer como la suma de Disney más Buñuel. Una joya, pues.
     “Alice” es interpretada por una pequeña niña que persigue a un conejo blanco, embalsamado; el sombrerero loco y la liebre de marzo son marionetas; la Reina de corazones, el rey y su séquito de naipes son, en efecto, naipes reales animados cuadro por cuadro. Repetidamente Alice que convierte en una muñeca en medio de atmósferas (aunque esté trillada la palabra, no encuentro otra que lo defina) alucinantes.
     Transcribo algunos comentarios del artista respecto de sus animaciones: “Los objetos de la vida cotidiana están esclavizados por completo por esta civilización pragmática, privada de la esencia mágica y desclasizada hasta funciones meramente utilitarias. Eso lo provoca por un lado el declive generalizado de la civilización, pero también la pérdida de fuerza espiritual y la discontinuidad de la tradición esotérica, y por otro la pérdida de la dimensión táctil de los objetos (...) Los objetos que no están vivos son precisamente los que están fabricados por máquinas. En contraste, los objetos vivos son los que crea la gente, los que tienen una impronta emocional: objetos en los que la gente ha dejado un rastro de sus sentimientos, ansiedades y alegrías (…) Yo colecciono esos objetos vivos, me rodeo de ellos, los toco, les escucho y, por encima de todo, les atribuyo los papeles más importantes de mis películas. Es decir, construyo objetos “libres”.



Alice, Svankmajer

     Seguramente la historia contada por Carroll seguirá dando tela para cortar durante mucho tiempo. Mientras, seguiré buscando versiones alternas de los cuentos clásicos. 
     De niña tenía el prejuicio de que Disney era cursi, y como prefería el cine de terror y de humor negro, pocas veces me acerqué a sus creaciones; las películas de mi infancia fueron otras. Sin embargo, ahora que soy madre y me he acercado a estos clásicos a través de mi hijo, veo que era cierto lo que me contaban, que son magistrales; sus escenas van de la dulzura al escalofrío.
     Lo confieso, hace dos días, cuando vi por primera vez “La cenicienta” con mi hijo, me sentí tan conmovida como una chiquilla.


1 comentario:

  1. No se porque pero nunca me gusto este cuento y peor algunas peliculas.Mas me gusta Pinocho.

    Un abrazo

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