La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora mexicana Marisol Vera Guerra

10.7.09

Gracias, Bukowski

Ahora lo sé. Hay lugar para la escritura con el vientre mutilado y un tubo traspasando el cuerpo como un relámpago a una vieja máquina. Una calurosa y apretada estancia donde las hormigas expanden sus dominios con el tesón de los más grandes ejércitos. Una estufa condominio de ratones a la que hay que mantener ardiendo como un altar sagrado. Un heraldo de la Muerte que me arrebata la luz cada vez que su volátil aviso se extravía en alguna calle polvorienta. Los puntuales vendedores de raspas, trolelotes, donas, atalayas, guías para la vida, pizzas, fichas de inscripcion a la Realidad, que golpean mi puerta a la hora exacta en que mi hijo duerme. El creativo casero que inventa nuevos recargos para los inquilinos que deben más de dos meses de renta. El agua que llega cuando quiere y sube cuando puede por la carcomida tubería del edificio. Una rata gorda contorsionista, de ojos amarillentos, que se cuela en las madrugadas por el fétido agujero de un muro metálico.

Hoy no estoy en el Puerto. Llueve. Un aguacero como no veía desde hace años. Un grupo de muchachos arroja sus carcajadas al cristal de la ventana. Intento escribir más de tres líneas seguidas. Decir algo.
Mi hijo duerme. Y en su lenta respiración encuentro sosiego.
Creo que voy a correr un poco las persianas.

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