La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora mexicana Marisol Vera Guerra

28.12.11

Inventario de los días absurdos

Publicado en La Razón. Tampico, Tamaulipas. Miércoles 28 de diciembre de 2011.

Este año ha sido uno de los más extraños, absurdos, inquietantes, oscuros y, paradójicamente, extraordinarios que he tenido.

Para mí, 2011 se inauguró con la noticia de la muerte de la poeta Susana Chávez, asesinada el 6 de enero en Ciudad Juárez por tres jovencitos que son, a la vez, víctimas de este sistema donde reina una cultura de la violencia y se da licencia para el crimen.

El 29 de ese mismo mes –mientras me dirigía con mi hijo al evento de apertura de actividades artísticas del Ayuntamiento de Tampico– me asaltaron, y en el “jugoso” botín que se llevó el ladrón iba mi credencial de elector. Yo, que desde los dieciocho años he sido una ciudadana cuidadosa de mantenerme actualizada en el padrón electoral, de pronto me quedé en el limbo. Mi única identificación, aparte de ésta, es mi cédula profesional, que deja de ser válida para el IFE una vez cumplido el lustro.

Pronto me di cuenta del auténtico desastre: lo que el asaltante se había llevado, más que los tristes pesos en mi monedero, era un trozo de mi existencia. Desde ese día, para todos los trámites legales que tuve que hacer, desde cobrar un depósito en alguna institución, hasta abordar un avión, se convirtieron en agentes de estrés por la dificultad de comprobar que yo era yo.

Al fin hice un espacio para presentarme al módulo del IFE. Pero necesitaba una identificación para renovar mi única identificación –me sentí como el personaje de un cuento de Borges, donde todo se vuelve cíclico y repetitivo.

La sucesión de acontecimientos desafortunados no terminaba allí. A principios de abril, el taxi donde viajaba con mi hijo, mientras me dirigía a mi trabajo, quedó atrapado en un embotellamiento. Se había detenido exactamente sobre las vías del tren –por el Kilómetro veinte de la carretera Tampico-Mante– y, de manera inesperada, repuntó una locomotora que, al no traer vagones, venía a mayor velocidad de la común. El taxista salió bien librado –por el carril en sentido contrario–, y yo me quedé con la sensación de ser la versión moderna de Ana Karenina, aunque sin un esposo a quien serle infiel.

Entre minucias que es tedioso relatar, prácticamente cualquier cosa que hiciera parecía salirme de la peor manera.

Por ahí de octubre, mientras acompañaba a mi cuñada al banco me tocó estar a punto de un choque: una camionetita vendría a estrellarse del lado del copiloto donde, ¡qué casualidad!, iba yo sentada. Al día siguiente una balacera –otra vez por el kilómetro veinte– me impidió llegar a mi trabajo.

Como broche de oro de la fatalidad, el 23 de diciembre, cuando me disponía a salir de viaje para visitar a mi familia que vive en Tantoyuca, Veracruz, veo en un periódico en línea que han atracado un par de autobuses en un tramo de la carretera muy cercano al lugar de mi destino. Se habla de 40 muertos –o más. La psicosis invade al “espíritu navideño” y la familia decide que es mejor quedarse cada quien en su casa.

Al hacer mi inventario descubro que, en medio del caos (y a pesar de todos los días absurdos), 2011 me deja un saldo positivo: cumplí 33 años, conocí a quien es ahora mi esposo, me reencontré con mi mejor amiga de la universidad a quien no había visto en una década y, el día que escribo esta columna, mi hijo cumple cuatro años. Lo veo sonreír frente a mí y pienso, solamente, en el año que se aproxima: sus días sin usar, listos para escribir una nueva historia.



1 comentario:

  1. Leyendo todos estos sucesos pareces una de las protagonistas de la saga "Destino final", burlando siempre a la de negro... Lo bueno es que superaste el 2011. ¡Ánimo!
    Y es curioso que en un país que debería ser de los más avanzados del continente americano, la violencia y el miedo lo empobrezcan todo.
    Se sigue ahí como hace dos siglos, cuando se asaltaban diligencias (ahora son autobuses).
    Refugiémonos en la poesía hasta que alguien limpie a fondo...
    Yo aparqué por un día los textos tristes y comencé el año con algo de magia jaja. Si visitas mi espacio sabrás a qué me refiero...
    Buen 2012
    José

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